Excursión a Letur

Excursión a Letur (primera parte)

Después de la bonita experiencia que tuvimos en Elche de la Sierra, y dado que a Edu le gusta mucho correr por montaña y llevábamos mucho tiempo queriendo perdernos por la sierra del Segura y sus casas rurales, decidimos volver en marzo a otra casa rural y Edu participó en otra de las carreras del Desafíos Trail Sierra del Segura.

Esta vez nuestro destino fue Letur, un pueblecito con muchísimo encanto.

Llegamos al atardecer, por una carretera llena de almendros, melocotoneros y albaricoqueros en flor, todo un deleite para la vista. Una vez en Letur y para llegar a nuestro alojamiento, Agroturismo la Artezuela, tuvimos que ir por una carretera “rara, rara, rara, que parece que vas al fin del mundo” como nos la describió una lugareña. Resultó ser rara, pero bien bonita: hasta con un mirador y una cascada pequeña.

Como siempre que llego a un sitio nuevo, me parece todo muy fotografiable, pero es que este sitio ¡era más fotografiable aún! La casa donde nos alojamos tenía en el salón dos ventanas que lo inundaban con una luz preciosa en cualquier momento del día. 

Estamos acostumbradas a las vistas desde la ciudad y mirar por estas ventanas era un lujo: todo naturaleza hasta donde llegaba la vista. 

En nuestro salón había una chimenea, que una vez encendida, calentaba todo nuestro apartamento. Como fuera hacía frío, era una maravilla volver al apartamento y poder sentarnos junto a la chimenea para entrar en calor, cuidar del fuego (a Emma le gustó mucho participar en encenderlo y ver cómo se iban consumiendo los troncos) y leer cuentos. 

En Agroturismo la Artezuela no solo tienen alojamiento, sino que también tienen animales. Silvia, la propietaria, es encantadora y nos hizo una visita guiada por la granja mientras les daba de comer a las cabras y los caballos. 

Nos estuvo explicando que la leche que daban las cabras la llevaban a la fábrica de El Cantero de Letur, que elabora productos lácteos ecológicos. Nosotros llevamos tiempo consumiendo yogures de esta marca y a Emma le gustó saber que parte de la leche para hacerlos proviene de estas cabras. 

Silvia nos estuvo contando que la mayoría de las cabras que tenía tenían cuernos, porque formaba parte de la conciencia ecológica (a las cabras que no son criadas de esta forma se les queman de pequeñas), se les daban alimentos naturales para comer (como ramas, brócoli, grano) y se respetaban sus tiempos de reproducción y descanso. Y Silvia también las saca a pasear siempre que puede y cuando el tiempo lo permite. 

Pudimos pasar al recinto donde estaban las cabras y ¡les gustaba mordisquear nuestra ropa! 

A los caballos también les estuvimos dando de comer. 

Una de las veces que llovía, nos enfundamos en nuestros chubasqueros y nos fuimos a ver los animales. 

También había muchísimos gatos que se dejaban acariciar y a Ana le encantan, así que se sentía muy feliz rodeada de ellos. 

Y, como colofón a la diversión del lugar, había una hamaca-columpio en la que estuvieron disfrutando las dos juntas. 

Letur me sorprendió muy gratamente: es un pueblo precioso, con cascadas y riachuelos por muchos sitios. Pero esto te lo contaré y te lo enseñaré en el próximo artículo que escriba 😉

¡Un abrazo y gracias por acompañarme!

Marta

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