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Blog Marta Ahijado

¿Qué espero de ti en las sesiones de fotos?

¿Qué espero de ti en las sesiones de fotos?

Llegas al punto de encuentro, me ves y te tensas. Claro, no me conoces apenas y voy a hacerte fotos. Por supuesto no eres modelo y lo de posar, me dices, no se te da bien. Eso ya me lo imagino yo, de hecho, no pretendo que lo hagas porque ya sé que no eres / sois modelos. Y para que, ya antes de la sesión puedas quitarte algunos nervios, voy a decirte qué espero de ti / vosotr@s cuando vaya a haceros fotos 🙂

Fotografía de una familia compuesta por mamá, papá, una hija, dos hijos y un perro. Es una fotografía hecha al atardecer con un fondo de plantas verdes. Mamá y papá están en la parte de detrás mirando a sus hijos. La niña está a la izquierda de la imagen delante de su mamá y con el perro en brazos. Y los dos niños están también delante de mamá y papá. El niño que está en medio mira a su hermana, quien también le mira a él. Y el niño que está a la derecha mira hacia su mamá.

Deseo que interactúes con tu familia

¿A quién te gustaría más mirar, a mi cámara, negra y sin vida, o a tu familia, tan bell@s y radiantes todos ell@s? ¡¡Obviamente a ell@s!!

Es algo instintivo, cuando miras a tus hij@s y/o a tu pareja, la risa sale sola, el brillo en los ojos también. Sois una familia, la habéis construido pasito a pasito y estás orgullosa de ella. Habéis sorteado un montón de dificultades y ahora estáis aquí, felicitaos por haberlo conseguido. Piensa en que tu sesión de fotos es un homenaje a vosotr@s, a todo vuestro trabajo como familia.

Fotografía de una mamá con su bebé de más o menos 1 año. Lo tiene en brazos, bien cogido. El brazo izquierdo lo pasa por debajo de su culete y con el derecho le atrae hacia sí. El bebé está arrebujado hacia ella y con su nariz cerca del hombro. Mamá está mirando hacia su bebé y, de tan pegada que está a su cara, la nariz la tiene algo arrugada.

Juntaos todo lo que podáis

Me gusta que haya contacto entre vosotr@s. Si estáis de pie, no quiero que haya hueco entre vuestros cuerpos. Si os sentáis, os pediré que juntéis los culos l@s adult@s y que l@s peques se peguen a vosotr@s.

También os suelo pedir que os abracéis, que os cojáis de la mano... siempre estoy buscando el contacto entre vosotros porque os relajáis y se crea mucha más conexión entre vosotr@s.

Fotografía de un niño sacando la lengua divertido. Es en primer plano y se ve que está en una zona verde al atardecer

Jugad entre vosotr@s

El juego es siempre siempre siempre bienvenido. De hecho, soy la primera que hace carreras con l@s peques para soltar el cuerpo e ir cogiendo confianza. Quiero que l@s peques sepan que soy de su equipo, que está permitido moverse, correr y hasta sacar la lengua en las fotos. ¡¡Nos da tiempo a todo!!

Me encantará que cojas a tus peques en brazos, que los lances al aire, que juguéis al pillar, que hagáis el corro de la patata, ¡¡lo que sea!! ¿Jugáis habitualmente a algo? ¡Hacedlo! Son los mejores momentos cuando os permitís ser vosotr@s mism@s y parece que yo ni existo.

Fotografía de una familia tumbada sobre un campo marrón. Los padres están tumbados boca arriba y se miran. El hijo está tumbado boca abajo encima de su papá y la niña está sentada encima de la barriga de su mamá.

¿Quieres alguna foto en especial?

Si me sigues en Instagram, te pido que te guardes aquellas fotos que veas que yo he hecho y que a ti te gustaría tener con tu familia. No des por hecho que hago todas las "poses" con todas las familias porque me adapto a lo que voy viendo, hay familias más movidas y familias más tranquilas, también depende de la sesión que contratéis si más larga o más corta, así que si tienes guardada alguna foto que te guste, dímelo cuanto antes 🙂

Imagen de una familia corriendo al atardecer en la Fuensanta de Murcia. Están los cuatro cogidos de las manos. A la izquierda de la imagen papá, luego la niña vestida de primera comunión, luego el niño y por fin la mamá. Todos se miran entre ellos, están cogidos de las manos y se ríen.

Si estás incómod@, dímelo

A veces he pedido a una familia que se sentara y alguien me ha dicho que no le apetecía o que, debido a alguna operación, sentarse en el suelo era muy complicado. Gracias por decírmelo. Nunca pretendo que estéis incómod@s, lo primero por sentido común: si pretendo que tengáis una buena experiencia durante la sesión de fotos, necesito que os sintáis bien, y lo segundo porque si alguien está incómod@, se nota en las fotos.

Y al contrario, si estás embarazada y yo no te pido ni que corras ni que te sientes porque pienso que igual no puedes, pero tú te sientes fenomenal y te apetece trepar al árbol, ¡¡adelante!! ¡¡Me encantará fotografiarte!!

Espero que después de haber leído todo esto te sientas más tranquila. Y no es que esto sea una lección que tienes que estudiar, ¡ni mucho menos!, seré yo quien os guíe y os vaya recordando lo que espero de vosotr@s, pero ahora que has leído todo esto ya sabes que tenéis mi permiso para ser vosotr@s mism@s.

Cuéntame cómo te sientes después de haber leído este artículo y cuál de todas las fotos que publico aquí te gustaría tener con tu familia 😉

¡Un abrazo y hasta la próxima!

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Entre bambalinas

Entre bambalinas

Si te apetece hacerte un reportaje de fotos, seguro que has estado mirando precios. Sí, yo los tengo públicos en mi web porque me apetece ser transparente (¿no lo sabías? está todo en la sección de sesiones fotográficas). Es posible que te hayas preguntado cómo puede ser que un reportaje valga “tanto” si es un ratito corto el que el profesional está contigo y tu familia. Y es que es cierto, el tiempo físico que compartimos familias y fotógrafo (fotógrafa en mi caso) es relativamente corto, conmigo a lo sumo será una hora y media desde que quedamos hasta que nos despedimos. 

Comprendo que, visto así, pueda parecer mucho lo que cobro por una sesión de fotos. O quizás te parece poco, también puede ser, porque los comparas con otro/a fotógrafo/a. Sea como sea, lo que me apetece es contarte qué gastos tengo yo para mantener este proyecto a flote y que quizás ni te habías planteado que existían.

Dominio web

El dominio es lo que tú escribes en tu buscador para acceder a mi sitio. Como sabes, el mío es www.martaahijado.com pero también tengo comprado martaahijado.es porque no me apetecería encontrarme con que llegara otra fotógrafa que también se llame Marta Ahijado y se haga su sitio web con ese otro dominio. Cada dominio tiene un coste de unos 16 euros anuales.

Alojamiento web

Este es el espacio que necesito para almacenar los archivos de mi página web de modo que estén accesibles todos los días y a todas horas. Y la empresa que me da el servicio de este alojamiento es Siteground, que me cuesta unos 100 euros al año.

Cuota de autónomos

Seguro que este gasto sí te suena. Yo aún estoy con tarifa reducida, así que ahora mismo estoy pagando unos 150 euros mensuales, pero en breve este gasto será casi el doble.

Seguro de responsabilidad civil

Creo que ya sabes que yo no tengo estudio, así que trabajo en exteriores o en tu propio domicilio. Cuando me abrís las puertas de vuestra propia casa para haceros fotos, me siento muy honrada y a la vez soy consciente de la responsabilidad que tengo. Es tu casa y la trato mejor que si fuera la mía, en el sentido de que me preocupo por no estropear ni romper nada, obviamente. Sin embargo, bien sabemos todos/as que los accidentes a veces ocurren y, para esos casos, he contratado este seguro de responsabilidad civil, para que, si se da el caso de que yo causo algún daño estando en tu hogar, tú recibirás una compensación por ello. 

Este gasto asciende a 133 euros al año. 

Gestoría

Soy una persona con interés en aprender muchas cosas, pero si hay algo donde no me la quiero jugar es con los impuestos, así que esta parte la tengo totalmente delegada en una gestoría, a quien mando las facturas trimestralmente y ellos, aparte del IVA que tengo que pagar y de resolverme las dudas, me pasan una cómoda factura trimestral de 150 euros (digo cómoda porque a mí me da mucha tranquilidad pagar esto y saber que estoy bien cubierta legalmente).

Programa de gestión

Si ya has trabajado conmigo, sabes que uso un programa específico para pasarte el contrato y las fotos. Me parece un programa muy sencillo y práctico, tanto para mí como para ti. Creo que es uno de los más completos que se ofrece en España, de hecho puede ser que sea el único porque yo no encontré ninguno igual. Y también tiene un coste, claro, de unos 150 euros al año. Podría usar alguno más barato, pero la funcionalidad que Uphlow me ofrece de mandarte el contrato y que lo puedas firmar desde el móvil me parece fundamental y no he encontrado ningún otro que la tenga. 

