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Blog Marta Ahijado

Excursión al río Tus con niños/as

Excursión al río Tus con niños/as

No sé qué me llamaba más la atención cuando busqué este destino: si la tranquilidad que deseaba, si estar en plena naturaleza o si ir a la búsqueda de moras. El caso es que fue todo un acierto irnos a la zona del río Tus para pasar tres días en familia.

Planes en el río Tus

Nuestro principal objetivo era descansar, relajarnos y disfrutar del entorno, así que no hicimos grandes caminatas ni planes. Además de que el primer día Ana ya dejó muy claro que ella no quería caminar mucho, así que dejamos de lado la ruta de 6 km que podríamos haber hecho y nos dedicamos a estas otras cosas.

Pasear y bañarnos en el río

Los tres días caminamos por el río. Lo normal era que el agua a mí me llegara por debajo de las rodillas y, en algunas zonas subiera un poco por encima de ellas. Aunque claro, ¡para ellas era ya casi la altura del ombligo!. Y en las zonas que cubrían más, siempre encontramos un camino que bordeaba esa zona por la orilla entre matorrales.

Por todas las zonas de río donde estuvimos encontramos varias pozas, tanto naturales como artificiales creadas con unas cuantas rocas apiladas para contener un poco el agua. Y sí, me propuse bañarme todos los días: que el agua me cubriera los muslos no era apenas problemático, pero de ahí para arriba tenía que hacer un buen esfuerzo para meterme. Eso sí, me sentaba genial para refrescarme y para descansar las piernas. El primero de los días un buen número de peces me acompañó durante el baño.

Lanzar piedras al río

Todo un clásico con niños y niñas, claro. De hecho, fue lo primero que hicieron en cuanto nos acercamos al río. Cogieron piedras y empezaron a lanzarlas. Un día estuvimos jugando a ver quién le daba más veces a un palo que había en el río y otro día a ver quién lanzaba la piedra más lejos.

Y mientras estábamos lanzando piedras una vez, a lo lejos divisamos unos cuantos patos. Nos acercamos caminando, pero antes de que pudiéramos estar lo suficiente cerca para verlos, se metieron a los matorrales.

Lo de la foto torcida es obra de Ana, que quiso hacernos fotos mientras lanzábamos piedras al río Emma y yo

Recolectar moras

Aún recuerdo lo feliz que fui al ver las primeras dos moras en una zarza y cómo las cogí con mucho cuidado y se las di a Emma y Ana para que las comieran. Conforme íbamos descubriendo más zarzas, la cantidad de moras que íbamos cogiendo iba aumentando. Al principio nos las comíamos todas, pero pronto la recolección superaba a la ingesta, así que las fuimos metiendo en una bolsa.

Los dos últimos días pudimos desayunar un buen plato de moras (como el de la foto) con vistas a la montaña. Delicioso.

Ruta por la montaña

Si eres apasionado/a del trail o del senderismo por montaña, en esta zona tienes varias rutas para elegir. Edu eligió una ruta de 20 km que le llevó hasta el pico Mentiras.

Nuestro alojamiento

Por la zona hay multitud de alojamientos, así que seguro que no tienes problema en encontrar alguno que se adecúe al número de personas con el que vayas y tu situación particular. Nosotros optamos por Casa Rural África porque tenía disponibilidad (por la situación del covid, preferimos esperar hasta última hora para reservar) y buen precio.

Resultó que el río pasaba casi por la puerta de la casa rural y lo primero que hicimos al llegar fue ir a la orilla del río a comernos los bocadillos que habíamos llevado. Y de postre moras 🙂 ¿Os he dicho ya lo que me gustan?

El alojamiento fue muy cómodo, amplio y con una zona exterior para nosotros solos donde poder desayunar todas las mañanas al sol. En la zona común había columpios, una mini piscina (ya vacía) y mucho espacio con árboles y bancos, que aprovechamos en un momento de descanso para ponernos a pintar con acuarelas.

Dónde comer

Por donde estuvimos, el pueblo más cercano y no pequeño es Yeste (unos 2.700 habitantes) y ofrece algún sitio para comer. Pero nos quedaba a 25 minutos en coche de nuestro alojamiento.

En el pueblecito de Los Giles hay una pequeña tienda de alimentación con las cosas básicas, incluyendo fruta, verdura y pan.

Y lo que nos encantó fue el restaurante del Camping del Río Tus, de los mismos dueños que los de nuestra Casa Rural África. De ninguna manera esperaba yo encontrarme ese tipo de comida en medio de la sierra. Era comida elaborada, con opciones para todos los gustos, ¡hasta había un menú vegetariano! A mediodía solo ofrecen menú del día o comidas para llevar y por la noche puedes pedir a la carta. Tenía una relación calidad precio buenísima. Te aconsejan reservar antes de ir para no quedarte sin sitio.

Os dejo con unas fotos de tres cosas que pedimos, que casi no llego a hacer la foto porque todo tenía tan buena pinta que yo solo pensaba en comer. La ensalada con la que aparezco fue lo que me pusieron de primer plato del menú vegetariano. Yo ya no necesité comer más, de hecho, las migas que pedí de segundo plato me las llevé para comerlas al día siguiente.

Como ya dije al principio del artículo, fue un viaje muy tranquilo y apto para ir con niños y niñas de todas las edades, solo hay que adaptar los planes en función de lo que cada familia quiera o necesite. Espero que hayas disfrutado de las fotos y de la lectura.

¡Un abrazo!

Marta

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34 años buscando, ¡y por fin te encontré!

34 años buscando, ¡y por fin te encontré!

Me recuerdo probando varias actividades: tenis, baloncesto, tocar la guitarra, ajedrez, aerobic, correr, pádel… Yo sé que llevaba toda la vida buscando encontrar mi hueco, algo en lo que yo me sintiera bien y con lo que me sintiera brillar por dentro. 

De pequeña mis padres me dijeron que no me apuntaban a ballet (sobre todo por el trabajazo que suponía preparar todos los trajes con los que salían en los festivales de las academias), pero yo ya sentía que el baile me removía. Cuando veía algo de ballet, gimnasia rítmica, patinaje artístico o natación sincronizada en la tele, no había quien me despegara. Ya de más mayor empecé a ver esos concursos de EEUU en los que grupos de jóvenes bailaban coreografías perfectamente sincronizadas y me quedaba embobada y pensando: qué pena que yo no haya podido hacer esto, me habría encantado. 

El primer acercamiento

Mi primer acercamiento al baile llegó en Murcia, cuando asistí a unas pocas clases de danza del vientre que me gustaron tanto que, al llegar a trabajar a Heidelberg, Alemania, me apunté a esta disciplina. Durante todo un curso estuve aprendiendo y hasta participé en el festival de fin de curso, tanto de forma individual como grupal. Ese año también bailé con una amiga en un acto de la universidad. Nos invitaron para bailar sevillanas, que yo aprendí con ella a toda prisa.

Yo en la actuación de danza del vientre en 2007

La llama se encendió

Esas dos experiencias en el escenario me hicieron saber que todas las células de mi cuerpo necesitaban seguir viviendo el baile. Pero, al volver a Murcia, me costó encontrar un sitio donde seguir. Primero tenía un trabajo que me dejaba muy poco tiempo libre, luego me apunté a danza del vientre y las clases se cancelaron porque la profesora se mudaba, después bailé tango con Edu y las clases se volvieron a cancelar por poca asistencia, también asistí a clases de baile moderno, pero fui yo la que las dejé después de 2 años porque había demasiada charla, poco baile y, en los festivales de fin de curso, me gasté bastante más dinero del que a mí me habría gustado, así que terminé dejándolo.

Parones por maternidad

Me quedé embarazada de Emma en 2012 y empezó mi gran parón de baile y de deporte. Hasta que gracias al aborto de Sara (puedes leer la historia aquí) en 2015, lo retomé: me apunté al gimnasio, hice varias cosas y, cuando me quedé embarazada de Ana, entonces practiqué zumba hasta mis 6 meses de embarazo y aquazumba y fitness acuático después hasta 8 h antes de ponerme de parto. Estoy convencida de que haberme mantenido tan en forma durante el embarazo me ayudó muchísimo en el parto, que viví de forma muy positiva y disfruté.

Crecer gracias al baile

Así que el 7 de junio de 2016 empezó otro parón hasta que, en septiembre de 2018 retomé el baile porque todas las células de mi cuerpo me pedían bailar. Una buena amiga me habló de Murcia Dance Center y allí que fui a empezar clases de Dancehall. ¿Por qué ese estilo? Porque era el que mejor me venía por horario. Y, afortunadamente caí en un estilo musical que me encanta, que tiene mucha historia detrás (otro día os la cuento) y con una profesora maravillosa: Meri. 

Menudo subidón verme en una clase con jóvenes que bailaban TAN bien. De repente estaba en un grupo en el que podía hacer eso que yo veía en la tele (a mi nivel, claro) y que yo había pensado que no iba a poder hacerlo en la vida. 

Y aunque esté entusiasmada por haber encontrado este tipo de baile, fue (y es) un aprendizaje brutal para mí: estoy acostumbrada a que, en general, el deporte se me dé bien y que mi progreso sea notable en poco tiempo. Sin embargo con Dancehall no fue así, me costaba seguir el ritmo y me olvidaba de las rutinas o coreografías que habíamos hecho nada más salir por la puerta de la clase. Además veía lo bien que lo hacían los demás y a mí me daba algo de vergüenza (por mucho que sepa que cada uno tiene su proceso y que no debo compararme), pero no desistí y seguía esforzándome en cada clase. 

Mi profesora Meri, fotos hechas por mí

Recuerdo que un día Meri me llamó por mi nombre y yo me sorprendí porque nunca se lo había dicho a nadie de la clase. Me di cuenta de que no estaba pasando desapercibida a pesar de que yo me sentía un bulto torpe. Y otro día, cuando me presté voluntaria para repetir una coreo delante de la clase, hasta me animó. Y eso significó mucho para mí porque, a pesar de no llegar ni de lejos al nivel de los demás y de doblarles la edad a casi todos, me trató como una más. Me sentí muy bien y me dio alas para seguir confiando en mí y seguir trabajando

Ese año no participé en el festival: para sentirme segura encima del escenario habría tenido que ensayar muchas más horas de las que yo creía que tenía disponibles, así que preferí no agobiarme.

