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Blog Marta Ahijado

¿Por qué soy fotógrafa «lifestyle»? ¿Y eso qué es?

¿Lifestyle? ¿¿¿Qué es eso??? Si lo buscas en un diccionario obtendrás “estilo de vida” como traducción. Y si te digo que me considero una fotógrafa de “estilo de vida” probablemente te deja igual, o peor, que decirte “lifestyle”. 

No sé si porque estudié traducción e interpretación o porque desde pequeña siempre he tenido mucho interés en hablar correctamente (sí, tengo la app de la RAE instalada en mi móvil y nunca dudo en buscar una palabra si no estoy segura de si la estoy usando bien), intento evitar usar palabras inglesas si para ese término que quiero utilizar tenemos una palabra en español. 

Esto te lo cuento porque llevo 3 años, desde que conocí el término lifestyle, buscando un término que quiera decir lo mismo aplicado a mis fotografías y no lo encuentro, necesito varias palabras para definir lo mismo, que son: fotografía natural, espontánea, dándole importancia al momento y a la emoción. 

Cuando decidí dedicarme a la fotografía de familias busqué algún curso que me orientara y guiara, entonces descubrí a una fotógrafa estadounidense, Elena Sánchez Blair, que impartía un curso sobre fotografía familiar. Me atrapó todo lo que ella contaba y cómo lo contaba, y al terminar el curso, tuve claro que este estilo de fotografía es el que tiene sentido para mí. Y bueno, entonces, ¿qué más me cuentas de la fotografía lifestyle? 

Al aire libre o en tu casa

Es cierto que estas sesiones de fotos podrían realizarse en un estudio fotográfico, pero para mí tiene más sentido realizarlas al aire libre o en casa de las familias a quienes fotografío. ¿Por qué?

Bueno, pues al aire libre, especialmente en plena naturaleza, es una gozada por la libertad que tenemos todos, sobre todo los niños y las niñas. Ellos pueden correr si así lo necesitan y todas las personas nos beneficiamos de la calma y el bienestar que nos transmite el estar en la naturaleza. 

Y en vuestra casa porque es vuestro hogar, vuestro refugio, donde suceden vuestros momentos cotidianos. Por lo que es el mejor sitio donde se puede capturar vuestro "estilo de vida"

Guío a las familias

Cuando me reúno con una familia enseguida dicen: bueno, pues tú dirás cómo nos ponemos. Y claro, empezar siempre cuesta. Así que yo os voy guiando, más al principio y menos al final conforme os vais soltando. Para mí, lo más importante es capturar la conexión que hay entre vosotros, así que me oiréis un montón decir: miraos entre vosotros, no me miréis a mí. Y es que, ¿has probado a mirar fijamente a tu pareja a los ojos últimamente? Si lo haces, ¡¡seguro que enseguida os reís!!

En una sesión conmigo también hay mucho movimiento porque es la mejor forma de soltar toda vergüenza. Os pido que caminéis juntos, ¡incluso que bailéis! Y ya si hay niños o niñas, el movimiento es lo más importante de todo y podéis estar preparados para jugar hasta al corro de la patata si hace falta.

La elección de la ropa es decisión vuestra

Yo no busco el look perfecto en el que todos vais perfectamente conjuntados o siguiendo algún estilo determinado. Sois vosotros los que tenéis que sentiros cómodos y guapos con lo que os pongáis. Así que si me pedís consejo, os diré que bastante tengo yo con saber cómo me quiero vestir yo como para decidir lo que tenéis que vestir vosotros.

Además los gustos son muy personales, por ejemplo, a mí la ropa con estampado de flores no me suele entusiasmar, pero para ti puede ser tu favorita, así que ¿quién soy yo para decirte cómo debes vestirte para crear tus recuerdos familiares? Si aún después de decirte esto, sigues necesitando algunas pautas, puedes ver este artículo en el que hablo más concretamente sobre el tema.

Espero que te haya quedado claro en qué consiste este tipo de fotografía y, sobre todo, si es lo que tú buscas o no. Si tienes cualquier duda más, o si te han entrado ganas locas de reservar una sesión conmigo, puedes escribirme o llamarme, encuentras mis datos aquí.

¡Gracias por leerme y un fuerte abrazo!

Marta

Puedes seguir leyendo: ¿cuándo es la mejor época para hacerse un reportaje de fotos familiar?

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Varias cosas que he hecho por primera vez esta cuarentena (II)

Imagen de una planta de mi casa

Como te decía en el artículo anterior, estoy teniendo días de todo: a veces me siento muy productiva y otras veces me gustaría avanzar en el tiempo para que haya terminado todo y hayamos vuelto a la normalidad de verdad (no a la "nueva" normalidad). No quiero pensar mucho, es decir, no me permito darle muchas vueltas a cuándo podré ver a mis amigos o a mi familia, o a cuándo podré volver a bailar en la academia. A veces me vienen las preguntas y me contesto: ya lo sabré con el tiempo. De algún modo, esto es como cuando estás en la recta final del embarazo: sabes que vas a tener a tu bebé, pero no sabes cuándo ni cómo. Pues un poco así es esto: sé que volveremos a poder salir todos a la calle, a trabajar, a bailar, a ver a la gente, pero ni sabemos cómo ni sabemos en qué condiciones. Así que solo queda pensar en el hoy y, en función de nuestras circunstancias, intentar disfrutarlo y sacar lo positivo.