Combustible

Pues eso, que para llegar a algunos sitios tengo que llenar el depósito del coche. Si la sesión es en los 15 km a la redonda desde el centro de Murcia, los gastos de desplazamiento corren de mi cuenta, si son más, sí que cobro a la familia el desplazamiento.

Actualización de tarjetas de almacenamiento o discos duros

Yo tengo una cámara que me permite tener dos tarjetas SD en las que grabo exactamente lo mismo, es decir, que si durante una sesión de fotos o a la hora de pasar las fotos al ordenador falla una de las tarjetas, tengo la otra con la misma información, por lo que las posibilidades de que se me pierdan las fotos que he hecho a tu familia son escasas. 

Y discos duros donde guardo toda la información tengo tres, dos de ellos actualizados muy habitualmente y un tercero con bastante menor frecuencia. 

El caso es que hay que mantener este sistema y, de vez en cuando, se agota el espacio que hay en los discos duros o se rompe alguna de las tarjetas. Este año, de hecho, he tenido que reponer dos tarjetas SD (a casi 20 euros cada una) y voy a tener que invertir en un nuevo disco duro o sistema de almacenamiento porque uno de los que tengo está llegando a la parte donde me avisa que queda poco. Eso significará unos 100/150 euros para un disco de 4TB. 

Otros gastos

Aquí no he incluido gastos básicos como electricidad, agua, internet… porque me sería muy difícil calcular la parte que corresponde a mi trabajo y la parte que es de mi casa, pero también son gastos que suman. 

A veces cuento con profesionales externos: algún diseñador gráfico para actualizar alguna parte de mi web, este año he invertido en dos abogados que me han redactado los contratos que firmo con las familias y toda la sección legal necesaria de mi página web (y que ascendió a unos 700 euros entre los dos), o invierto en formación tanto personal como profesional, muy necesaria siempre, también es necesaria una limpieza habitual de cámara y objetivos en un servicio técnico, etc. 

En fin, que de la mano de todos los gastos fijos, siempre hay gastos eventuales que debo ir cubriendo.

Y... mi sueldo

Porque no podemos olvidar que esto es mi trabajo y de esto vivo yo. Que además del tiempo que paso físicamente con cada familia, también está el tiempo de antes de establecer contacto con cada familia, enviarles el contrato, verificar que tengo todo listo para la sesión (tarjetas con espacio, baterías cargadas, gel hidroalcohólico en la mochila...), luego viene la parte de selección, edición y envío de fotografías a las familias; además de toda la gestión de redes sociales y este blog para seguir dando a conocer mi trabajo.

Y claro, no solo debo pagar los gastos derivados de todo este tinglado, sino que también debo cobrar un sueldo que me permita pagar mi casa, mi comida, mis facturas personales, mi baile y bueno, ya sabes, todo lo que cada uno quiera / pueda pagar con su sueldo. Si te digo la verdad, todavía no tengo sueldo establecido porque los ingresos están siendo irregulares, pero eso no quiere decir que no tenga en mi cabeza ya cifras establecidas y objetivos concretos.

Habrá otros/as fotógrafos/as que también tengan gastos por tener un estudio, por tener algún programa informático de revelado de fotos, por almacenamiento en la nube, por trabajadores a su cargo… Cada situación particular es distinta, por eso, en muchas ocasiones, los precios varían tanto de un/a fotógrafo/a a otro/a. Yo he querido contarte mi caso particular para que veas todo lo que hay detrás. 

 

¿Qué te ha parecido? ¿Contabas con que había todos estos gastos detrás de un servicio como el mío?

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Trucos para dar una imagen profesional en tus videollamadas

Trucos para dar una imagen profesional en tus videollamadas

Desde que el coronavirus irrumpió en nuestras vidas, muchísimos de nuestros hábitos han cambiado. Uno de ellos son las videollamadas, es probable que antes solo las hicieras con amigos o familiares y, desde marzo, te hayas visto obligada a también realizarlas por trabajo. Y reconozcamos que no siempre es fácil transmitir una imagen “profesional” en medio del caos de tu casa con los niños y las niñas por medio o incluso, ¡tu pareja desnuda saliendo del baño! Seguro que tú también has visto u oído alguna anécdota parecida. Así que para ponértelo un poquito más fácil, voy a darte unos cuantos consejos para que tu apariencia, a partir de ahora, sea profesional en el espacio delimitado en la cámara y puedas centrarte al 100% en tu videollamada. Ya que, al fin y al cabo, prepararse para una videollamada guarda muchísimo parecido con realizar una toma fotográfica.

Busca la luz adecuada

Para una videollamada lo ideal es recibir la luz de forma frontal, es decir, que la fuente de luz esté en frente de ti. De este modo, iluminará tu cara por completo y te ayudará a transmitir una sensación de serenidad y calma. Si es luz natural, como de una ventana, mucho mejor. 

Pon atención a que la luz sea indirecta, es decir, que no te dé el sol directo en los ojos ya que los guiñarás y/o te creará sombras en los ojos que no quedan bien.

Y algo muy importante es también asegurarte de que no tengas ninguna lámpara ni fuente de luz situada por detrás de ti ya que podrías quedarte a contraluz apareciendo muy oscura.

Sitúa la cámara por encima del nivel de tus ojos

Aquí probablemente tengas que tirar de imaginación para conseguirlo. Te recomiendo que busques un sitio cómodo donde sentarte y que te permita tener la espalda recta para poder llevar a cabo la videollamada. Al tener la cámara por encima del nivel de tus ojos, conseguirás tenerlos más abiertos y evitar que se te forme la papada que se te formaría si te colocas la cámara por debajo de los ojos. 

¿Cómo puedes conseguir esto si realizas la videollamada desde el portátil o el móvil? Creándole un buen soporte con mesas, sillas, libros o lo que se te ocurra y tengas a tu alcance. 

Quizás también puede valer que te sientes en el suelo y pongas el portátil o móvil sobre una silla.

Cuida el fondo

Antes de iniciar la videollamada comprueba qué se verá por detrás de ti: ¿hay posibilidad de que aparezca algún miembro de tu familia que no quieres que aparezca? ¿tienes alguna caja de Amazon o ropa pendiente de guardar que no quieres que salga? ¿tiene tu hijo/a los juguetes desperdigados? ¡Aún estás a tiempo de solucionarlo! Te doy algunas ideas: 

- la más obvia es retirar todo aquello que no quieras que aparezca

- puedes cerrar la puerta de la habitación donde estés y colocar algún cartel informando de que estás “ON AIR”

- puedes crearte un fondo con alguna manta o sábana detrás de ti colgada de sillas o tendedero o lo que sea que tengas a mano. Una vez más, imaginación al poder. De este modo, no tendrás que ordenar todo lo que haya detrás de la manta / sábana y, además, evitas que aparezca alguien por sorpresa detrás de ti.

Usa cascos con micrófono incorporado

Esto no es imprescindible, pero te ayuda a aislarte y concentrarte ya que los ruidos de tu casa quedarán amortiguados tanto para ti como para tu interlocutor y tu videollamada no será escuchada por tu familia. Y, con el micrófono, te aseguras de que se te oiga alto y claro. 

Ten a mano todo lo que puedas necesitar

Esta es la más básica de todas y no tiene nada que ver con fotografía, pero también te lo quiero recordar. Déjate cerca el agua o la infusión para acompañar la videollamada, el cargador del móvil o portátil, pañuelos, papel y boli, calculadora... En fin, que en función de lo larga que vaya a ser la videollamada, la temática que tenga y lo formal que sea, deberás tener a mano unas cosas u otras.

Empieza con los preparativos unos 15 minutos antes de la hora convocada

Al menos la primera vez que vayas a seguir todos estos pasos, asegúrate de tener suficiente tiempo para poder repasar esta lista y empezar la videollamada con una buena sonrisa y una buena predisposición.

Un ejemplo

Marta Ahijado - trucos para dar una imagen profesional en tu videollamada

Después de tanta "teoría", te pongo una imagen de práctica. Lo primero que hice fue situarme enfrente de la ventana, de modo que la luz me llegara de forma frontal (mira la foto que inicia este artículo), para eso me tuve que ladear un poco con respecto a la pared.

Entonces coloqué mi portátil encima de una mesa baja. Como la cámara quedaba por debajo del nivel de mis ojos, puse dos bloques de fibra de coco (los tenía a mano porque me estoy montando un pequeño huerto en la terraza de al lado, podrían haber sido libros, pero los bloques eran iguales y de la altura justa) debajo del portátil y ya se quedó a la altura perfecta.

Detrás de mí coloqué la tabla de planchar y una silla de mis hijas encima. Me aseguré de que estaba estable al poner la manta negra encima. Si hubiese sido para una videollamada es posible que hubiese atado la silla a la tabla de planchar o hubiese buscado algún contrapeso para no tener sustos en medio de la videollamada.