Nueva etapa en Same Wave Studio

Y el siguiente año, en septiembre de 2019, Meri abrió su propia academia de baile: Same Wave Studio, donde me sentí muy arropada, me sentí parte de un grupo, noté que había evolucionado y estaba dispuesta a vencer mi miedo a salir en el festival, pero llegó el coronavirus y ese nuevo hito tendrá que esperar. 

En Same Wave Studio he seguido en las clases de Dancehall con Meri, que han seguido siendo maravillosas por cómo es ella, cómo explica, cómo anima y cómo transmite; y he probado Comercial con Mari, otro estilo que me encanta, aunque estoy todavía en la fase de “no llego, no llego, no llego”. También he bailado algún taller con Adrián, otro de los profesores de la academia, al que le digo que ojalá me cuadre pronto poder asistir regularmente a sus clases porque tiene una forma de bailar y de explicar que me transmiten muchísimo. 

Esta ha sido hasta ahora la historia del baile en mi vida. Estoy deseando retomar las clases, son un ejercicio de superación personal tan importante para mí a nivel mental y físico que estoy totalmente enganchada.

Adrián y Meri, verles bailar juntos es un verdadero placer

Si me lo permites, una sugerencia para ti

Y como conclusión me gustaría compartir contigo que creo que todos tenemos un deporte que nos hace vibrar y brillar. Recuerdo a mi hermana probando muchísimas cosas y llegando a la conclusión de que a ella no le gustaba el deporte. Sin embargo, cuando llegó a la universidad y se abrieron más posibilidades para ella, probó aikido y se quedó prendada. Y ahora viviendo en Alemania está entusiasmada con el yoga. 

Así que te animo a que, si no has encontrado aún tu deporte, lo busques porque lo que vas a sentir por dentro de tu cuerpo, merece la pena.

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¿Y a ti te gusta lo que ves en el espejo?

¿Y a ti te gusta lo que ves en el espejo?

Cuando nació la fotografía, la gente se admiraba de poder ver plasmado el mundo sobre papel. Incluso era un lujo poder acceder a que te hicieran un retrato. 

La fotografía fue evolucionando y las cámaras se hicieron accesibles a muchas personas, con sus carretes de 24 o 36, que hacían valorar cada toma que hacían y cada fotografía en papel que llegaba a las manos de cada persona o familia. 

La fotografía siguió evolucionando y llegó al mundo digital, que fue un avance inmenso y, a la vez, quizás un retroceso para la imagen de la mujer. Y es aquí donde yo quería llegar,

¿cómo te ves tú al mirarte al espejo?

Creo que intuyo tu respuesta: no me gusta mi diente torcido, mis orejas son muy grandes, mejor no hablemos de mi pelo, anda que el lunar que tengo yo aquí, ¿y qué me dices del culo que se me quedó después de haber estado embarazada?… Seguro que no hace falta que siga porque ya sabes por dónde voy. 

Ahora quiero hacerte otra pregunta. En el caso de que tengas hijos o hijas, ¿qué te cuentas cuando les miras? Voy a seguir intentando averiguar tu respuesta: qué guapo es mi hijo, mira qué pestañas tan largas tiene, ¿has visto qué mollas le salen a mi bebé en los muslos? ¡me las comería!, y esos labios tan carnosos que tiene, o vaya rizos tan preciosos…

¿Te has dado cuenta de la diferencia que hay entre lo que te cuentas cuando te miras tú al espejo y lo que te cuentas cuando ves a tu hijo o hija al espejo? ¿Por qué somos así de crueles con nosotras mismas?

Pues sí, hemos visto imágenes de tantas mujeres aparentemente perfectas y hemos escuchado tantas veces aquello de: eso con un poco de Photoshop se arregla, que hemos dejado de vernos como las mujeres imperfectamente perfectas que cada una de nosotras somos. 

Y cuando alguna mujer me ha pedido que le retoque específicamente alguna parte de su cuerpo, primero me enfada y luego me entristece. ¿Por qué queremos transformar una imagen de quienes somos en alguien que no somos? ¿Acaso nos gustan las mentiras y no serían esos retoques, por leves que sean, otra forma más de engañar? 

Quizás tú piensas que es fácil para mí hablar de aceptarse porque la genética me ha favorecido. O quizás piensas que qué prepotente soy por proclamar aquí por escrito que me considero una mujer guapa. Y claro que yo también me veo ¿imperfecciones? ¿partes que no me gustan?, pero alguna vez a mí me han pasado por el filtro del Photoshop y, cuando me han entregado esa imagen, no me he visto yo, veo a alguien que se parece a mí, quizás con una cara y un cuerpo más limpios o perfectos o pon aquí el adjetivo que se te ocurra, pero no soy yo.

Tengo 37 años y tengo arrugas de reírme, mi piel no es la que era hace 20 años, mis tetas han caído un poco en parte creo que por amamantar y en parte creo que por haber adelgazado tanto, mi ombligo tiene una pequeña hernia y ya no está tan dentro como antes de mi último embarazo, un colmillo lo tengo más salido que el otro, a veces levanto una ceja más que otra… Y, me guste más o me guste menos, yo soy así ahora. 

¿Y qué pasaría si te hablaras distinto?

¿Qué pasaría si, cuando te miras al espejo, en lugar de contarte y machacarte con todo aquello que no te gusta, te dijeras: qué ojos tan bonitos tengo, mira qué brazos tan fuertes se me han puesto de coger a mi hija, ¿y estas tetas que antes me parecían pequeñas y ahora las veo perfectas porque han amamantado?, me encantan mis piernas… 

Es que estoy segura de que todo lo que ves cuando ves a tu hijo o hija no es perfecto, también sabes que tiene una cicatriz en medio de la frente, o que le están saliendo muchísimas pecas, o que tiene el pelo liso,… Y estos rasgos o características no los ves como un defecto aunque te gusten menos que otras partes de su cuerpo, sino que los aceptas como parte de ellos/as mismos/as y sobre todo te fijas y alabas aquello que te encanta y te llama la atención cada vez que les ves. 

¿Y qué pasa con la edición de las fotos entonces?

Por todo esto que te cuento, yo no uso la edición de mis fotografías para mejorarte ni para cambiarte, uso esa herramienta para hacer un retoque global de la imagen, para hacerte destacar a ti y a tu familia sobre el fondo, para potenciar la belleza de lo que ya hay, y no para disimular u ocultar las supuestas imperfecciones o defectos que tú te ves. 

Eres perfecta tal y como eres, tú no necesitas edición ni retoque, más que el que la vida misma te trae (que bastante es).

 

¿Podemos, mujeres, empezar a vernos a nosotras mismas con el mismo filtro con el que vemos a nuestros hijos e hijas?

Me encantaría que me contaras cómo es tu visión con respecto a este tema: en comentarios, por email,… ¿te animas?

 

 

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Varias cosas que he hecho por primera vez esta cuarentena (II)

Imagen de una planta de mi casa

Varias cosas que he hecho por primera vez durante esta cuarentena (II)

Como te decía en el artículo anterior, estoy teniendo días de todo: a veces me siento muy productiva y otras veces me gustaría avanzar en el tiempo para que haya terminado todo y hayamos vuelto a la normalidad de verdad (no a la "nueva" normalidad). No quiero pensar mucho, es decir, no me permito darle muchas vueltas a cuándo podré ver a mis amigos o a mi familia, o a cuándo podré volver a bailar en la academia. A veces me vienen las preguntas y me contesto: ya lo sabré con el tiempo. De algún modo, esto es como cuando estás en la recta final del embarazo: sabes que vas a tener a tu bebé, pero no sabes cuándo ni cómo. Pues un poco así es esto: sé que volveremos a poder salir todos a la calle, a trabajar, a bailar, a ver a la gente, pero ni sabemos cómo ni sabemos en qué condiciones. Así que solo queda pensar en el hoy y, en función de nuestras circunstancias, intentar disfrutarlo y sacar lo positivo.

El artículo anterior se me quedó corto en las cosas que nunca había hecho antes de esta cuarentena. ¡Aquí va la segunda parte!

He ayudado a mis hijas con las tareas del cole

Llega el lunes por la mañana, recibimos las tareas del cole. Para Ana, 3 años, son solo propuestas. Para Emma, 6 años, es recomendable que las haga. En general, son tareas que ya han hecho en el cole y, como ella dice: “esto está chupao”. Pero aún así, tengo que ir ayudándola a desgranar toda la información, a ir abriendo los vídeos que le proponen ver, a explicarle cómo funciona algún programa de juego… Reconozco que, en nuestro caso, no son muchas cosas y, conforme van pasando las semanas, me está siendo más fácil organizarlo, pero las dos o tres primeras semanas para mí era un caos.

Lo que le sugerí a Emma al “comenzar” este tercer trimestre, fue hacer las tareas de forma oral (las que se podían), en parte porque no hemos podido imprimir nada y en parte porque así va más rápido y tiene más tiempo para jugar con su hermana, que es lo que a ella de verdad le apetece. Ella misma me ha confesado que sí le gusta hacer tareas pero lo que quiere es hacerlas en el cole, no en casa. Y la entiendo. Seguro que a más de un adulto le ha pasado lo mismo con el teletrabajo, que le gusta, pero que prefiere hacerlo en la oficina con sus compañeros y su verdadero ambiente.

He tenido clases online de baile

La verdad es que esto nunca pensé que lo haría. Cuando empezó la cuarentena, bailaba todos los días a mi bola en casa. Lo necesitaba para dejar de darle demasiadas vueltas a todo, para mantenerme en forma y para sentirme mejor. ¡Lo que no esperaba es que los profes de la academia iban a organizarse para dar clases online! Las dan a través de directos de Instagram. Al principio parecía un poco raro, sobre todo porque yo estoy acostumbrada a bailar detrás de la profe y no viéndola de frente. Pero enseguida me acostumbré y disfruto mucho de las clases. Nos enseñan coreografías cortas porque obviamente es más difícil enseñar a través de una pantalla que presencial, pero a mí me sirve para ensayarlas más, ¡e incluso atreverme a colgarlas en Instagram!

