34 años buscando, ¡y por fin te encontré!

34 años buscando, ¡y por fin te encontré!

Me recuerdo probando varias actividades: tenis, baloncesto, tocar la guitarra, ajedrez, aerobic, correr, pádel… Yo sé que llevaba toda la vida buscando encontrar mi hueco, algo en lo que yo me sintiera bien y con lo que me sintiera brillar por dentro. 

De pequeña mis padres me dijeron que no me apuntaban a ballet (sobre todo por el trabajazo que suponía preparar todos los trajes con los que salían en los festivales de las academias), pero yo ya sentía que el baile me removía. Cuando veía algo de ballet, gimnasia rítmica, patinaje artístico o natación sincronizada en la tele, no había quien me despegara. Ya de más mayor empecé a ver esos concursos de EEUU en los que grupos de jóvenes bailaban coreografías perfectamente sincronizadas y me quedaba embobada y pensando: qué pena que yo no haya podido hacer esto, me habría encantado. 

El primer acercamiento

Mi primer acercamiento al baile llegó en Murcia, cuando asistí a unas pocas clases de danza del vientre que me gustaron tanto que, al llegar a trabajar a Heidelberg, Alemania, me apunté a esta disciplina. Durante todo un curso estuve aprendiendo y hasta participé en el festival de fin de curso, tanto de forma individual como grupal. Ese año también bailé con una amiga en un acto de la universidad. Nos invitaron para bailar sevillanas, que yo aprendí con ella a toda prisa.

Yo en la actuación de danza del vientre en 2007

La llama se encendió

Esas dos experiencias en el escenario me hicieron saber que todas las células de mi cuerpo necesitaban seguir viviendo el baile. Pero, al volver a Murcia, me costó encontrar un sitio donde seguir. Primero tenía un trabajo que me dejaba muy poco tiempo libre, luego me apunté a danza del vientre y las clases se cancelaron porque la profesora se mudaba, después bailé tango con Edu y las clases se volvieron a cancelar por poca asistencia, también asistí a clases de baile moderno, pero fui yo la que las dejé después de 2 años porque había demasiada charla, poco baile y, en los festivales de fin de curso, me gasté bastante más dinero del que a mí me habría gustado, así que terminé dejándolo.

Parones por maternidad

Me quedé embarazada de Emma en 2012 y empezó mi gran parón de baile y de deporte. Hasta que gracias al aborto de Sara (puedes leer la historia aquí) en 2015, lo retomé: me apunté al gimnasio, hice varias cosas y, cuando me quedé embarazada de Ana, entonces practiqué zumba hasta mis 6 meses de embarazo y aquazumba y fitness acuático después hasta 8 h antes de ponerme de parto. Estoy convencida de que haberme mantenido tan en forma durante el embarazo me ayudó muchísimo en el parto, que viví de forma muy positiva y disfruté.

Crecer gracias al baile

Así que el 7 de junio de 2016 empezó otro parón hasta que, en septiembre de 2018 retomé el baile porque todas las células de mi cuerpo me pedían bailar. Una buena amiga me habló de Murcia Dance Center y allí que fui a empezar clases de Dancehall. ¿Por qué ese estilo? Porque era el que mejor me venía por horario. Y, afortunadamente caí en un estilo musical que me encanta, que tiene mucha historia detrás (otro día os la cuento) y con una profesora maravillosa: Meri. 

Menudo subidón verme en una clase con jóvenes que bailaban TAN bien. De repente estaba en un grupo en el que podía hacer eso que yo veía en la tele (a mi nivel, claro) y que yo había pensado que no iba a poder hacerlo en la vida. 

Y aunque esté entusiasmada por haber encontrado este tipo de baile, fue (y es) un aprendizaje brutal para mí: estoy acostumbrada a que, en general, el deporte se me dé bien y que mi progreso sea notable en poco tiempo. Sin embargo con Dancehall no fue así, me costaba seguir el ritmo y me olvidaba de las rutinas o coreografías que habíamos hecho nada más salir por la puerta de la clase. Además veía lo bien que lo hacían los demás y a mí me daba algo de vergüenza (por mucho que sepa que cada uno tiene su proceso y que no debo compararme), pero no desistí y seguía esforzándome en cada clase. 

Mi profesora Meri, fotos hechas por mí

Recuerdo que un día Meri me llamó por mi nombre y yo me sorprendí porque nunca se lo había dicho a nadie de la clase. Me di cuenta de que no estaba pasando desapercibida a pesar de que yo me sentía un bulto torpe. Y otro día, cuando me presté voluntaria para repetir una coreo delante de la clase, hasta me animó. Y eso significó mucho para mí porque, a pesar de no llegar ni de lejos al nivel de los demás y de doblarles la edad a casi todos, me trató como una más. Me sentí muy bien y me dio alas para seguir confiando en mí y seguir trabajando

Ese año no participé en el festival: para sentirme segura encima del escenario habría tenido que ensayar muchas más horas de las que yo creía que tenía disponibles, así que preferí no agobiarme.

Nueva etapa en Same Wave Studio

Y el siguiente año, en septiembre de 2019, Meri abrió su propia academia de baile: Same Wave Studio, donde me sentí muy arropada, me sentí parte de un grupo, noté que había evolucionado y estaba dispuesta a vencer mi miedo a salir en el festival, pero llegó el coronavirus y ese nuevo hito tendrá que esperar. 

En Same Wave Studio he seguido en las clases de Dancehall con Meri, que han seguido siendo maravillosas por cómo es ella, cómo explica, cómo anima y cómo transmite; y he probado Comercial con Mari, otro estilo que me encanta, aunque estoy todavía en la fase de “no llego, no llego, no llego”. También he bailado algún taller con Adrián, otro de los profesores de la academia, al que le digo que ojalá me cuadre pronto poder asistir regularmente a sus clases porque tiene una forma de bailar y de explicar que me transmiten muchísimo. 

Esta ha sido hasta ahora la historia del baile en mi vida. Estoy deseando retomar las clases, son un ejercicio de superación personal tan importante para mí a nivel mental y físico que estoy totalmente enganchada.

Adrián y Meri, verles bailar juntos es un verdadero placer

Si me lo permites, una sugerencia para ti

Y como conclusión me gustaría compartir contigo que creo que todos tenemos un deporte que nos hace vibrar y brillar. Recuerdo a mi hermana probando muchísimas cosas y llegando a la conclusión de que a ella no le gustaba el deporte. Sin embargo, cuando llegó a la universidad y se abrieron más posibilidades para ella, probó aikido y se quedó prendada. Y ahora viviendo en Alemania está entusiasmada con el yoga. 

Así que te animo a que, si no has encontrado aún tu deporte, lo busques porque lo que vas a sentir por dentro de tu cuerpo, merece la pena.

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marta-ahijado