Como ves, no hay nada como desarrollar la creatividad y crearse un espacio muy apañado con cosas que tienes en casa. Y, por supuesto, no hace falta ni quitarse el pantalón del pijama porque no se ve 😉

Y ya está, ¡¡ya estás preparada para empezar tu videollamada!! Si sigues estos pasos, cuéntamelo en comentarios. Y si haces algo más que yo me he dejado, cuéntamelo también 😉 

¡Un abrazo y hasta la próxima!

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Un viaje distinto: El Viaje

Fotografía realizada para mi proyecto de febrero, puedes verlo aquí

Un viaje distinto: El Viaje

Hace unas semanas, tuve una charla con Mery que se publicó aquí, en Instagram Live. Cuando pienso en cómo empezó todo, reconozco que fue una locura, como ella bien dice: ¿cómo te fiaste de una tía a la que ni siquiera se le veía la cara en la web? Pues resulta que un día yo recibí un correo de Oye Deb, a quien yo seguía desde hacía tiempo, en el que hablaba de su amiga Mery, que iba a lanzar un proyecto de autoconocimiento y nos recomendaba escucharla. Y yo, por curiosidad, la escuché. Tenía una serie de audios en los que nos hablaba de apagar el ruido mental. Y eso resonaba conmigo, yo ya llevaba unos tres años (desde que nació Emma) empezando a darme cuenta de cuáles eran mis prioridades, había empezado a elegir qué amistades conservar y cuáles dejar ir, incluso me estaba replanteando un cambio laboral para poder disponer mejor de mi tiempo, había empezado a hacer limpieza de mi casa y me empezaba a sentir con más claridad mental. Así que bueno, parecía que lo que contaba tenía sentido para mí. 

También nos decía “no te dejes sola”. Ese fue su mantra, la frase por la que la empezó a conocer muchísima gente en redes, la frase que más tarde nos diríamos unas a otras aun todavía sin entender del todo de qué iba, la frase que ahora comprendo perfectamente y que sé lo difícil que es conseguirlo. 

Y luego nos decía si queríamos sentirnos “mujeres salvajemente libres y ligeras”. Y esta frase fue la que a mí me llegó dentro. Me vi como volando, brillando, siendo verdaderamente feliz, era una imagen de mí misma de adulta que yo visualizaba de pequeña y en mi adolescencia. Y desde luego que no era la que se correspondía con la imagen que yo tenía de mí misma allá en 2017. Y me dije: lo peor que puede pasar es que pierda el dinero, pero a mí esta mujer me llama y yo QUIERO SABER DE QUÉ VA ESTO

Y bueno, pues me inscribí a principios de noviembre de 2017 y el 1 de diciembre comenzó mi Viaje. En absoluto fue como yo me lo imaginaba, es decir, llegar a la imagen que yo visualicé de mí misma como una mujer salvajemente libre y ligera no es un trabajo fácil como parecía. Aunque hemos tenido muchísimos momentos de risas, nos hemos sentido identificadas las unas con las otras y hemos pasado horas y horas de charla maravillosa, también ha habido momentos duros, momentos tristes, ha habido veces que no me apetecía que llegara una nueva etapa del viaje porque yo sentía que necesitaba un poco de descanso emocional. Sin embargo, siempre he seguido adelante porque después de cada bajón ha venido luz. Y la luz cada vez era más intensa, yo me he ido sintiendo cada vez mejor de darme cuenta de todo lo que había avanzado en mi autoconocimiento. Porque al fin y al cabo, El Viaje no trata de otra cosa más que de conocernos y reconocernos. Y, ¿sabes qué? engancha. Fíjate si engancha que, después de los 7 meses que dura El Viaje, varias viajeras le pedimos a Mery que por favor abriese algún otro espacio para seguir trabajando con ella. Y lo hizo, hasta tres veces más. Así que, en total, he trabajado con ella casi 3 años. En julio de este año 2020, tuvimos el último encuentro grupal por Zoom en el que ella misma nos dijo que somos unas viajeras sabias, que todas las respuestas las tenemos en nuestro interior y nos soltó. 

En El Viaje lo que principalmente conseguimos son herramientas para conocernos. Mery nos hace muchas preguntas y nunca hay respuestas erróneas. Las respuestas son únicas e individuales, nadie sabe mejor que nosotras mismas lo que pasa por nuestra mente y nuestro corazón. Lo que pasa es que a veces nos boicoteamos o intentamos simplemente sobrevivir, y empezamos a desarrollar estrategias muy útiles para llegar a donde estamos ahora, pero ¡ay amiga! una vez que te das cuenta puede ser que sea algo que no quieres volver a utilizar. Y bueno, aprendizajes he tenido una barbaridad, y los seguiré teniendo, porque una vez que entras a El Viaje, lo haces para seguir toda la vida. 

Y para poner un poco de palabras y de sentido a todo lo que estoy hablando, te quiero contar algunas de las cosas que he aprendido en los últimos 3 años

Perdonar

En primer lugar perdonarme a mí misma. No ha sido fácil encontrarme con situaciones en las que, vistas desde una nueva perspectiva, la había cagado, dicho así coloquial. La primera de ellas fue darme cuenta de que me habría gustado haber vivido la despedida de Sara de otra forma (aquí tienes el artículo sobre mi pérdida gestacional). Lloré muchísimo, no te lo voy a ocultar. Y poco a poco, llegué a aceptar que, en su momento, yo no supe hacerlo de otra forma y me perdoné. 

También me es mucho más fácil ahora perdonar a toda la gente que, sin intención, me hirió en algún momento. Porque, de igual modo, sé que no supieron hacerlo de otra forma, o yo no supe hacerles ver lo que yo necesitaba.

Liberar emociones

Ya lo hablaba en el párrafo anterior, durante El Viaje a veces descubres algo de ti que no te gusta y es duro, hay que transitarlo. Y ya no vale de nada ignorar sentimientos, sabes que debes transitarlos, que es la única forma de liberar todo lo que llevamos enquistado en el cuerpo.

Vivir eligiendo el amor

Esto que suena tan bucólico es un aprendizaje tremendo. ¿De qué se trata? De elegir desde el amor cada decisión que tomes en tu vida. A veces eso implica decirle a alguien que no cuando la otra persona (sean hijos, pareja, madre, suegra, vecino o un desconocido) espera un sí. A veces debes decirte a ti misma que sí a pesar de que lo fácil sería decirte que no, porque a veces nos tratamos tan mal a nosotras mismas que no somos capaces de permitirnos ni 10 minutos para darnos una ducha tranquila. 

Dentro de mí hay una niña

¡Una niña que se enfada, que quiere cosas, que exige, que me tiene rencor o está herida! Y no me refiero a mis hijas, no, no, me refiero a mi yo de pequeña, la que llegó ingenua a este mundo y empezó a construirse su propia realidad en función de las experiencias que vivía y de cómo las interpretaba. Esa niña sigue viva en mí y me sigue pidiendo que deje de tomarme la vida tan en serio, que me ría, que juegue, que disfrute, que baile. Y también se sigue enfadando, pero es que hay momentos en los que de verdad no puedo ser niña, o a veces es simplemente que no me lo permito. Y ahí es cuando suelen venir más aprendizajes aún.

Dentro de mí también hay una madre y una tirana, pero bueno, si quieres saber más de esto, lo mejor es que te lo cuente Mery 😉

Escucharme y respetarme

Y hablarme bonito, dejar de autoexigirme tantísimo, dejar de buscar la perfección que no existe. Permitirme descansar cuando lo necesito, o leer, o dejar algo a medias, poner límites a los demás… En fin, respetarme en el más amplio sentido de la palabra, porque soy la única persona con la que voy a estar toda mi vida. Y si yo no me pongo primero, nadie lo va a hacer por mí.

Darme tiempo

Roma no se construyó en dos días, ¿no? Pues lo mismo pasa conmigo, pretender asimilar todo lo que nos contaba Mery en El Viaje en solo 7 meses era una verdadera utopía para mí. A veces conectaba mucho con una etapa y, otras veces, necesitaba poner un poco más de distancia. Y todo son ciclos en esta vida, por lo que había días o semanas en los que apenas trabajaba. Sin embargo, dejándome el tiempo que yo necesito, estoy consiguiendo integrar todo poco a poco. Es decir, es una forma más de respetarme, porque no es que no esté trabajando interiormente, lo que pasa es que no estoy trabajando lo que “toca” en esa etapa. Y entender esto fue otro de los aprendizajes, que ya no estoy en el instituto y voy a pasar un examen, la única con la que tengo que "rendir cuentas" es conmigo misma. 

Sentir la energía

Yo, que viví en un ambiente de ciencias, que he sido muy mental, muy de necesitar entender todo, he descubierto la energía. La he empezado a sentir, de forma sutil al principio, como un cierto rechazo aparentemente sin motivo que me provocaban algunas personas o situaciones, pero luego he podido ir afinando más. También la puedo sentir de forma positiva, solo que esta nos cuesta siempre menos porque lo positivo y alegre siempre nos es más fácil de gestionar 😉

He perdido miedos

Si me llegan a decir a mí hace tres años que yo iba a escribir un artículo en abierto sobre esto, habría dicho que ni de broma. Cada vez tengo menos miedo a mostrarme yo misma. Parece que si hablo de determinados temas o, incluso, muestro determinadas fotografías que hago, habrá mucha gente que no me comprenda y a quien no le guste. Pero es que esto va a pasar me muestre yo como soy o no, así que si no mostrarme me hace ser más infeliz, ¿por qué no mostrarme? Igual resulta que, precisamente por mostrarme como yo soy, en todas mis facetas, gusto más que si oculto, ¿no? 