He hecho videollamadas con amigas

Y resulta muy raro, amigas a las que veía con frecuencia, incluso todos los días en el cole, amigas que viven a escasos kilómetros de mí, con las que sería muy fácil quedar en un parque... Y no, nos hemos visto por videollamada. ¡¡Y nos ha sentado genial!! Se nos han quitado malestares físicos y emocionales solo por estar un rato hablando entre nosotras, incluso nuestros hijos se han visto a través del ordenador y ha sido una experiencia muy chula.

He plantado ajos y lechugas

Pues sí, ¡como lo lees! He plantado ajos, lechugas y pimientos por primera vez en mi vida. Con la intención de que broten, crezcan y que me los pueda comer, claro. Y he usado de "macetas" tetrabricks de leche, hueveras y latas vacías.

Desde hace un año estoy intentando crear un huerto urbano en mi casa, de momento he tenido mucho éxito en el aprendizaje de errores y poco éxito en las cosechas, pero gracias a Marta de Plantea en verde estoy aprendiendo muchísimo. Si te interesa, ve a su web donde comparte un montón de recursos gratuitos para iniciarte y varios cursos por si quieres avanzar más.

Estaba yo agobiada al principio de la cuarentena pensando en que cómo iba a empezar a plantar semillas si no tenía suficientes macetas, y entonces llegó Marta a mi rescate con un vídeo en el que daba consejos para empezar un huerto con materiales que ya tenemos por casa: desde las "macetas" que os he comentado arriba hasta saber cómo hacer rebrotar lechugas de las que ya tenemos en casa, o cómo coger semillas de tomates y pimientos para plantarlos de cero.

Estoy ilusionada por la nueva fase en la que ha entrado mi huerto este año y ¡espero cosechar menos errores y más frutos!

He estado un mes sin salir de casa

Literal. 31 días sin salir. Claro, como muchos, ya lo sé, y como muchos será algo que no habíamos hecho nunca antes. Igual que aplaudir todos (o casi todos) los días a las 20 h, y saludar a la dueña del herbolario de ventana a ventana. He sido clienta suya durante cuatro o cinco años y no sé cómo se llama. Cuando pueda volver a su establecimiento, le preguntaré cómo se llama, ella y su marido, al que también he saludado desde la ventana.

El día 32 tuve que salir a la farmacia. Fue mi primer contacto con la nueva realidad: mascarilla, guantes, respetar la distancia, ver las colas fuera de los establecimientos... También otra cosa que nunca antes había hecho.

¡He comenzado yoga!

Y lo pongo así entre exclamaciones porque estoy emocionada. Era algo que siempre estaba en mi lista de "algún día". Como hace unos meses estuve buscando leggins para bailar por internet, ahora me saltan en el móvil muchísimos anuncios de yoga: tanto de ropa como de cursos y apps para practicarlo.

Yo sé que de lo que no puedo prescindir en mi vida ahora mismo es del baile, lo necesito para recargarme y para ser más feliz, así como para mantenerme en forma. Así que el tiempo que dedicaba antes al deporte era para bailar. Ahora también dedico varias horas a la semana a bailar con las clases online, ensayando las coreos y bailando por mi cuenta, pero un día vi un anuncio de una app gratuita durante un tiempo limitado y decidí descargármela.

¡¡Y me está gustando!! Puedo seleccionar muchas cosas: el tipo de práctica, si quiero trabajar alguna zona de mi cuerpo en concreto, la duración... Sobre todo estoy trabajando la flexibilidad porque me noto muy estancada con algunos movimientos. Creo que una práctica continuada me puede llevar a mejorar bastante. Pero además está la sensación que tengo en el cuerpo al terminar: estoy físicamente cansada, pero a la vez mi cuerpo está más activo y menos bloqueado.

¡¡Espero que esto no se quede en un "hice yoga durante la cuarentena y luego nunca más"!!

No tengo planificada una tercera parte de este artículo, pero quién sabe, igual todavía da para más en un futuro próximo. Si es así, te mantendré informada ?

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Varias cosas que he hecho por primera vez esta cuarentena (I)

Fotografía de la luna rosa del 8 de abril

Varias cosas que he hecho por primera vez esta cuarentena (I)

Llevo 46 días en casa y debo confesar que no me parecen tantos. O quizás es que he encontrado bastante comodidad en esto de no tener que estar pendiente del reloj ni tener prisa para absolutamente nada. Por supuesto, ojalá no hubiera pasado esto, pero teniendo en cuenta que mi situación personal es afortunadamente buena, he intentado verle el lado positivo a tantos días en casa. Y, aunque he tenido, como todos, días en los que me habría quedado bajo el edredón de la cama queriendo despertarme de la pesadilla, ha habido muchos otros en los que he hecho cosas que nunca antes había hecho en mi vida. ¡Y me apetece compartirlos contigo! Allá van:

Me he permitido descansar

En otros momentos, cuando estoy cansada, o bien no puedo permitirme descansar porque tengo que atender a mis hijas, o bien no me lo permito yo misma porque pienso que debo hacer otras cosas, creo (erróneamente) que el descansar puede esperar. Sobre todo al principio de la cuarentena, al tener que lidiar con tantísimas emociones, además de estar resfriada, más el cansancio acumulado, dormí muchísimo: por la noche y las siestas. Y sí, tiraba de dibujos animados para poder dormir y descansar, y no me sentía mal por ello, porque yo de verdad lo necesitaba.

Después no he necesitado tanto dormir, pero sí me he permitido descansar mucho más haciendo nada muchísimos días esta cuarentena.

Mis pijamas han sido mis grandes amigos

Cuando yo estoy en casa, estoy en pijama. Hace tiempo que minimicé mi ropa y decidí que no necesitaba ropa de casa y ropa de dormir, que prefería tener ropa de dormir bonita y cómoda que me sirviera también para estar en casa. Y claro que he estado tiempo en pijama en casa, pero nunca había estado tantas horas seguidas ni tantos días seguidos con pijama.

Para mí, estar en pijama no significa estar apática, simplemente significa que me encuentro cómoda y preparada para cualquier cosa que quiera hacer en casa. Y claro, a veces me da por hacer limpieza profunda o por ponerme a bailar y tengo que cambiarme de pijama después de la ducha. Pero ya te digo que para mí, estar en pijama, es un gran placer y no me limita mi actividad.

He hecho deporte con Emma en casa

Dentro de las tareas del cole de Emma, nos sugirieron varios enlaces de youtube donde podíamos encontrar ejercicios para hacer en familia. Y casi todos los días nos poníamos a hacer deporte juntas. A veces incluso dos veces al día. ¡¡A mí me salieron agujetas!! Y la verdad es que me sentaba muy bien, me ayudaba mucho a mover la energía en mi cuerpo, a sentirme mejor conmigo misma y a divertirme con mi hija.

Supongo que a estas alturas ya tendrás un montón de recursos tú misma, pero te dejo aquí nuestros favoritos:

Yoga a través del cuento de Frozen: una mujer va contando el cuento de Frozen mientras va sugiriendo posturas de yoga. Es muy dinámico, dura media hora y Emma y Ana se lo saben de memoria.

– También del mismo estilo que el anterior, tenemos el cuento del pez Squish y el cuento de los Trolls.

– En este vídeo un papá, junto con su hija al final del vídeo, propone una serie de ejercicios.

– Y en este vídeo, dos muñecos con forma de niños van haciendo también una serie de ejercicios.

Hemos jugado al Dixit en familia

A mí me encantan los juegos de mesa y, desde que Emma era bien pequeña, empecé a buscar juegos que le pudieran gustar y con los que la pudiera ir iniciando en este mundillo. Ya tenemos varios, cooperativos, de cartas, competitivos… adaptados a sus edades y nos gusta mucho jugar a ellos.

Uno de los primeros días de la cuarentena, pensé en probar uno que recomiendan a partir de 8 años, pero que me parecía que podía ser interesante con ellas a pesar de tener 3 años y muchos meses y 6 años y medio. Y ese juego fue el Dixit, compuesto solo por cartas con imágenes (también tiene unas fichas de puntuación, pero nosotros no las usamos). Cada jugador recibe 6 cartas y, el que empieza, pone una carta en el centro boca abajo diciendo una palabra o frase o sonido que le haya sugerido la imagen de esa carta. Los demás jugadores deben buscar entre sus cartas alguna que se adecúe a esa palabra, frase o sonido que ha dicho el primer jugador. Luego se mezclan, se muestran a todos y cada uno elige cuál cree que es la carta que mejor ilustra la palabra, frase o sonido que dijo el primer jugador. El objetivo del jugador que ha dicho la palabra es que algún otro jugador se la adivine, pero que no sea tan evidente como para que se la adivinen todos. Y los demás jugadores tienen que intentar despistar con sus cartas y que se las elijan.

La primera vez que jugamos, debo reconocer que ambas fueron muy creativas y nos sorprendieron. Pero luego, los temas se han ido viciando y ha perdido bastante interés, así que hemos ido espaciando jugar al juego. Eso sí, conforme vayan creciendo, ¡el juego promete!

He cocinado arroz con verduras

Hace año y medio me di cuenta de que no me gusta cocinar. Me gusta preparar ensaladas o algo así especial esporádico, pero no me gusta tener la obligación de cocinar todos los días. Así que la solución para no pasar mucho tiempo en la cocina, ha sido simplificar al máximo las comidas. Y el arroz lo hacía blanco y cada uno se lo condimentaba como quería: Emma y Ana con caballa, atún, queso o pesto, nosotros a veces con ensalada, a veces con atún, a veces con aguacate, tomate y orégano… Pero me apetecía a mí probar a hacer arroz con verduras y me puse manos a la obra un día. Tenía pocas esperanzas porque cuando innovo algo en casa suelo obtener varios “no me gusta”, sin embargo, fue un éxito total. Y yo no cabía en mí de gozo. Tomé la idea de esta receta de Rosa Ardá, pero la varié porque no tenía menestra de verduras, no me apetecía pelar los tomates y le eché cúrcuma y curry en lugar del caldo de pollo o pastilla de avecrem. Es lo bueno de llevar ya tiempo cocinando con la Thermomix, que ya soy capaz de adaptar recetas a lo que a mi familia le va mejor.