Pues eso, a seguir mostrándome. Que este párrafo yo creo que lo he escrito más para mí que para ti. Que a pesar de todo lo que llevo aprendido, ¡aún me queda mucho Viaje por hacer! ¡Y me encanta!

El reto gratuito Yo Vibro

Con todo esto que te cuento no te quiero decir que me haya vuelto una persona super equilibrada y maravillosa, que siempre sabe lo que hay que hacer, etc, vamos, ¡¡ni muchísimo menos!! Lo que sí es cierto es que me descubro a mí misma boicoteándome o intentando controlar a los demás, usando mis estrategias cutres, como decimos en El Viaje, y ahora soy capaz de analizar qué me ha pasado, por qué y disculparme o intentar cambiar mi forma de actuar la siguiente vez. 

Si todo esto que te cuento te llama la atención, quizás quieras apuntarte al reto gratuito de Mery, que empieza el 14 de octubre de 2020 y que es la antesala de su nueva edición de El Viaje. Y quiero dejar claro que este artículo lo he escrito porque quiero y porque me gusta compartir aquello que me sirve a mí por si te sirve a ti también (aunque solo sea para darte cuenta de que piensas justo lo contrario que yo). Y porque la entrevista con Mery, aquella de la que te hablaba al principio y que te vuelvo a enlazar aquí, se me quedó muy cortita y tuve la sensación de no haber sido capaz de plasmar en tan poquito tiempo todo lo que me había aportado El Viaje. En serio, si algo de lo que te cuento ha resonado mínimamente contigo, apúntate al reto gratuito, no pierdes nada y puedes ganar muchísimo. 

Y quizás próximamente podamos hablar de Viajera a Viajera 😉 ¡Un fuerte abrazo!

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Excursión al río Tus con niños/as

Excursión al río Tus con niños/as

No sé qué me llamaba más la atención cuando busqué este destino: si la tranquilidad que deseaba, si estar en plena naturaleza o si ir a la búsqueda de moras. El caso es que fue todo un acierto irnos a la zona del río Tus para pasar tres días en familia.

Planes en el río Tus

Nuestro principal objetivo era descansar, relajarnos y disfrutar del entorno, así que no hicimos grandes caminatas ni planes. Además de que el primer día Ana ya dejó muy claro que ella no quería caminar mucho, así que dejamos de lado la ruta de 6 km que podríamos haber hecho y nos dedicamos a estas otras cosas.

Pasear y bañarnos en el río

Los tres días caminamos por el río. Lo normal era que el agua a mí me llegara por debajo de las rodillas y, en algunas zonas subiera un poco por encima de ellas. Aunque claro, ¡para ellas era ya casi la altura del ombligo!. Y en las zonas que cubrían más, siempre encontramos un camino que bordeaba esa zona por la orilla entre matorrales.

Por todas las zonas de río donde estuvimos encontramos varias pozas, tanto naturales como artificiales creadas con unas cuantas rocas apiladas para contener un poco el agua. Y sí, me propuse bañarme todos los días: que el agua me cubriera los muslos no era apenas problemático, pero de ahí para arriba tenía que hacer un buen esfuerzo para meterme. Eso sí, me sentaba genial para refrescarme y para descansar las piernas. El primero de los días un buen número de peces me acompañó durante el baño.

Lanzar piedras al río

Todo un clásico con niños y niñas, claro. De hecho, fue lo primero que hicieron en cuanto nos acercamos al río. Cogieron piedras y empezaron a lanzarlas. Un día estuvimos jugando a ver quién le daba más veces a un palo que había en el río y otro día a ver quién lanzaba la piedra más lejos.

Y mientras estábamos lanzando piedras una vez, a lo lejos divisamos unos cuantos patos. Nos acercamos caminando, pero antes de que pudiéramos estar lo suficiente cerca para verlos, se metieron a los matorrales.

Lo de la foto torcida es obra de Ana, que quiso hacernos fotos mientras lanzábamos piedras al río Emma y yo

Recolectar moras

Aún recuerdo lo feliz que fui al ver las primeras dos moras en una zarza y cómo las cogí con mucho cuidado y se las di a Emma y Ana para que las comieran. Conforme íbamos descubriendo más zarzas, la cantidad de moras que íbamos cogiendo iba aumentando. Al principio nos las comíamos todas, pero pronto la recolección superaba a la ingesta, así que las fuimos metiendo en una bolsa.

Los dos últimos días pudimos desayunar un buen plato de moras (como el de la foto) con vistas a la montaña. Delicioso.

Ruta por la montaña

Si eres apasionado/a del trail o del senderismo por montaña, en esta zona tienes varias rutas para elegir. Edu eligió una ruta de 20 km que le llevó hasta el pico Mentiras.

Nuestro alojamiento

Por la zona hay multitud de alojamientos, así que seguro que no tienes problema en encontrar alguno que se adecúe al número de personas con el que vayas y tu situación particular. Nosotros optamos por Casa Rural África porque tenía disponibilidad (por la situación del covid, preferimos esperar hasta última hora para reservar) y buen precio.

Resultó que el río pasaba casi por la puerta de la casa rural y lo primero que hicimos al llegar fue ir a la orilla del río a comernos los bocadillos que habíamos llevado. Y de postre moras 🙂 ¿Os he dicho ya lo que me gustan?

El alojamiento fue muy cómodo, amplio y con una zona exterior para nosotros solos donde poder desayunar todas las mañanas al sol. En la zona común había columpios, una mini piscina (ya vacía) y mucho espacio con árboles y bancos, que aprovechamos en un momento de descanso para ponernos a pintar con acuarelas.

Dónde comer

Por donde estuvimos, el pueblo más cercano y no pequeño es Yeste (unos 2.700 habitantes) y ofrece algún sitio para comer. Pero nos quedaba a 25 minutos en coche de nuestro alojamiento.

En el pueblecito de Los Giles hay una pequeña tienda de alimentación con las cosas básicas, incluyendo fruta, verdura y pan.

Y lo que nos encantó fue el restaurante del Camping del Río Tus, de los mismos dueños que los de nuestra Casa Rural África. De ninguna manera esperaba yo encontrarme ese tipo de comida en medio de la sierra. Era comida elaborada, con opciones para todos los gustos, ¡hasta había un menú vegetariano! A mediodía solo ofrecen menú del día o comidas para llevar y por la noche puedes pedir a la carta. Tenía una relación calidad precio buenísima. Te aconsejan reservar antes de ir para no quedarte sin sitio.

Os dejo con unas fotos de tres cosas que pedimos, que casi no llego a hacer la foto porque todo tenía tan buena pinta que yo solo pensaba en comer. La ensalada con la que aparezco fue lo que me pusieron de primer plato del menú vegetariano. Yo ya no necesité comer más, de hecho, las migas que pedí de segundo plato me las llevé para comerlas al día siguiente.

Como ya dije al principio del artículo, fue un viaje muy tranquilo y apto para ir con niños y niñas de todas las edades, solo hay que adaptar los planes en función de lo que cada familia quiera o necesite. Espero que hayas disfrutado de las fotos y de la lectura.

¡Un abrazo!

Marta

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34 años buscando, ¡y por fin te encontré!

34 años buscando, ¡y por fin te encontré!

Me recuerdo probando varias actividades: tenis, baloncesto, tocar la guitarra, ajedrez, aerobic, correr, pádel… Yo sé que llevaba toda la vida buscando encontrar mi hueco, algo en lo que yo me sintiera bien y con lo que me sintiera brillar por dentro. 

De pequeña mis padres me dijeron que no me apuntaban a ballet (sobre todo por el trabajazo que suponía preparar todos los trajes con los que salían en los festivales de las academias), pero yo ya sentía que el baile me removía. Cuando veía algo de ballet, gimnasia rítmica, patinaje artístico o natación sincronizada en la tele, no había quien me despegara. Ya de más mayor empecé a ver esos concursos de EEUU en los que grupos de jóvenes bailaban coreografías perfectamente sincronizadas y me quedaba embobada y pensando: qué pena que yo no haya podido hacer esto, me habría encantado. 

El primer acercamiento

Mi primer acercamiento al baile llegó en Murcia, cuando asistí a unas pocas clases de danza del vientre que me gustaron tanto que, al llegar a trabajar a Heidelberg, Alemania, me apunté a esta disciplina. Durante todo un curso estuve aprendiendo y hasta participé en el festival de fin de curso, tanto de forma individual como grupal. Ese año también bailé con una amiga en un acto de la universidad. Nos invitaron para bailar sevillanas, que yo aprendí con ella a toda prisa.