He desayunado en la terraza

Este ha sido uno de mis descubrimientos de la cuarentena: desayunar en la terraza al sol. Si ha llovido y el suelo está mojado, me calzo las deportivas y me voy a sentarme al palet. No sé cómo no lo hacía antes. Empezar el día así, con una recarga de sol es maravilloso. Hemos tenido muchísimos días de lluvia, muchos más de los que estamos habituados en Murcia (o que yo recuerde) y, en cuanto sale el sol, salgo a la terraza a que me dé. Cuando la temperatura lo permite, me quito prácticamente toda la ropa para absorber todo el sol posible en mi cuerpo. Ahora, a finales de abril que estamos, ya no puedo estar tanto al sol porque me achicharro. Pero mi desayuno en la terraza al sol sigue siendo un imprescindible.

Y ahora también he añadido algunos días una práctica que te cuento en otro artículo para no alargar este demasiado.

Ahora es tu turno, ¿me cuentas algo que hayas hecho por primera vez en tu vida esta cuarentena? ¡¡Me encantará leerte en comentarios o en mi correo!!

 

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Sara

Sara

El artículo de hoy no tiene que ver con fotografía, aunque podría haber tenido que ver. 

Va sobre la pérdida gestacional que tuve entre Emma y Ana, no pretendo entristecer a nadie, sino aportar luz e información a este tema que parece escondido pero la realidad es que nos pasa a muchas mamás.

Diciembre 2014, las dos rayitas

Todo empezó con un embarazo buscado y encontrado, con una gran felicidad al ver las dos rayitas en la prueba de embarazo y con una gran sorpresa al saber que la fecha probable de parto de la que iba a ser mi segunda hija coincidía con la fecha probable de parto de mi primera hija (aunque luego nació 13 días más tarde): 31 de julio.

Febrero 2015, todo normal

Fuimos a una ecografia privada y la ginecóloga nos dijo que todo iba bien, que venía una niña sana. Sí nos dijo en algún momento de la ecografía que le había parecido ver algo raro en un pie, pero terminó diciéndonos que no teníamos que preocuparnos. Y, aunque muchas vueltas no le dimos, sí esperábamos que la ecografía de la semana 20 nos confirmara que iba todo bien. 

Después de pensar en Nora, Vera o Sara, nos decantamos por este último nombre: Sara.

17 de marzo de 2015, la noticia

Es cierto que yo no notaba moverse a Sara como a Emma, pero suponía que cada bebé es distinto y que no tenía por qué ser igual de movida que Emma. 

Fuimos al hospital a la ecografía de la semana 20, aunque no sé por qué motivo ya me dieron cita el día que cumplía mi semana 21. La cita era por la tarde y la ginecóloga que nos atendió revisó todo el cuerpo de nuestra bebé. Al terminar nos dijo de un modo muy amable, con muchísimo tacto y sin ocultar la verdad que nuestra bebé no había movido las extremidades durante toda la ecografía, que tenía los pies cruzados y las manos en forma de garras; que eran síntomas de que algo no iba según lo esperado. Sé que hablamos más, pero lo siguiente que recuerdo es estar con Edu fuera de la consulta, en el pasillo junto a dos ventanales intentando asimilar lo que nos acababan de decir y tomando la decisión de que no queríamos seguir dando vida a un bebé vegetal, por amor a ella, a nosotros y a Emma. 

Entonces entendí por qué yo notaba los movimientos distintos a Emma, porque lo que notaba era el movimiento de un bloque entero (es decir, de su cuerpo entero) y no de las extremidades dando esas lindas pataditas. 

Volvimos a ver a la ginecóloga y le preguntamos que cómo debíamos iniciar los trámites para abortar, nos dijo que debíamos volver a la mañana siguiente para realizar una amniocentesis. 

El siguiente recuerdo que tengo después de estar con Edu junto a los ventanales es estar llorando en el sofá de mi casa mientras le daba la noticia a mi madre (que se había quedado con Emma).

La (eterna) espera

Al día siguiente llegamos al hospital muy confusos, me hicieron la amniocentesis (físicamente no me dolió nada) y nos dijeron que nos darían los resultados el lunes 23 porque el jueves 19 era festivo (S. José) y el viernes 20 puente. La amniocentesis era necesaria sobre todo para saber si la enfermedad era hereditaria. 

Nos fuimos del hospital con mucho miedo, porque yo ya no pensaba en Sara, sino en Emma. ¿Y si era enfermedad hereditaria y Emma, que tenía año y medio, desarrollaba alguna otra enfermedad más tarde? 

Por la tarde volvimos al hospital, queríamos saber si podíamos empezar los trámites de aborto antes de los resultados de la amniocentesis. Y nos dijeron que ya no era posible porque tenían que hablar con el hospital de Madrid al que nos derivarían para el aborto, y eso solo era posible por las mañanas. Además, al ser festivo en Murcia al día siguiente, el hospital de Murcia estaba con el personal mínimo, por lo que tenía que ser el lunes 23 cuando empezáramos a formalizar los trámites del aborto. 

Cuando mostramos nuestra preocupación porque sabíamos que por ley no se permitían abortos a partir de la semana 22 y que el lunes yo estaría de 21 + 5, nos tranquilizaron diciendo que la autorización era la que tenía que llegar antes de cumplir la semana 22. 

Salimos del hospital frustrados de nuevo, impotentes por no haber reaccionado por la mañana para solicitar ya el aborto y por no poder hacer nada más. Yo quería que todo terminara cuanto antes, necesitaba a Sara fuera de mí, la notaba, veía mi barriga embarazada y todo era dolor emocional y ansiedad. No sé qué hicimos esos cuatro días en casa, pero sí sé que tener a Emma nos mantuvo ocupados y cuerdos, aunque la sombra del miedo por si ella también pudiera tener algún problema estaba siempre en el fondo de mis pensamientos.

La culpa

¡Cómo no! La culpa asociada a la maternidad: ¿qué habré hecho yo para que Sara tenga una malformación? ¿habré comido algo que la haya provocado a pesar de todo el cuidado que tengo? La culpa me persiguió mucho tiempo, incluso después de abortar y en el siguiente embarazo que tuve rocé la obsesión con la alimentación, a pesar de que ya entonces sabía que las malformaciones surgen en aproximadamente un 5% de embarazos de manera espontánea.

La aprobación

El lunes 23 fuimos al hospital a solicitar el aborto antes de la hora citada para recibir los resultados de la amniocentesis. Nos pidieron que esperáramos. Más espera, más agonía, más ¿y si no firman, y si no da tiempo, y si no…?… Hasta que nos llamaron a consulta, donde otra vez tuvimos que esperar. Entonces llegó un doctor y por mi mente empezó a pasar de todo: “nos va a decir que no hay motivo para abortar”, “no nos lo van a permitir”… Pero nos enseñó un papel: aquí tenéis la autorización con las dos firmas necesarias para el aborto: la de la doctora que realizó la amniocentesis y la mía. 

Volví a llorar, esta vez de alivio, ya teníamos el papel.

 

Los resultados de la amniocentesis

Todo indicaba que la malformación había surgido de forma espontánea, que no había ninguna causa genética. Más alivio y más llorar. Yo empezaba a ver luz, aunque aún quedaba proceso.

Viaje a Madrid

Nos llamaron de la clínica de Madrid diciendo que nos esperaban el miércoles 25 para una ecografía y el 26 sería el día del aborto. 

Viajamos el martes 24, nos llevamos a Emma con nosotros y mis padres se ofrecieron a acompañarnos para apoyarnos y para quedarse con Emma mientras nosotros estábamos en la clínica.

Durante todo este proceso, Emma fue clave para mí, dedicar mi atención a ella me permitía descansar de la situación que estaba viviendo. Y, por supuesto, me hacía hasta reír, es lo maravilloso de los niños, que siempre saben sacarte una sonrisa. 

El miércoles 25 por la mañana acudieron otra vez los miedos a mi cabeza: ¿y si me hacían la ecografía y decían que no había motivos para abortar? ¿Y si me decían que necesitaba algún otro papel?… Ese día cumplía la semana 22. Pero mis miedos se disiparon muy pronto cuando fuimos a la clínica, hablamos con la ginecóloga de allí, me hicieron otra ecografía y, finalmente, me mandaron para el hotel con unas pastillas que debía tomarme para ir reblandeciendo el cuello del útero.

 

26 de marzo de 2015, la separación

El jueves 26 acudimos a la clínica y comenzó el proceso de aborto. En la semana 22 de embarazo, los bebés miden casi 30 cm de cabeza a nalgas y pesan casi medio kilo. Así que el proceso de aborto se parece mucho a un parto: hay que dilatar el cuello del útero y expulsar al bebé. Sin embargo, una dilatación de 4 ó 5 cm es suficiente para expulsar a un bebé de esas dimensiones. La dilatación la provocaron mediante más pastillas, también me pusieron la epidural y, sobre las 15:30 noté que mi bebé estaba preparado para salir. Entonces vinieron las que me estaban atendiendo, me pusieron una sábana sobre las piernas y recogieron a mi bebé en una sábana y se lo llevaron. 

Sobre las 21 h, una vez que habían comprobado que yo estaba bien físicamente, me dieron el alta y regresamos al hotel donde nos alojamos. 

El arrepentimiento

Desde el momento en el que Edu y yo decidimos abortar, yo solo deseaba que se acabara el proceso, que Sara estuviera fuera de mí, creo que lo que yo intentaba era olvidar y borrar toda huella que me indicara que había perdido a un bebé. Un mes después del aborto, mi barriga todavía mostraba que había habido un bebé ahí, e incluso me encontré con una persona que me daba la enhorabuena por el embarazo porque no se había enterado de que éste ya había terminado. 

Aunque soy una persona positiva y, en todo momento, no paré de repetir que me sentía muy agradecida por los avances médicos porque habían detectado la malformación y me habían permitido abortar, el dolor en mi corazón estaba, y el vacío en mi útero también. 

Entonces decidí apuntarme al gimnasio, empecé a bailar zumba, a hacer otros ejercicios y debo decir que, muy pronto, me volví a sentir feliz y con ganas de buscar otro bebé. 

Sin embargo, durante el embarazo de Ana (mi tercer embarazo, mi segunda hija viva) aprendí muchísimo sobre emociones, incluso leí historias de mujeres que habían perdido a sus bebés de muy poquitas semanas y los habían enterrado en sus jardines. 

Y entonces pensé que yo podría haber elegido finalizar mi embarazo de otra forma: habría podido elegir coger a Sara cuando salió de mí, habría podido acercarla a mi pecho como hice con Emma y Ana, habría podido verla, olerla y agradecerle que me hubiera escogido como mamá, habría podido elegir quedarme su cuerpo para incinerarlo y esparcir sus cenizas en un lugar bonito para nosotros, habría podido elegir hacerme alguna foto con ella. En definitiva, habría podido hacerle la despedida que ella merecía. 

Aunque aún siguen acudiendo lágrimas a mis ojos cuando escribo o hablo del tema, y aunque me siga doliendo no haber sabido gestionar la despedida de otra forma, ya no lo digo con culpa, Edu y yo hicimos lo que supimos con la información que teníamos en aquel momento. Sé que poco a poco las historias de pérdidas gestacionales se están hablando y se están normalizando, y que no se tratan como fracasos ni como experiencias a olvidar, sino que estamos aprendiendo a convivir con ellas porque cada vez somos más conscientes de que son historias que suceden. Por eso he querido aportar mi granito de arena y contar mi historia, para aportar luz y hacer ver que hay distintas opciones a la hora de gestionar una despedida como la que yo pasé. Y ojalá a ti no te pase, ni conozcas a nadie que le pase, pero si sí te pasa o si sí conoces a alguien, espero que mi historia te ayude a gestionar la tuya o a dar información a tu conocida. 

Gracias, Sara, por haber venido a mi vida de la forma en la que tenías que venir, por haberme elegido como mamá. Gracias a que tú viniste, sé que yo estoy aquí y ahora, escribiendo estas líneas, feliz y orgullosa por la vida que vivo y la familia que tengo. Perdón por no haberte sabido despedir de otro modo y gracias por traerme uno de los aprendizajes más valiosos de mi vida. Felices 5 años.

 

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marta-ahijado

¿Cuándo fue la última vez que guardaste tus fotos?

¿Cuándo fue la última vez que guardaste tus fotos?

Todavía recuerdo la tristeza y el llanto que me entró cuando perdí las primeras fotos de nuestro viaje de novios a Tailandia. Mi intención era descargarlas de la cámara al iPad sin borrarlas de la tarjeta de memoria para tenerlas en dos sitios distintos. Sin embargo, al intentar hacerlo me salió un mensaje que contesté sin querer y que hizo que se borraran TODAS las fotos tanto del iPad como de la tarjeta. Como siempre me gusta ver el lado positivo de las cosas, solo se perdieron las fotos de nuestro primer día, porque esto me pasó en la primera noche. Pero desde luego que fue un gran aprendizaje para mí. 

Te voy a contar cómo lo hago yo por si te puede ayudar mi experiencia.

Las fotos de la cámara

Mi cámara réflex tiene dos ranuras para tarjetas SD. Y yo tengo dos tarjetas exactamente iguales metidas en función espejo, es decir, que lo que se graba en la tarjeta 1 se graba también en la tarjeta 2. 

¿Por qué hago esto y no aprovecho a tener más espacio disponible para fotos? Muy sencillo: las tarjetas que tengo habitualmente puestas son de 32 gb, que me permiten guardar más de 800 fotos en formato RAW. Y adicionalmente, tengo otras dos tarjetas de 16 gb de repuesto. Hasta ahora, no he necesitado nunca tanto espacio en un solo día. 

Al tener la función espejo, sé que se van a grabar dos copias simultáneas e instantáneas de cada foto que hago en dos soportes distintos. Es decir, que si una de las dos tarjetas se estropea por cualquier motivo, ¡tengo todavía la otra tarjeta con las fotos! 

Ya sé que no es habitual tener esta opción en la cámara, así que te sigo contando qué hago. 

En cuanto llego a casa y tengo el primer momento disponible, paso las fotos de la tarjeta al disco duro externo que tengo siempre conectado al ordenador. Y NO BORRO LAS FOTOS DE NINGUNA DE LAS TARJETAS.

 

Discos duros de seguridad

Tengo tres discos duros, uno en mi casa y dos fuera (uno de ellos en casa de mis padres). A menudo traigo a casa uno de los que tengo fuera y hago las copias de los archivos RAW, de todos los catálogos de Lightroom (para salvaguardar también todo el trabajo de edición) e incluso de los álbumes personales que hago. 

Una vez que este segundo disco duro vuelve a estar fuera de mi casa, entonces borro las fotos de las tarjetas de la cámara. 

El tercer disco duro, el de la casa de mis padres, es el que menos actualizo porque me suelo olvidar. Pero al menos sé que tengo muchas fotos ahí guardadas y no voy a perder todas las fotos de mi vida.

El móvil: fotos y vídeos

Reconozco que esta es mi debilidad. Han llegado a pasar hasta seis meses sin que copie los archivos del móvil al ordenador. También es cierto que las fotos que hago con el móvil son, para mí, menos “importantes” que las que hago con la cámara. Pero sí que hay algunas fotos de mi día a día con Emma y Ana que no quiero perder. Igual que los vídeos que les grabo de vez en cuando. 

Aquí hago la misma rutina que con la tarjeta de la cámara, solo que en lugar de cada vez que llego a casa es, “cuando me acuerdo” paso las fotos del móvil al disco duro externo del ordenador. Luego al disco de fuera y, cuando me acuerdo otra vez o cuando mi móvil empieza a colapsar, entonces hago limpieza de lo que ya tengo grabado.

La nube

Quizás muchos tendréis todo guardado en la nube (lo del móvil, ¿y lo de la cámara también?), pero yo todavía no me he actualizado en ese tema y lo tengo todo muy bien organizado por años dentro de los discos duros. Sé que llegará el momento de tener una copia en la nube, pero aún así, seguro que seguiré conservando una o dos copias en discos duros externos.

¿Y cuándo fue la última vez que imprimiste alguna foto?

Estamos en una época en la que fotos no nos faltan, siempre tenemos alguna cámara cerca e inmortalizamos cualquier cosa que nos llama la atención, nos hace reír o nos enfada. Por supuesto que tiene su parte positiva, pero la negativa es que acumulamos de más. Y luego nos da una pereza tremenda ponernos a bucear entre tantas fotos. 

Yo borro fotos por tandas, es decir, que de una tanda de 10 intento quedarme con las dos o tres mejores. A veces incluso termino por borrarlas todas porque si no terminan de gustarme, no me apetece ocupar espacio inútilmente. 

Y, aunque voy más lenta de lo que los años van pasando, también estoy imprimiendo álbumes de mis fotos personales. A Emma y Ana les encanta verlos, verse de más pequeñas y volver a recordar cosas que les pasaron. 

También estoy colgando muchas fotos en casa de nosotros y de paisajes. Incluso en la puerta de entrada, encima del timbre, he colocado alguna foto para hacer la espera más amena mientras vamos a abrir la puerta. 

Y, sinceramente, rodearme de fotos en papel que puedo tocar y observar detenidamente, me emociona y alegra el alma.

 

¡Gracias por leerme y hasta pronto!

Marta

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marta-ahijado

Un trabajo íntimo y personal

Un trabajo íntimo y personal

Desde hace 5 años, Victoria Peñafiel, fotógrafa de recién nacidos y familias en Barcelona, propone un reto al que llama Febrero sin edulcorantes y que se trata de subir una foto al día a Instagram sobre la vida real, sin edulcorar. Y recalca bien grande: “Sube una foto al día, sin pensar en el qué dirán. Suéltate. Sé tu mism@”. 

Y bueno, yo me hago autorretratos desde hace bastante tiempo, pero nunca me he atrevido a mostrarlos por miedo al qué dirán y porque hay mucho de mi alma en cada uno de ellos. Que ya sé que los demás no veis tanto como yo creo, o lo interpretáis según vuestra propia experiencia, pero no deja de ser, para mí, un ejercicio muy íntimo en el que muestro una faceta distinta sobre mí. Así que, venciendo miedos y, como dice Victoria, sin pensar en el qué dirán, me lancé.

Cada día, he recibido un email de Victoria con el tema que proponía para fotografiar (aunque podía ser libre). Yo quería seguir un hilo conductor, que siempre saliera yo en una de las habitaciones de mi casa que antes odiaba porque “no tenía luz” y ahora amo porque la forma en que entra la luz me flipa. Y no quería edulcorar, es decir, no he pensado en cambiarme de ropa o quitarme la goma del pelo de la muñeca para que la foto quede más bonita, he trabajado con lo que tenía en el momento en el que me ponía a hacer la foto. 

Y aquí tenéis el resultado. Os pongo foto, tema en mayúsculas y luego el comentario que iba añadiendo a cada fotografía en Instagram. 