Yo en la actuación de danza del vientre en 2007

La llama se encendió

Esas dos experiencias en el escenario me hicieron saber que todas las células de mi cuerpo necesitaban seguir viviendo el baile. Pero, al volver a Murcia, me costó encontrar un sitio donde seguir. Primero tenía un trabajo que me dejaba muy poco tiempo libre, luego me apunté a danza del vientre y las clases se cancelaron porque la profesora se mudaba, después bailé tango con Edu y las clases se volvieron a cancelar por poca asistencia, también asistí a clases de baile moderno, pero fui yo la que las dejé después de 2 años porque había demasiada charla, poco baile y, en los festivales de fin de curso, me gasté bastante más dinero del que a mí me habría gustado, así que terminé dejándolo.

Parones por maternidad

Me quedé embarazada de Emma en 2012 y empezó mi gran parón de baile y de deporte. Hasta que gracias al aborto de Sara (puedes leer la historia aquí) en 2015, lo retomé: me apunté al gimnasio, hice varias cosas y, cuando me quedé embarazada de Ana, entonces practiqué zumba hasta mis 6 meses de embarazo y aquazumba y fitness acuático después hasta 8 h antes de ponerme de parto. Estoy convencida de que haberme mantenido tan en forma durante el embarazo me ayudó muchísimo en el parto, que viví de forma muy positiva y disfruté.

Crecer gracias al baile

Así que el 7 de junio de 2016 empezó otro parón hasta que, en septiembre de 2018 retomé el baile porque todas las células de mi cuerpo me pedían bailar. Una buena amiga me habló de Murcia Dance Center y allí que fui a empezar clases de Dancehall. ¿Por qué ese estilo? Porque era el que mejor me venía por horario. Y, afortunadamente caí en un estilo musical que me encanta, que tiene mucha historia detrás (otro día os la cuento) y con una profesora maravillosa: Meri. 

Menudo subidón verme en una clase con jóvenes que bailaban TAN bien. De repente estaba en un grupo en el que podía hacer eso que yo veía en la tele (a mi nivel, claro) y que yo había pensado que no iba a poder hacerlo en la vida. 

Y aunque esté entusiasmada por haber encontrado este tipo de baile, fue (y es) un aprendizaje brutal para mí: estoy acostumbrada a que, en general, el deporte se me dé bien y que mi progreso sea notable en poco tiempo. Sin embargo con Dancehall no fue así, me costaba seguir el ritmo y me olvidaba de las rutinas o coreografías que habíamos hecho nada más salir por la puerta de la clase. Además veía lo bien que lo hacían los demás y a mí me daba algo de vergüenza (por mucho que sepa que cada uno tiene su proceso y que no debo compararme), pero no desistí y seguía esforzándome en cada clase. 

Mi profesora Meri, fotos hechas por mí

Recuerdo que un día Meri me llamó por mi nombre y yo me sorprendí porque nunca se lo había dicho a nadie de la clase. Me di cuenta de que no estaba pasando desapercibida a pesar de que yo me sentía un bulto torpe. Y otro día, cuando me presté voluntaria para repetir una coreo delante de la clase, hasta me animó. Y eso significó mucho para mí porque, a pesar de no llegar ni de lejos al nivel de los demás y de doblarles la edad a casi todos, me trató como una más. Me sentí muy bien y me dio alas para seguir confiando en mí y seguir trabajando

Ese año no participé en el festival: para sentirme segura encima del escenario habría tenido que ensayar muchas más horas de las que yo creía que tenía disponibles, así que preferí no agobiarme.

Nueva etapa en Same Wave Studio

Y el siguiente año, en septiembre de 2019, Meri abrió su propia academia de baile: Same Wave Studio, donde me sentí muy arropada, me sentí parte de un grupo, noté que había evolucionado y estaba dispuesta a vencer mi miedo a salir en el festival, pero llegó el coronavirus y ese nuevo hito tendrá que esperar. 

En Same Wave Studio he seguido en las clases de Dancehall con Meri, que han seguido siendo maravillosas por cómo es ella, cómo explica, cómo anima y cómo transmite; y he probado Comercial con Mari, otro estilo que me encanta, aunque estoy todavía en la fase de “no llego, no llego, no llego”. También he bailado algún taller con Adrián, otro de los profesores de la academia, al que le digo que ojalá me cuadre pronto poder asistir regularmente a sus clases porque tiene una forma de bailar y de explicar que me transmiten muchísimo. 

Esta ha sido hasta ahora la historia del baile en mi vida. Estoy deseando retomar las clases, son un ejercicio de superación personal tan importante para mí a nivel mental y físico que estoy totalmente enganchada.

Adrián y Meri, verles bailar juntos es un verdadero placer

Si me lo permites, una sugerencia para ti

Y como conclusión me gustaría compartir contigo que creo que todos tenemos un deporte que nos hace vibrar y brillar. Recuerdo a mi hermana probando muchísimas cosas y llegando a la conclusión de que a ella no le gustaba el deporte. Sin embargo, cuando llegó a la universidad y se abrieron más posibilidades para ella, probó aikido y se quedó prendada. Y ahora viviendo en Alemania está entusiasmada con el yoga. 

Así que te animo a que, si no has encontrado aún tu deporte, lo busques porque lo que vas a sentir por dentro de tu cuerpo, merece la pena.

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¿Y a ti te gusta lo que ves en el espejo?

¿Y a ti te gusta lo que ves en el espejo?

Cuando nació la fotografía, la gente se admiraba de poder ver plasmado el mundo sobre papel. Incluso era un lujo poder acceder a que te hicieran un retrato. 

La fotografía fue evolucionando y las cámaras se hicieron accesibles a muchas personas, con sus carretes de 24 o 36, que hacían valorar cada toma que hacían y cada fotografía en papel que llegaba a las manos de cada persona o familia. 

La fotografía siguió evolucionando y llegó al mundo digital, que fue un avance inmenso y, a la vez, quizás un retroceso para la imagen de la mujer. Y es aquí donde yo quería llegar,

¿cómo te ves tú al mirarte al espejo?

Creo que intuyo tu respuesta: no me gusta mi diente torcido, mis orejas son muy grandes, mejor no hablemos de mi pelo, anda que el lunar que tengo yo aquí, ¿y qué me dices del culo que se me quedó después de haber estado embarazada?… Seguro que no hace falta que siga porque ya sabes por dónde voy. 

Ahora quiero hacerte otra pregunta. En el caso de que tengas hijos o hijas, ¿qué te cuentas cuando les miras? Voy a seguir intentando averiguar tu respuesta: qué guapo es mi hijo, mira qué pestañas tan largas tiene, ¿has visto qué mollas le salen a mi bebé en los muslos? ¡me las comería!, y esos labios tan carnosos que tiene, o vaya rizos tan preciosos…

¿Te has dado cuenta de la diferencia que hay entre lo que te cuentas cuando te miras tú al espejo y lo que te cuentas cuando ves a tu hijo o hija al espejo? ¿Por qué somos así de crueles con nosotras mismas?

Pues sí, hemos visto imágenes de tantas mujeres aparentemente perfectas y hemos escuchado tantas veces aquello de: eso con un poco de Photoshop se arregla, que hemos dejado de vernos como las mujeres imperfectamente perfectas que cada una de nosotras somos. 

Y cuando alguna mujer me ha pedido que le retoque específicamente alguna parte de su cuerpo, primero me enfada y luego me entristece. ¿Por qué queremos transformar una imagen de quienes somos en alguien que no somos? ¿Acaso nos gustan las mentiras y no serían esos retoques, por leves que sean, otra forma más de engañar? 

Quizás tú piensas que es fácil para mí hablar de aceptarse porque la genética me ha favorecido. O quizás piensas que qué prepotente soy por proclamar aquí por escrito que me considero una mujer guapa. Y claro que yo también me veo ¿imperfecciones? ¿partes que no me gustan?, pero alguna vez a mí me han pasado por el filtro del Photoshop y, cuando me han entregado esa imagen, no me he visto yo, veo a alguien que se parece a mí, quizás con una cara y un cuerpo más limpios o perfectos o pon aquí el adjetivo que se te ocurra, pero no soy yo.

Tengo 37 años y tengo arrugas de reírme, mi piel no es la que era hace 20 años, mis tetas han caído un poco en parte creo que por amamantar y en parte creo que por haber adelgazado tanto, mi ombligo tiene una pequeña hernia y ya no está tan dentro como antes de mi último embarazo, un colmillo lo tengo más salido que el otro, a veces levanto una ceja más que otra… Y, me guste más o me guste menos, yo soy así ahora. 

¿Y qué pasaría si te hablaras distinto?