DÍA 1. YO. ⁠

Yo, Marta. ⁠ ⁠

Yo, 36 años. ⁠ ⁠

Yo, que cuanto más me conozco, más sé que me queda por conocerme. ⁠ ⁠

Yo, cierro los ojos y me dejo llevar. ⁠ ⁠

Yo, siento con el alma. ⁠ ⁠

Yo, vibro con el corazón. ⁠ ⁠

Yo, aquí y ahora, escribo y fotografío por mí y para mí. ⁠ ⁠ ⁠

DÍA 2. HOGAR. ⁠

Hogar son muchas cosas. Pero lo que me vino a la mente al leer el tema fue mi desayuno de prácticamente todos los días que me encuentro en algún lugar al que puedo llamar hogar. Copos de avena, cúrcuma, canela, coco rallado y avellanas remojados en bebida de avena. Lo dejo toda una noche en la nevera, lo saco al levantarme por las mañanas y lo dejo que tome temperatura ambiente. Justo antes de tomarlo le añado unos nibs de cacao y entonces empieza mi momento del día: lo disfruto cucharada a cucharada, la suavidad de los copos con el crujir de los nibs de cacao y las avellanas, distintas texturas, distintos sabores, todo bien mezclado. A ser posible sin interrupciones, en silencio o escuchando a alguien que me inspire y me haga conectar conmigo misma. ⁠

Hogar dulce hogar. ⁠

DÍA 3. GRIS. ⁠
Ni blanco ni negro, gris: mi ombligo, mi barriga. ⁠
El ombligo que se me quedó así después del embarazo de Ana, ¿blanco antes y negro ahora? No, porque antes Ana no existía, y ahora sí existe. Y mi ombligo me recuerda que tenerla dentro fue maravilloso, así que gris, ombligo gris. ⁠
Mi barriga que a veces amo y a veces me gustaría que fuera distinta. Gris, barriga gris. ⁠

DÍA 4. SUEÑO.
Hace poco una mamá puérpera me hablaba sobre lo poco que dormía su bebé y, por consiguiente, ella. Y yo pensaba en que he tenido mucha suerte, sobre todo porque tengo el superpoder de dormirme dando teta y casi en cualquier sitio. Porque realmente lo peor para mí de la maternidad es el no dormir cuando lo necesito. Y ahí es donde viene el doble juego que he interpretado con el tema de hoy: por un lado están los minutos y la de veces que mis hijas me interrumpen el sueño, pero por otro lado está el móvil.
Anoche me quedé hasta la 1 para subir las tres fotos que tenía pendientes de este reto y, ya que estaba en el ordenador, haciendo alguna cosilla más. Y luego me metí en la cama y todavía estuve un ratito con el móvil. “Solo un ratito”. Y cuando me voy a dar cuenta, igual llevo más de media hora pasando el rato, sin hacer nada de verdadero interés. Y claro, luego me falta tiempo de sueño. Entonces no son ellas las que me quitan el sueño, sino yo misma en un autoengaño por pensar que estoy en tiempo de autocuidado. Y no, con el móvil no siempre estoy autocuidándome, sino todo lo contrario. . .

DÍA 5. DEGUSTACIÓN
Hoy me lo he pasado genial haciéndome las fotos. Primero tenía una idea que no terminaba de funcionar, así que he terminado por abrir un paquete de nueces, buscar una entera e incluirla en la foto, porque lo mío con los frutos secos es degustación y amor puro. He pensado en coger una avellana, porque son mi fruto seco favorito, pero sabía que la textura de la nuez iba a quedar genial en la foto.
Y, lo creas o no, mientras escribo este texto, estoy comiendo nueces, que esta tarde haciendo la foto no me la comí porque ya me había lavado los dientes. . .

DÍA 6. SUCIEDAD
De toda la suciedad que hay que limpiar de mi casa, lo que más me gusta es poner lavadoras, tender, destender y doblar ropa.
Todo tiene su orden: primero buscar por casa si queda algo por lavar, hacer montones para lavadora de color o lavadora de blancos, tender las cosas de cada uno de nosotros cuatro en una parte del tendedero para que luego sea más fácil recogerlas. Al destender vuelvo a organizar por cada uno de nosotros y por tipo de prenda de ropa. Sé que para otras personas puede ser una tarea totalmente odiosa, pero para mí es puro placer. Y termino doblando mi ropa y la de mis niñas.
Es una tarea que me conecta conmigo misma y que disfruto. Incluso se me ocurren muchas buenas ideas mientras estoy tendiendo y doblando ropa. ¿Quién de aquí me ha leído horrorizada? ?

DÍA 7. MOVIMIENTO
Movimiento para seguir andando.
Para eliminar mente, historias y ruido.
Para bajar la energía.
Para poder bailar y sacar, sentir, disfrutar y amar.
A todo mi cuerpo gracias por permitirme fluir con todo lo que me mueve, sea físico o emocional, por avisar cuando me bloqueo y por liberarse cuando avanzo. . .

DÍA 8. CABEZAS
Pretendía hacer este reto sola, quería regalármelo a mí, como un curso de autoconocimiento explorado a través de la fotografía donde pudiera retarme a mí misma con cada tema y sin edulcorarme, sacando y mostrando lo que llevo dentro. Pero Ana se puso mala el sábado y apenas nos hemos separado desde entonces (publico esto el jueves, pero lo escribí el lunes). Me molestan los pezones de tenerla tanto tiempo enganchada a las tetas y me duele la espalda de dormir con ella en la teta o con ella encima de mí. Y nuestras cabezas están bien juntas en la mayoría de desplazamientos por casa.
La foto tiene el foco en un sitio distinto al que yo pretendía, pero así hago más honor al objetivo de este reto, porque hay días que son así, fuera de foco, borrosos…

DÍA 9. RELAX
Relax es estar en casa. Quitarme las lentillas y ponerme las gafas. Disfrutar de un libro o de decorar una casa en Design Home. Sin interrupciones. Puede ser tumbada entre Emma y Ana cuando ya se han quedado dormidas o en algún momento del día cuando juegan juntas y compenetradas.
Relax también puede ser otras muchas cosas, pero últimamente los libros me enganchan.

DÍA 10. TRABAJO

Cual cebolla voy quitándome capas. La incomodidad no es desnudarme físicamente, sino emocionalmente. Soy una pura cebolla, descifro mi capa externa, mi patrón externo y me encuentro con una capa más profunda y otro patrón si cabe más doloroso que el anterior.

Abrazo cada emoción que viene, me abrazo a mí misma, me descubro y avanzo. Y no es fácil, pero sé que es parte de mi trabajo como persona y como profesional, pero lo disfruto y me gusta porque siento que con cada capa que me quito me voy librando de expectativas, de historias y me permito ser mucho más libre y escuchar más a mi corazón.

DÍA 11. MIRADA

Intento tener una mirada positiva, sacar el lado bueno de toda circunstancia (o quedarme con el “podría ser mucho peor”). Me gusta que mi mirada esté rodeada de esas arrugas, significa que río mucho. No sé si a veces doy la apariencia de ser más seria de lo que soy, pero lo cierto es que me encanta que me hagan reír. Y si es hasta que me duela la barriga sin poder detener las lágrimas, mejor.

DÍA 12. ALBOROTO
Cuando acabo de sentarme en el sofá, o acabo de ponerme a contestar un WhatsApp, o acabo de ponerme a doblar ropa (ya sabéis, disfrutando del proceso y queriendo terminarlo sin interrupciones, jaja), o acabo de sacar trípode y cámara porque me apetece llevar a cabo esa idea que tuve el otro día… Entonces llegan ellas y me alborotan, me hacen cambiar planes, necesitan un rato de juego y contacto conmigo. A veces con unas cuantas cosquillas, unos cuantos abrazos y unos cuantos besos se dan por satisfechas y continúan a lo suyo y yo a lo mío. Otras veces, las que más, el alboroto continúa con algún juego algo más pausado.

DÍA 13. AUTOCUIDADO

Bailar es mi autocuidado por excelencia, creo que ya os ha quedado claro si me seguís desde hace un tiempo. Hay días que me frustro por no seguir el ritmo de la clase y otros días que salgo muy orgullosa de lo que he avanzado y he conseguido. El miércoles pasado fue uno de los días buenos, me lo pasé genial en las dos clases y conseguí bailar las dos coreografías casi enteras. Eso sí, ayer tenía agujetas en las piernas y hoy tengo agujetas en espalda y brazos. Y eso que cuando salgo de las clases parece que no he hecho tanto!
Cuando algún paso en concreto no me sale, me descubro en casa en cualquier momento o situación haciéndolo una y otra vez, primero lento y luego más rápido a ver si consigo que me salga a la velocidad adecuada.

DÍA 14. CORAZÓN

Estoy bien recogidita tras una coraza. Dudo si asomarme o no. Seguir a mi corazón significa mostrarme, hablar, salir, sentirme vulnerable. Y aparece el miedo. Pero, ¿miedo a qué? ¿Miedo a la crítica, miedo a fallar, miedo a que algo no salga bien? ¿En serio? ¿Y qué si algo de esto pasa? Sabré ponerle solución, ¿no?

Y vuelvo a mirar la foto y me veo los pies, y pienso: jo, qué raros y feos se ven mis pies desde esta perspectiva. Total, que vuelvo a la lección número uno, a reparafrasear: mis pies, gracias por cumplir tan maravillosa función de sostenerme y ayudarme a avanzar. ¿Conseguiré algún día amarme sin más?

DÍA 15. JUEGO
Cada vez tengo el pelo más largo y, en situaciones donde me siento cómoda, a veces me pongo a jugar con mi pelo.
Me ha hecho gracia que saliera este tema y a mi me viniera a la mente este tipo de juego porque durante varios años después de ser madre, llevé el pelo corto. Y cuando veía algunos autorretratos de mujeres, me gustaba el juego que les daba el pelo. Ahora soy yo la que juega con su pelo en los autorretratos y me está gustando ?
El fin de dejármelo largo ya no es estético, sino que pretendo donarlo cuando tenga los 35 cm necesarios (o 40 para cuando yo llegue, jeje).

DÍA 16. COMPAÑÍA
¿La mejor compañía? La mía.
Ya en 2006 cuando me fui con una beca Leonardo a Heidelberg, Alemania, aprendí que es necesario saber estar con una misma, que te hace salir de tu zona de confort y te permite conocerte mucho.
En mi caso, llegué a esa ciudad donde no conocía a nadie, donde en el piso en el que estaba no habían llegado mis compañeros y donde pasaban días en los que solo hablaba en mi trabajo. Cuando salía de la oficina me apetecía tener contacto con gente y un día me puse a observar a unos chicos jugar al volleyball a la orilla del río. Después de mucho debatirme conmigo misma, les pregunté si podía jugar con ellos. Y, desde entonces y hasta que me fui de Heidelberg, compartimos varios días de conversaciones y planes.