¿Qué pasaría si, cuando te miras al espejo, en lugar de contarte y machacarte con todo aquello que no te gusta, te dijeras: qué ojos tan bonitos tengo, mira qué brazos tan fuertes se me han puesto de coger a mi hija, ¿y estas tetas que antes me parecían pequeñas y ahora las veo perfectas porque han amamantado?, me encantan mis piernas… 

Es que estoy segura de que todo lo que ves cuando ves a tu hijo o hija no es perfecto, también sabes que tiene una cicatriz en medio de la frente, o que le están saliendo muchísimas pecas, o que tiene el pelo liso,… Y estos rasgos o características no los ves como un defecto aunque te gusten menos que otras partes de su cuerpo, sino que los aceptas como parte de ellos/as mismos/as y sobre todo te fijas y alabas aquello que te encanta y te llama la atención cada vez que les ves. 

¿Y qué pasa con la edición de las fotos entonces?

Por todo esto que te cuento, yo no uso la edición de mis fotografías para mejorarte ni para cambiarte, uso esa herramienta para hacer un retoque global de la imagen, para hacerte destacar a ti y a tu familia sobre el fondo, para potenciar la belleza de lo que ya hay, y no para disimular u ocultar las supuestas imperfecciones o defectos que tú te ves. 

Eres perfecta tal y como eres, tú no necesitas edición ni retoque, más que el que la vida misma te trae (que bastante es).

 

¿Podemos, mujeres, empezar a vernos a nosotras mismas con el mismo filtro con el que vemos a nuestros hijos e hijas?

Me encantaría que me contaras cómo es tu visión con respecto a este tema: en comentarios, por email,… ¿te animas?

 

 

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Varias cosas que he hecho por primera vez esta cuarentena (II)

Imagen de una planta de mi casa

Varias cosas que he hecho por primera vez durante esta cuarentena (II)

Como te decía en el artículo anterior, estoy teniendo días de todo: a veces me siento muy productiva y otras veces me gustaría avanzar en el tiempo para que haya terminado todo y hayamos vuelto a la normalidad de verdad (no a la "nueva" normalidad). No quiero pensar mucho, es decir, no me permito darle muchas vueltas a cuándo podré ver a mis amigos o a mi familia, o a cuándo podré volver a bailar en la academia. A veces me vienen las preguntas y me contesto: ya lo sabré con el tiempo. De algún modo, esto es como cuando estás en la recta final del embarazo: sabes que vas a tener a tu bebé, pero no sabes cuándo ni cómo. Pues un poco así es esto: sé que volveremos a poder salir todos a la calle, a trabajar, a bailar, a ver a la gente, pero ni sabemos cómo ni sabemos en qué condiciones. Así que solo queda pensar en el hoy y, en función de nuestras circunstancias, intentar disfrutarlo y sacar lo positivo.

El artículo anterior se me quedó corto en las cosas que nunca había hecho antes de esta cuarentena. ¡Aquí va la segunda parte!

He ayudado a mis hijas con las tareas del cole

Llega el lunes por la mañana, recibimos las tareas del cole. Para Ana, 3 años, son solo propuestas. Para Emma, 6 años, es recomendable que las haga. En general, son tareas que ya han hecho en el cole y, como ella dice: “esto está chupao”. Pero aún así, tengo que ir ayudándola a desgranar toda la información, a ir abriendo los vídeos que le proponen ver, a explicarle cómo funciona algún programa de juego… Reconozco que, en nuestro caso, no son muchas cosas y, conforme van pasando las semanas, me está siendo más fácil organizarlo, pero las dos o tres primeras semanas para mí era un caos.

Lo que le sugerí a Emma al “comenzar” este tercer trimestre, fue hacer las tareas de forma oral (las que se podían), en parte porque no hemos podido imprimir nada y en parte porque así va más rápido y tiene más tiempo para jugar con su hermana, que es lo que a ella de verdad le apetece. Ella misma me ha confesado que sí le gusta hacer tareas pero lo que quiere es hacerlas en el cole, no en casa. Y la entiendo. Seguro que a más de un adulto le ha pasado lo mismo con el teletrabajo, que le gusta, pero que prefiere hacerlo en la oficina con sus compañeros y su verdadero ambiente.

He tenido clases online de baile

La verdad es que esto nunca pensé que lo haría. Cuando empezó la cuarentena, bailaba todos los días a mi bola en casa. Lo necesitaba para dejar de darle demasiadas vueltas a todo, para mantenerme en forma y para sentirme mejor. ¡Lo que no esperaba es que los profes de la academia iban a organizarse para dar clases online! Las dan a través de directos de Instagram. Al principio parecía un poco raro, sobre todo porque yo estoy acostumbrada a bailar detrás de la profe y no viéndola de frente. Pero enseguida me acostumbré y disfruto mucho de las clases. Nos enseñan coreografías cortas porque obviamente es más difícil enseñar a través de una pantalla que presencial, pero a mí me sirve para ensayarlas más, ¡e incluso atreverme a colgarlas en Instagram!

He hecho videollamadas con amigas

Y resulta muy raro, amigas a las que veía con frecuencia, incluso todos los días en el cole, amigas que viven a escasos kilómetros de mí, con las que sería muy fácil quedar en un parque... Y no, nos hemos visto por videollamada. ¡¡Y nos ha sentado genial!! Se nos han quitado malestares físicos y emocionales solo por estar un rato hablando entre nosotras, incluso nuestros hijos se han visto a través del ordenador y ha sido una experiencia muy chula.

He plantado ajos y lechugas

Pues sí, ¡como lo lees! He plantado ajos, lechugas y pimientos por primera vez en mi vida. Con la intención de que broten, crezcan y que me los pueda comer, claro. Y he usado de "macetas" tetrabricks de leche, hueveras y latas vacías.

Desde hace un año estoy intentando crear un huerto urbano en mi casa, de momento he tenido mucho éxito en el aprendizaje de errores y poco éxito en las cosechas, pero gracias a Marta de Plantea en verde estoy aprendiendo muchísimo. Si te interesa, ve a su web donde comparte un montón de recursos gratuitos para iniciarte y varios cursos por si quieres avanzar más.

Estaba yo agobiada al principio de la cuarentena pensando en que cómo iba a empezar a plantar semillas si no tenía suficientes macetas, y entonces llegó Marta a mi rescate con un vídeo en el que daba consejos para empezar un huerto con materiales que ya tenemos por casa: desde las "macetas" que os he comentado arriba hasta saber cómo hacer rebrotar lechugas de las que ya tenemos en casa, o cómo coger semillas de tomates y pimientos para plantarlos de cero.

Estoy ilusionada por la nueva fase en la que ha entrado mi huerto este año y ¡espero cosechar menos errores y más frutos!

He estado un mes sin salir de casa

Literal. 31 días sin salir. Claro, como muchos, ya lo sé, y como muchos será algo que no habíamos hecho nunca antes. Igual que aplaudir todos (o casi todos) los días a las 20 h, y saludar a la dueña del herbolario de ventana a ventana. He sido clienta suya durante cuatro o cinco años y no sé cómo se llama. Cuando pueda volver a su establecimiento, le preguntaré cómo se llama, ella y su marido, al que también he saludado desde la ventana.

El día 32 tuve que salir a la farmacia. Fue mi primer contacto con la nueva realidad: mascarilla, guantes, respetar la distancia, ver las colas fuera de los establecimientos... También otra cosa que nunca antes había hecho.

¡He comenzado yoga!

Y lo pongo así entre exclamaciones porque estoy emocionada. Era algo que siempre estaba en mi lista de "algún día". Como hace unos meses estuve buscando leggins para bailar por internet, ahora me saltan en el móvil muchísimos anuncios de yoga: tanto de ropa como de cursos y apps para practicarlo.

Yo sé que de lo que no puedo prescindir en mi vida ahora mismo es del baile, lo necesito para recargarme y para ser más feliz, así como para mantenerme en forma. Así que el tiempo que dedicaba antes al deporte era para bailar. Ahora también dedico varias horas a la semana a bailar con las clases online, ensayando las coreos y bailando por mi cuenta, pero un día vi un anuncio de una app gratuita durante un tiempo limitado y decidí descargármela.

¡¡Y me está gustando!! Puedo seleccionar muchas cosas: el tipo de práctica, si quiero trabajar alguna zona de mi cuerpo en concreto, la duración... Sobre todo estoy trabajando la flexibilidad porque me noto muy estancada con algunos movimientos. Creo que una práctica continuada me puede llevar a mejorar bastante. Pero además está la sensación que tengo en el cuerpo al terminar: estoy físicamente cansada, pero a la vez mi cuerpo está más activo y menos bloqueado.

¡¡Espero que esto no se quede en un "hice yoga durante la cuarentena y luego nunca más"!!

No tengo planificada una tercera parte de este artículo, pero quién sabe, igual todavía da para más en un futuro próximo. Si es así, te mantendré informada ?