Aprender a estar conmigo misma me ayuda a estar más y mejor con los demás.

DÍA 17. SOMBRAS

Puedes no ver nunca tu sombra.

Puedes incluso no saber que existe.

Puedes quedarte atrapada en ella.

O puedes verla, sentirla, incomodarte, enfadarte y, al final, aceptarla.

Yo decidí hace tiempo que este último es mi camino. Porque entre tantas sombras y tanta incomodidad y tanto sentirme atrapada por algunos patrones y circunstancias, empiezo a ver la luz.

DÍA 18. DIGITAL

Las conversaciones, llamadas y audios por whatsapp

Encontrar información de manera inmediata

Acceder al significado de palabras con solo dos dedos

Hacer formación online

Aprovecharlo para exponer mis fotografías al mundo
Mi mundo digital al que estoy muy agradecida porque me facilita y, sobre todo, me alegra muchísimo mi vida.

DÍA 19. COLOR
Me descubro dándole color a mi vida. Ya no elijo el boli bic azul oscuro ni resalto lo que más me llama la atención con el boli bic rojo. Existen más colores, no solo los que usaba durante toda mi etapa de estudios. Y me apetece tener varios, para poder elegir.

Elijo ropa preferentemente de colores alegres: tonos amarillos y rojizos son mis favoritos.

Gracias a mis hijas me sumerjo de nuevo en el mundo de colorear y pintar, hasta creamos mandalas (o lo intentamos). A ellas les parece que el color marrón de su mesa es muy aburrido y han decidido decorarla.

Tras todos los colores, por muy mezclados que estén, siempre tengo un orden. Antes de pintar o escribir los coloco delante de mí, con las capuchas bien alineadas, uno al lado del otro. Puedo tenerlos desordenados, pero los disfruto más así todos juntos.

Y así, con mis colores y mi libreta, me conecto con mis Guardianas y mi viaje.

DÍA 20. PASEO
Sin ellos no sería posible.

Estando de pleno en mis días menos creativos del mes, no tengo más que aportar. ¡Buen viernes para todos! Y que os deis un buen paseo este finde ? yo voy a ver si me pierdo un rato entre melocotoneros en flor.

DÍA 21. REFLEJO
Nunca había intentado hacer este tipo de fotos con espejo. Ni siquiera sabía qué quería conseguir cuando me he puesto a disparar. Para más dificultad, Emma quería colaborar haciéndome las fotos, sujetando el espejo o haciéndose fotos ella misma. De todo lo que he disparado, me quedo con esta porque me dice algo, aunque aún no tengo claro qué. Y es muy posible que dentro de un tiempo, si sigo explorando en el mundo de los reflejos, me decida porque no es que no sepa qué me dice, sino que no me dice nada. En fin, que lo que ya os decía ayer, que quizás esto simplemente sea el reflejo de un día poco creativo.

DÍA 22. CUERPO
No sé si escribir para mí o escribir para mis vecinos, esos que se han mudado hace menos de un mes a la casa de enfrente y con los que apenas he cruzado tres palabras. Que no estoy desfilando por la habitación desnuda por mostrarme, ni mi pretensión es que me veáis, todo es culpa de la maravillosa luz que entra en esa habitación y de este reto de fotos. Y no, no puedo echar la cortina porque la luz dejaría de crear estos contornos con los que tanto estoy jugando en este reto de fotos. Así que bueno, si alguna vez me habéis visto, pensad que esto lo hago por amor a la fotografía y a mí misma, pero por nadie más.

DÍA 23. CREATIVIDAD
Ellas son las que manejan mi cámara, las que teclean en el ordenador y en el móvil, las que se abren y se cierran al compás de la música, las que hacen cosquillas, las que cocinan, las que sujetan el libro que leo, las que giran el volante y cambian las marchas, las que riegan las plantas y manejan la tierra, las que masajean mi cabeza mientras la lavan, las que colorean, las que escriben la lista de la compra, las que acarician.
Ellas, fuente de inagotable creatividad.

DÍA 24. BESO
El beso de buenas noches.
El beso de despedida.
El beso de todas las mañanas.
El beso que no di.
El primer beso en el portal.
El beso casto.
El beso fugaz.
El beso que rechacé.
El beso apasionado.
El beso interrumpido.
El beso en la mejilla.
El beso con lengua.
El beso que esquivé.
El beso equivocado.
El beso ansiado.
El beso en la frente.
Besos, como decía el canto del loco, eso es lo que quiero, besos.

DÍA 25. FAMILIA
Qué difícil me ha parecido encontrar algo con lo que representar este tema sin tirar de una foto de nosotros cuatro. Porque la familia es cambiante: hace 4 años mi familia estaba incompleta, hace 5 años yo esperaba que mi familia fuera otra, hace 7 aún éramos dos y una barriga creciendo, hace 8 aún no me había casado… Pero también hay más familia, claro, a la que pertenezco desde que nací. La que hablaba antes es la familia que yo he formado de adulta.
Y luego están los amigos que consideras familia. O amigos o conocidos que, por circunstancias y durante tiempo determinado (por ejemplo por vivir en el extranjero), se convierten en familia por unos días o semanas. ¿Y cómo represento yo todo esto que me vino a la cabeza al leer el tema? Al pasar junto a mi colección de álbumes de fotos lo tuve claro, porque gracias a mis fotos y los álbumes que voy haciendo, mi familia, sea cual sea en cada momento de mi vida, queda siempre plasmada en ellos.

DÍA 26. PEREZA
Cuando suena el despertador y me tengo que levantar.
Cuando me acabo de sentar a comer, me doy cuenta de que me falta un cuchillo y me tengo que volver a levantar.
Cuando creo que he terminado de recoger la cocina y veo que aún quedan dos platos encima de la mesa.
A veces, muy pocas, cuando me toca clase de baile.
Ir a echar gasolina al coche.
Pensar en el menú de la semana.
Y cocinar TODOS LOS SANTOS DÍAS. Pereza no, ¡perezón!
Salir de casa cuando Emma y Ana están en el cole.
Ponerme a trabajar a las 10 de la noche cuando Emma y Ana se acaban de dormir.
Levantarme del sofá a ayudar a resolver un conflicto justo cuando acababa de empezar a leer el libro.
Seleccionar las fotos para quedarme solo con las mejores.
Pasar las fotos del móvil al ordenador.
Empezar a leer la primera página de un libro.
Pensar algo más original o adecuado para el tema del día.

DÍA 27. VENTANA
Podría imaginar que, por esa ventana veo el mar. O una montaña nevada. O un bosque. O un prado bien verde donde poder tumbarme al sol. O una piscina con agua templada donde poder nadar. Muchas veces me imagino mucho más rodeada de verde y de naturaleza.
Seguro que pasará, que abriré la ventana e inmediatamente inhalaré ese aire puro y me empaparé de la belleza del paisaje, aunque solo sea desde la ventana del hotel de vacaciones. Porque en mi día a día y en mi circunstancia actual me encanta donde vivo.

DÍA 28. ILUSIÓN
Tenía ilusión por hacer otra foto, también de la espalda, pero en la que se resaltaran mucho las vértebras. No me satisfacía el resultado en cámara, así que busqué otras opciones y encontré esta.
A veces tenemos ilusión por algo y no sale como esperábamos. Esta vez me gusta también el resultado, pero seguiré buscando la foto que tengo en mente.

DÍA 29. EXTRAORDINARIO
Cada parte de nuestro cuerpo es extraordinaria y la mayor parte del tiempo no somos conscientes de ello.
Termino el reto con un sabor agridulce, ya que el catálogo donde estaba guardando todos los autorretratos se ha dañado y, aunque hago copias periódicas, sé que llevo entre una semana y 10 días sin hacerlo, así que he perdido algunas de las últimas selecciones y ediciones, por lo que tendré que volver a hacerlo. Menos mal que solo era este catálogo de autorretratos.
Por otro lado, me ha sorprendido llegar al último día del reto, lo he disfrutado más de lo que esperaba porque no me ha resultado difícil. Y estoy orgullosa por haber conseguido seguir el hilo conductor que quería

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marta-ahijado

Caricias que hablan

El mes pasado, marzo, acudí como fotógrafa al taller Caricias que hablan, impartido por Alejandro Ojeda, matrón, papá y creador del método Nacer Sabiamente de preparación al parto.

Es un taller en el que Alejandro explica cómo se puede conseguir un mayor vínculo con el bebé a través de caricias o, dicho de otro modo, a través del masaje. 

Fue una suerte inmensa poder asistir como fotógrafa a este taller porque fui testigo de mucho amor entre los bebés y sus mamás y papás, se crean unos vínculos preciosos entre ellos y a mí me llena el alma poder fotografiarlos.

¿Qué beneficios tienen las caricias o el masaje para los bebés?

Tal y como vienen recogidos en la Asociación española de masaje infantil, y que Alejandro explica y amplía en su taller, algunos de los beneficios son los siguientes:

Alivia los cólicos y gases

– Facilita un sueño tranquilo y reparador al bebé

– Refuerza los sentimientos de seguridad y confianza

– Provoca la liberación de sustancias químicas en el cerebro que influyen en el desarrollo de su estructura

 

¿Qué edad pueden tener los bebés?

En cualquier etapa del bebé, o incluso niño, es muy beneficioso el contacto. La etapa ideal para empezar es desde que nacen hasta el año aproximadamente porque todavía se acuerdan del continuo contacto que recibían cuando estaban dentro de la barriga. 

 

¿Qué hay que llevar?

Al bebé, que es lo imprescindible 🙂 y se recomienda llevar ropa y pañales de cambio, además de un cambiador de plástico para situar debajo de la toalla donde se coloca al bebé. Las toallas y el aceite para realizar los masajes los aporta Alejandro. También tienes a tu disposición todo tipo de cojines, incluidos de lactancia, para que tu estancia allí sea lo más cómoda posible. 