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Varias cosas que he hecho por primera vez esta cuarentena (I)

Fotografía de la luna rosa del 8 de abril

Varias cosas que he hecho por primera vez esta cuarentena (I)

Llevo 46 días en casa y debo confesar que no me parecen tantos. O quizás es que he encontrado bastante comodidad en esto de no tener que estar pendiente del reloj ni tener prisa para absolutamente nada. Por supuesto, ojalá no hubiera pasado esto, pero teniendo en cuenta que mi situación personal es afortunadamente buena, he intentado verle el lado positivo a tantos días en casa. Y, aunque he tenido, como todos, días en los que me habría quedado bajo el edredón de la cama queriendo despertarme de la pesadilla, ha habido muchos otros en los que he hecho cosas que nunca antes había hecho en mi vida. ¡Y me apetece compartirlos contigo! Allá van:

Me he permitido descansar

En otros momentos, cuando estoy cansada, o bien no puedo permitirme descansar porque tengo que atender a mis hijas, o bien no me lo permito yo misma porque pienso que debo hacer otras cosas, creo (erróneamente) que el descansar puede esperar. Sobre todo al principio de la cuarentena, al tener que lidiar con tantísimas emociones, además de estar resfriada, más el cansancio acumulado, dormí muchísimo: por la noche y las siestas. Y sí, tiraba de dibujos animados para poder dormir y descansar, y no me sentía mal por ello, porque yo de verdad lo necesitaba.

Después no he necesitado tanto dormir, pero sí me he permitido descansar mucho más haciendo nada muchísimos días esta cuarentena.

Mis pijamas han sido mis grandes amigos

Cuando yo estoy en casa, estoy en pijama. Hace tiempo que minimicé mi ropa y decidí que no necesitaba ropa de casa y ropa de dormir, que prefería tener ropa de dormir bonita y cómoda que me sirviera también para estar en casa. Y claro que he estado tiempo en pijama en casa, pero nunca había estado tantas horas seguidas ni tantos días seguidos con pijama.

Para mí, estar en pijama no significa estar apática, simplemente significa que me encuentro cómoda y preparada para cualquier cosa que quiera hacer en casa. Y claro, a veces me da por hacer limpieza profunda o por ponerme a bailar y tengo que cambiarme de pijama después de la ducha. Pero ya te digo que para mí, estar en pijama, es un gran placer y no me limita mi actividad.

He hecho deporte con Emma en casa

Dentro de las tareas del cole de Emma, nos sugirieron varios enlaces de youtube donde podíamos encontrar ejercicios para hacer en familia. Y casi todos los días nos poníamos a hacer deporte juntas. A veces incluso dos veces al día. ¡¡A mí me salieron agujetas!! Y la verdad es que me sentaba muy bien, me ayudaba mucho a mover la energía en mi cuerpo, a sentirme mejor conmigo misma y a divertirme con mi hija.

Supongo que a estas alturas ya tendrás un montón de recursos tú misma, pero te dejo aquí nuestros favoritos:

Yoga a través del cuento de Frozen: una mujer va contando el cuento de Frozen mientras va sugiriendo posturas de yoga. Es muy dinámico, dura media hora y Emma y Ana se lo saben de memoria.

– También del mismo estilo que el anterior, tenemos el cuento del pez Squish y el cuento de los Trolls.

– En este vídeo un papá, junto con su hija al final del vídeo, propone una serie de ejercicios.

– Y en este vídeo, dos muñecos con forma de niños van haciendo también una serie de ejercicios.

Hemos jugado al Dixit en familia

A mí me encantan los juegos de mesa y, desde que Emma era bien pequeña, empecé a buscar juegos que le pudieran gustar y con los que la pudiera ir iniciando en este mundillo. Ya tenemos varios, cooperativos, de cartas, competitivos… adaptados a sus edades y nos gusta mucho jugar a ellos.

Uno de los primeros días de la cuarentena, pensé en probar uno que recomiendan a partir de 8 años, pero que me parecía que podía ser interesante con ellas a pesar de tener 3 años y muchos meses y 6 años y medio. Y ese juego fue el Dixit, compuesto solo por cartas con imágenes (también tiene unas fichas de puntuación, pero nosotros no las usamos). Cada jugador recibe 6 cartas y, el que empieza, pone una carta en el centro boca abajo diciendo una palabra o frase o sonido que le haya sugerido la imagen de esa carta. Los demás jugadores deben buscar entre sus cartas alguna que se adecúe a esa palabra, frase o sonido que ha dicho el primer jugador. Luego se mezclan, se muestran a todos y cada uno elige cuál cree que es la carta que mejor ilustra la palabra, frase o sonido que dijo el primer jugador. El objetivo del jugador que ha dicho la palabra es que algún otro jugador se la adivine, pero que no sea tan evidente como para que se la adivinen todos. Y los demás jugadores tienen que intentar despistar con sus cartas y que se las elijan.

La primera vez que jugamos, debo reconocer que ambas fueron muy creativas y nos sorprendieron. Pero luego, los temas se han ido viciando y ha perdido bastante interés, así que hemos ido espaciando jugar al juego. Eso sí, conforme vayan creciendo, ¡el juego promete!

He cocinado arroz con verduras

Hace año y medio me di cuenta de que no me gusta cocinar. Me gusta preparar ensaladas o algo así especial esporádico, pero no me gusta tener la obligación de cocinar todos los días. Así que la solución para no pasar mucho tiempo en la cocina, ha sido simplificar al máximo las comidas. Y el arroz lo hacía blanco y cada uno se lo condimentaba como quería: Emma y Ana con caballa, atún, queso o pesto, nosotros a veces con ensalada, a veces con atún, a veces con aguacate, tomate y orégano… Pero me apetecía a mí probar a hacer arroz con verduras y me puse manos a la obra un día. Tenía pocas esperanzas porque cuando innovo algo en casa suelo obtener varios “no me gusta”, sin embargo, fue un éxito total. Y yo no cabía en mí de gozo. Tomé la idea de esta receta de Rosa Ardá, pero la varié porque no tenía menestra de verduras, no me apetecía pelar los tomates y le eché cúrcuma y curry en lugar del caldo de pollo o pastilla de avecrem. Es lo bueno de llevar ya tiempo cocinando con la Thermomix, que ya soy capaz de adaptar recetas a lo que a mi familia le va mejor.

He desayunado en la terraza

Este ha sido uno de mis descubrimientos de la cuarentena: desayunar en la terraza al sol. Si ha llovido y el suelo está mojado, me calzo las deportivas y me voy a sentarme al palet. No sé cómo no lo hacía antes. Empezar el día así, con una recarga de sol es maravilloso. Hemos tenido muchísimos días de lluvia, muchos más de los que estamos habituados en Murcia (o que yo recuerde) y, en cuanto sale el sol, salgo a la terraza a que me dé. Cuando la temperatura lo permite, me quito prácticamente toda la ropa para absorber todo el sol posible en mi cuerpo. Ahora, a finales de abril que estamos, ya no puedo estar tanto al sol porque me achicharro. Pero mi desayuno en la terraza al sol sigue siendo un imprescindible.

Y ahora también he añadido algunos días una práctica que te cuento en otro artículo para no alargar este demasiado.

Ahora es tu turno, ¿me cuentas algo que hayas hecho por primera vez en tu vida esta cuarentena? ¡¡Me encantará leerte en comentarios o en mi correo!!

 

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Sara

Sara

El artículo de hoy no tiene que ver con fotografía, aunque podría haber tenido que ver. 

Va sobre la pérdida gestacional que tuve entre Emma y Ana, no pretendo entristecer a nadie, sino aportar luz e información a este tema que parece escondido pero la realidad es que nos pasa a muchas mamás.

Diciembre 2014, las dos rayitas

Todo empezó con un embarazo buscado y encontrado, con una gran felicidad al ver las dos rayitas en la prueba de embarazo y con una gran sorpresa al saber que la fecha probable de parto de la que iba a ser mi segunda hija coincidía con la fecha probable de parto de mi primera hija (aunque luego nació 13 días más tarde): 31 de julio.

Febrero 2015, todo normal

Fuimos a una ecografia privada y la ginecóloga nos dijo que todo iba bien, que venía una niña sana. Sí nos dijo en algún momento de la ecografía que le había parecido ver algo raro en un pie, pero terminó diciéndonos que no teníamos que preocuparnos. Y, aunque muchas vueltas no le dimos, sí esperábamos que la ecografía de la semana 20 nos confirmara que iba todo bien. 

Después de pensar en Nora, Vera o Sara, nos decantamos por este último nombre: Sara.

17 de marzo de 2015, la noticia

Es cierto que yo no notaba moverse a Sara como a Emma, pero suponía que cada bebé es distinto y que no tenía por qué ser igual de movida que Emma. 

Fuimos al hospital a la ecografía de la semana 20, aunque no sé por qué motivo ya me dieron cita el día que cumplía mi semana 21. La cita era por la tarde y la ginecóloga que nos atendió revisó todo el cuerpo de nuestra bebé. Al terminar nos dijo de un modo muy amable, con muchísimo tacto y sin ocultar la verdad que nuestra bebé no había movido las extremidades durante toda la ecografía, que tenía los pies cruzados y las manos en forma de garras; que eran síntomas de que algo no iba según lo esperado. Sé que hablamos más, pero lo siguiente que recuerdo es estar con Edu fuera de la consulta, en el pasillo junto a dos ventanales intentando asimilar lo que nos acababan de decir y tomando la decisión de que no queríamos seguir dando vida a un bebé vegetal, por amor a ella, a nosotros y a Emma. 

Entonces entendí por qué yo notaba los movimientos distintos a Emma, porque lo que notaba era el movimiento de un bloque entero (es decir, de su cuerpo entero) y no de las extremidades dando esas lindas pataditas. 

Volvimos a ver a la ginecóloga y le preguntamos que cómo debíamos iniciar los trámites para abortar, nos dijo que debíamos volver a la mañana siguiente para realizar una amniocentesis. 

El siguiente recuerdo que tengo después de estar con Edu junto a los ventanales es estar llorando en el sofá de mi casa mientras le daba la noticia a mi madre (que se había quedado con Emma).

La (eterna) espera

Al día siguiente llegamos al hospital muy confusos, me hicieron la amniocentesis (físicamente no me dolió nada) y nos dijeron que nos darían los resultados el lunes 23 porque el jueves 19 era festivo (S. José) y el viernes 20 puente. La amniocentesis era necesaria sobre todo para saber si la enfermedad era hereditaria. 

Nos fuimos del hospital con mucho miedo, porque yo ya no pensaba en Sara, sino en Emma. ¿Y si era enfermedad hereditaria y Emma, que tenía año y medio, desarrollaba alguna otra enfermedad más tarde? 

Por la tarde volvimos al hospital, queríamos saber si podíamos empezar los trámites de aborto antes de los resultados de la amniocentesis. Y nos dijeron que ya no era posible porque tenían que hablar con el hospital de Madrid al que nos derivarían para el aborto, y eso solo era posible por las mañanas. Además, al ser festivo en Murcia al día siguiente, el hospital de Murcia estaba con el personal mínimo, por lo que tenía que ser el lunes 23 cuando empezáramos a formalizar los trámites del aborto. 

Cuando mostramos nuestra preocupación porque sabíamos que por ley no se permitían abortos a partir de la semana 22 y que el lunes yo estaría de 21 + 5, nos tranquilizaron diciendo que la autorización era la que tenía que llegar antes de cumplir la semana 22. 

Salimos del hospital frustrados de nuevo, impotentes por no haber reaccionado por la mañana para solicitar ya el aborto y por no poder hacer nada más. Yo quería que todo terminara cuanto antes, necesitaba a Sara fuera de mí, la notaba, veía mi barriga embarazada y todo era dolor emocional y ansiedad. No sé qué hicimos esos cuatro días en casa, pero sí sé que tener a Emma nos mantuvo ocupados y cuerdos, aunque la sombra del miedo por si ella también pudiera tener algún problema estaba siempre en el fondo de mis pensamientos.

La culpa

¡Cómo no! La culpa asociada a la maternidad: ¿qué habré hecho yo para que Sara tenga una malformación? ¿habré comido algo que la haya provocado a pesar de todo el cuidado que tengo? La culpa me persiguió mucho tiempo, incluso después de abortar y en el siguiente embarazo que tuve rocé la obsesión con la alimentación, a pesar de que ya entonces sabía que las malformaciones surgen en aproximadamente un 5% de embarazos de manera espontánea.

La aprobación

El lunes 23 fuimos al hospital a solicitar el aborto antes de la hora citada para recibir los resultados de la amniocentesis. Nos pidieron que esperáramos. Más espera, más agonía, más ¿y si no firman, y si no da tiempo, y si no…?… Hasta que nos llamaron a consulta, donde otra vez tuvimos que esperar. Entonces llegó un doctor y por mi mente empezó a pasar de todo: “nos va a decir que no hay motivo para abortar”, “no nos lo van a permitir”… Pero nos enseñó un papel: aquí tenéis la autorización con las dos firmas necesarias para el aborto: la de la doctora que realizó la amniocentesis y la mía. 

Volví a llorar, esta vez de alivio, ya teníamos el papel.

 

Los resultados de la amniocentesis

Todo indicaba que la malformación había surgido de forma espontánea, que no había ninguna causa genética. Más alivio y más llorar. Yo empezaba a ver luz, aunque aún quedaba proceso.

Viaje a Madrid

Nos llamaron de la clínica de Madrid diciendo que nos esperaban el miércoles 25 para una ecografía y el 26 sería el día del aborto. 

Viajamos el martes 24, nos llevamos a Emma con nosotros y mis padres se ofrecieron a acompañarnos para apoyarnos y para quedarse con Emma mientras nosotros estábamos en la clínica.

Durante todo este proceso, Emma fue clave para mí, dedicar mi atención a ella me permitía descansar de la situación que estaba viviendo. Y, por supuesto, me hacía hasta reír, es lo maravilloso de los niños, que siempre saben sacarte una sonrisa. 

El miércoles 25 por la mañana acudieron otra vez los miedos a mi cabeza: ¿y si me hacían la ecografía y decían que no había motivos para abortar? ¿Y si me decían que necesitaba algún otro papel?… Ese día cumplía la semana 22. Pero mis miedos se disiparon muy pronto cuando fuimos a la clínica, hablamos con la ginecóloga de allí, me hicieron otra ecografía y, finalmente, me mandaron para el hotel con unas pastillas que debía tomarme para ir reblandeciendo el cuello del útero.

 

26 de marzo de 2015, la separación

El jueves 26 acudimos a la clínica y comenzó el proceso de aborto. En la semana 22 de embarazo, los bebés miden casi 30 cm de cabeza a nalgas y pesan casi medio kilo. Así que el proceso de aborto se parece mucho a un parto: hay que dilatar el cuello del útero y expulsar al bebé. Sin embargo, una dilatación de 4 ó 5 cm es suficiente para expulsar a un bebé de esas dimensiones. La dilatación la provocaron mediante más pastillas, también me pusieron la epidural y, sobre las 15:30 noté que mi bebé estaba preparado para salir. Entonces vinieron las que me estaban atendiendo, me pusieron una sábana sobre las piernas y recogieron a mi bebé en una sábana y se lo llevaron. 

Sobre las 21 h, una vez que habían comprobado que yo estaba bien físicamente, me dieron el alta y regresamos al hotel donde nos alojamos. 

El arrepentimiento

Desde el momento en el que Edu y yo decidimos abortar, yo solo deseaba que se acabara el proceso, que Sara estuviera fuera de mí, creo que lo que yo intentaba era olvidar y borrar toda huella que me indicara que había perdido a un bebé. Un mes después del aborto, mi barriga todavía mostraba que había habido un bebé ahí, e incluso me encontré con una persona que me daba la enhorabuena por el embarazo porque no se había enterado de que éste ya había terminado. 

Aunque soy una persona positiva y, en todo momento, no paré de repetir que me sentía muy agradecida por los avances médicos porque habían detectado la malformación y me habían permitido abortar, el dolor en mi corazón estaba, y el vacío en mi útero también. 

Entonces decidí apuntarme al gimnasio, empecé a bailar zumba, a hacer otros ejercicios y debo decir que, muy pronto, me volví a sentir feliz y con ganas de buscar otro bebé. 

Sin embargo, durante el embarazo de Ana (mi tercer embarazo, mi segunda hija viva) aprendí muchísimo sobre emociones, incluso leí historias de mujeres que habían perdido a sus bebés de muy poquitas semanas y los habían enterrado en sus jardines. 

Y entonces pensé que yo podría haber elegido finalizar mi embarazo de otra forma: habría podido elegir coger a Sara cuando salió de mí, habría podido acercarla a mi pecho como hice con Emma y Ana, habría podido verla, olerla y agradecerle que me hubiera escogido como mamá, habría podido elegir quedarme su cuerpo para incinerarlo y esparcir sus cenizas en un lugar bonito para nosotros, habría podido elegir hacerme alguna foto con ella. En definitiva, habría podido hacerle la despedida que ella merecía. 

Aunque aún siguen acudiendo lágrimas a mis ojos cuando escribo o hablo del tema, y aunque me siga doliendo no haber sabido gestionar la despedida de otra forma, ya no lo digo con culpa, Edu y yo hicimos lo que supimos con la información que teníamos en aquel momento. Sé que poco a poco las historias de pérdidas gestacionales se están hablando y se están normalizando, y que no se tratan como fracasos ni como experiencias a olvidar, sino que estamos aprendiendo a convivir con ellas porque cada vez somos más conscientes de que son historias que suceden. Por eso he querido aportar mi granito de arena y contar mi historia, para aportar luz y hacer ver que hay distintas opciones a la hora de gestionar una despedida como la que yo pasé. Y ojalá a ti no te pase, ni conozcas a nadie que le pase, pero si sí te pasa o si sí conoces a alguien, espero que mi historia te ayude a gestionar la tuya o a dar información a tu conocida. 

Gracias, Sara, por haber venido a mi vida de la forma en la que tenías que venir, por haberme elegido como mamá. Gracias a que tú viniste, sé que yo estoy aquí y ahora, escribiendo estas líneas, feliz y orgullosa por la vida que vivo y la familia que tengo. Perdón por no haberte sabido despedir de otro modo y gracias por traerme uno de los aprendizajes más valiosos de mi vida. Felices 5 años.

 

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marta-ahijado

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