 

¿Qué pasa si el bebé tiene hambre o sueño?

Es fundamental que el bebé se encuentre bien, así que si tiene hambre podrás alimentarle; si tiene sueño, podrá dormir; si llora, podrás consolarle. No hay ningún problema en este sentido, la prioridad es que el bebé esté feliz.

 

¿Puede ir algún acompañante?

Sí, puedes llevar el acompañante que tú desees. Además, pueden ir también tus otros hijos. En la sala donde se realiza el taller hay una zona con juguetes que cualquier niño puede usar.

 

¿Dónde se realiza?

En INNOVA, Instituto de Salud y Deporte, situado en El Puntal, Murcia; en una sala grande con mucha luz natural y donde se puede elevar la temperatura ambiente lo necesario para que los bebés no pasen frío aunque estén desnudos en algún momento para recibir el masaje. 

Por si estás dudando sobre cómo llegar, lo tienes fácil con el tranvía, porque la parada El Puntal queda a sólo 550 metros de INNOVA. Y si prefieres el coche, en los alrededores del instituto hay muchísimas posibilidades de aparcar de forma gratuita.

 

¿Cuánto dura y cuánto cuesta?

El taller consta de tres sesiones de hora y media cada una. Se realiza en tres semanas consecutivas. La primera semana hay una pequeña parte teórica y el resto del tiempo se dedica a practicar los distintos masajes que Alejandro propone.

La inversión es de 60 euros, tanto si vas sola como en pareja.

 

Fotografía de familias con luz natural Murcia

¿Y las fotos?

Sólo te haré fotos si tú quieres, es un servicio opcional. Pero lo cierto es que, hasta ahora, todas las mamás han querido llevarse un recuerdo. Aunque al principio algunas dicen que no les gustan las fotos, luego se ven con su bebé en brazos y su opinión cambia. Porque no es lo mismo estar tensa mirando a cámara que estar centrada disfrutando de los masajes del taller. Y yo aprovecho que estáis tan cómodas y relajadas para moverme entre vosotros y capturar los momentos más emotivos.

Las fotos tienen un precio promocional de 7 euros la unidad. Podrás elegir tus favoritas de una galería online privada y yo te las entregaré de forma digital.

 

Sesión en el Taller de Masaje Infantil Innova

En la segunda sesión del taller de masajes impartido por Alejandro Ojeda en Innova, Marta vino a fotografiarnos. Me encantó su forma de trabajar, silenciosa, sigilosa, sin hacerse notar pero captando desde su objetivo la magia de esos momentos irrepetibles con mi bebé. Cuando vi las fotos me enamoré de todas, ¡qué gran trabajo! Gracias por haber capturado esas imágenes, forman parte ya de nuestra historia familiar. Sin dudarlo te tendremos en cuenta para futuras sesiones cuando nuestra hija sea mayor. Recomendamos su trabajo al 100%.

Gloria, mamá de Emma

Preciosas fotos

Las fotos que ha hecho Marta de mi pequeña son preciosas. Son el resultado de la dulzura con la que desempeña su trabajo

Lucia

¿Cómo te acuerdas de todos los ejercicios que se realizan en el taller?

Al finalizar las tres sesiones, Alejandro envía un dossier con los ejercicios realizados para que puedas seguir en casa y se convierta en una costumbre placentera para el bebé y para ti.

 

¿Qué periodicidad tiene?

El taller se realiza cuando hay suficiente gente interesada, suele ser cada mes o mes y medio. Si te apetece acudir y quieres que te avisen de cuándo será el próximo taller, sigue a la siguiente pregunta.

 

¿Dónde te puedes apuntar?

Debes ponerte en contacto directamente con Alejandro, o bien a través de su Facebook, Instagram o por email.

 

Como has podido ver a través de las fotografías, es un taller para disfrutar, para conectar con tu bebé y para estar presente. Alejandro lo hace todo fácil, explica de un modo muy ameno y se hace muy cercano para resolver cualquier duda que surja.

Gracias de corazón a las familias que me permitís publicar estas fotografías para que otras mamás puedan ver lo bonito que es este taller.

Si te ha gustado lo que has leído y visto, y conoces a alguna mamá a quien le pueda interesar, compártelo con ella para que pueda vivir una experiencia así de bonita.

 

Un abrazo y ¡gracias por acompañarme!

Marta

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Haarlem, Holanda

Tras nuestra estancia en La Haya (puedes leer nuestra experiencia aquí), decidimos apurar el último día y medio en Haarlem. Es una ciudad con un centro de ciudad chiquitito, con calles empedradas, casas típicas holandesas, algún canal y, a las afueras, zonas boscosas, lagos y la playa (nosotros no llegamos porque no nos dio tiempo en un solo día).

Cómo moverse por la ciudad

Aquí volvimos a optar por las bicis. Haarlem tiene el tamaño perfecto para llegar en poco tiempo en bici a cualquier parte. Alquilamos las bicis cerca de la estación, en Rent a Bike Haarlem. donde el trato fue muy agradable y en inglés, como en todos los sitios a los que fuimos en Holanda. Decidimos alquilar una bici individual para mí y una bakfiest para Edu, que es una bici que lleva como una barca delante en la que podía llevar a Emma y Ana juntas. Y además teníamos espacio para llevar la mochila con las cosas para pasar el día. Aunque puede parecer mucho armatoste, a Edu le resultó bastante fácil hacerse con el manejo de esa bici.

Bakfiest en Haarlem, Marta Ahijado

Las bicis se pueden aparcar casi en cualquier sitio. Donde está prohibido hay señales que lo indican. En Holanda es muy normal tener la bici como principal medio de transporte, por eso te puedes encontrar aglomeraciones de bicis aparcadas en los sitios más turísticos, como en esta foto, que es en la plaza de la catedral.

Qué ver

Gracias a Google Maps miramos hacia dónde podíamos ir. Pasamos por varias calles de la ciudad y nos dirigimos hacia la zona boscosa. Llegamos al parque Brouwerskolkpark y su lago, donde intentamos hacernos una foto de pareja, pero alguien tuvo envidia y vino hacia nosotros 🙂

Después de hacer una parada en ese lago donde Emma y Ana estuvieron subiéndose a un tronco que había caído, seguimos hacia el parque nacional Zuid-Kennemerland, donde desde Google Maps visualizamos un lago. Tuvimos que dejar las bicis en un aparcamiento que había junto a un camino que llevaba al lago. Pasamos por ese camino rodeado de árboles y llegamos al lago, que fue una sorpresa porque también tenía playa. Edu se refugió del sol para no quemarse, yo paseé por la orilla, hice fotos y Emma y Ana jugaron con la arena y se bañaron. Las secamos con ropa porque no íbamos preparados con ninguna toalla.

En la zona donde habíamos dejado las bicis había una cafetería. Tras el rato de playa, Emma y Ana tenían hambre, así que pedimos algo para comer y, de postre, helados ¡sin azúcar!

Y también aprovechamos para rellenar nuestra botella de agua en una fuente pública.

Es muy agradable pasear por las calles de Haarlem en bici, incluso te encuentras alguna belleza de calle como la de abajo.

Y, como siempre hacemos, también fuimos a un parque: tenía colchoneta, un castillo grande de madera con un tobogán largo, columpios y arenero. ¡Lo más curioso del parque fue que tenía horario de apertura y de cierre! Y a las 6 de la tarde nos echaron de allí.

Dónde comer

Rodeando la catedral hay diferentes sitios para todos los gustos y a precio decente a pesar de estar en pleno centro de la ciudad.

Saliendo de esa plaza, lo que nosotros hacemos cuando estamos en un sitio que no conocemos es buscar a través de google maps, ponemos «lunch» o «restaurant» en el buscador y la propia aplicación nos muestra todos los sitios que hay por la zona donde estamos donde poder comer y, clicando en ellos, se pueden ver fotos y opiniones. Yo conocí esta opción cuando estuvimos allí en Holanda, ¡antes no sabía que existía!

El sitio que a nosotros nos encantó para desayunar fue By Lima, un restaurante de los que hay tantos por Europa y que abren desde las 8 de la mañana y cierran a las 6 de la tarde y sirven comidas durante todas esas horas. Fuimos a desayunar los dos días que estuvimos allí. El primer día aprovechamos la terraza.

El segundo día desayunamos dentro. Es un sitio muy acogedor, tranquilo y el trato buenísimo.

Toda la comida que hacen es con ingredientes ecológicos, usan harinas integrales y nada de azúcares. El precio es algo elevado, pero merece la pena. La cantidad de los platos es abundante y sacian, de modo que Edu y yo solo tuvimos que picotear algo a la hora de comer para seguir pasando el día. Y, lo más importante, todo lo que probamos estaba ¡exquisito!

By Lima, Haarlem, Marta Ahijado
By Lima, Haarlem, Marta Ahijado

Fíjate en los postres que tenían preparados, qué buena pinta tenían, también sin azúcares. Nosotros probamos uno que llevaba dátiles como único endulzante.

Como colofón a la visita a By Lima, una pared con papel de pizarra donde tenían frases motivadoras. La que nosotros vimos fue esta, que me encanta. Por si no sabes inglés, te la traduzco porque no tiene desperdicio:

«En caso de que hayas olvidado recordártelo esta mañana… Tu culo es perfecto. Tu sonrisa ilumina esta habitación. Tu mente es increíblemente guay. Tú eres mucho más que suficiente. Y estás haciendo un trabajo impresionante en la vida».

Si quieres saber qué otros sitios se pueden visitar en la zona de Holanda donde estuvimos, puedes leerlo aquí.

Espero que con mis artículos sobre nuestro viaje a Holanda haya podido transmitirte lo bien que lo pasamos y lo adecuado que es este país para viajar con niños y en bici. Como siempre digo al terminar los viajes en los que me lo paso tan bien (¡creo que todos!): ¡volveremos!

Un abrazo y ¡gracias por acompañarme!,

Marta

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