El artículo anterior se me quedó corto en las cosas que nunca había hecho antes de esta cuarentena. ¡Aquí va la segunda parte!

He ayudado a mis hijas con las tareas del cole

Llega el lunes por la mañana, recibimos las tareas del cole. Para Ana, 3 años, son solo propuestas. Para Emma, 6 años, es recomendable que las haga. En general, son tareas que ya han hecho en el cole y, como ella dice: “esto está chupao”. Pero aún así, tengo que ir ayudándola a desgranar toda la información, a ir abriendo los vídeos que le proponen ver, a explicarle cómo funciona algún programa de juego… Reconozco que, en nuestro caso, no son muchas cosas y, conforme van pasando las semanas, me está siendo más fácil organizarlo, pero las dos o tres primeras semanas para mí era un caos.

Lo que le sugerí a Emma al “comenzar” este tercer trimestre, fue hacer las tareas de forma oral (las que se podían), en parte porque no hemos podido imprimir nada y en parte porque así va más rápido y tiene más tiempo para jugar con su hermana, que es lo que a ella de verdad le apetece. Ella misma me ha confesado que sí le gusta hacer tareas pero lo que quiere es hacerlas en el cole, no en casa. Y la entiendo. Seguro que a más de un adulto le ha pasado lo mismo con el teletrabajo, que le gusta, pero que prefiere hacerlo en la oficina con sus compañeros y su verdadero ambiente.

He tenido clases online de baile

La verdad es que esto nunca pensé que lo haría. Cuando empezó la cuarentena, bailaba todos los días a mi bola en casa. Lo necesitaba para dejar de darle demasiadas vueltas a todo, para mantenerme en forma y para sentirme mejor. ¡Lo que no esperaba es que los profes de la academia iban a organizarse para dar clases online! Las dan a través de directos de Instagram. Al principio parecía un poco raro, sobre todo porque yo estoy acostumbrada a bailar detrás de la profe y no viéndola de frente. Pero enseguida me acostumbré y disfruto mucho de las clases. Nos enseñan coreografías cortas porque obviamente es más difícil enseñar a través de una pantalla que presencial, pero a mí me sirve para ensayarlas más, ¡e incluso atreverme a colgarlas en Instagram!

He hecho videollamadas con amigas

Y resulta muy raro, amigas a las que veía con frecuencia, incluso todos los días en el cole, amigas que viven a escasos kilómetros de mí, con las que sería muy fácil quedar en un parque... Y no, nos hemos visto por videollamada. ¡¡Y nos ha sentado genial!! Se nos han quitado malestares físicos y emocionales solo por estar un rato hablando entre nosotras, incluso nuestros hijos se han visto a través del ordenador y ha sido una experiencia muy chula.

He plantado ajos y lechugas

Pues sí, ¡como lo lees! He plantado ajos, lechugas y pimientos por primera vez en mi vida. Con la intención de que broten, crezcan y que me los pueda comer, claro. Y he usado de "macetas" tetrabricks de leche, hueveras y latas vacías.

Desde hace un año estoy intentando crear un huerto urbano en mi casa, de momento he tenido mucho éxito en el aprendizaje de errores y poco éxito en las cosechas, pero gracias a Marta de Plantea en verde estoy aprendiendo muchísimo. Si te interesa, ve a su web donde comparte un montón de recursos gratuitos para iniciarte y varios cursos por si quieres avanzar más.

Estaba yo agobiada al principio de la cuarentena pensando en que cómo iba a empezar a plantar semillas si no tenía suficientes macetas, y entonces llegó Marta a mi rescate con un vídeo en el que daba consejos para empezar un huerto con materiales que ya tenemos por casa: desde las "macetas" que os he comentado arriba hasta saber cómo hacer rebrotar lechugas de las que ya tenemos en casa, o cómo coger semillas de tomates y pimientos para plantarlos de cero.

Estoy ilusionada por la nueva fase en la que ha entrado mi huerto este año y ¡espero cosechar menos errores y más frutos!

He estado un mes sin salir de casa

Literal. 31 días sin salir. Claro, como muchos, ya lo sé, y como muchos será algo que no habíamos hecho nunca antes. Igual que aplaudir todos (o casi todos) los días a las 20 h, y saludar a la dueña del herbolario de ventana a ventana. He sido clienta suya durante cuatro o cinco años y no sé cómo se llama. Cuando pueda volver a su establecimiento, le preguntaré cómo se llama, ella y su marido, al que también he saludado desde la ventana.

El día 32 tuve que salir a la farmacia. Fue mi primer contacto con la nueva realidad: mascarilla, guantes, respetar la distancia, ver las colas fuera de los establecimientos... También otra cosa que nunca antes había hecho.

¡He comenzado yoga!

Y lo pongo así entre exclamaciones porque estoy emocionada. Era algo que siempre estaba en mi lista de "algún día". Como hace unos meses estuve buscando leggins para bailar por internet, ahora me saltan en el móvil muchísimos anuncios de yoga: tanto de ropa como de cursos y apps para practicarlo.

Yo sé que de lo que no puedo prescindir en mi vida ahora mismo es del baile, lo necesito para recargarme y para ser más feliz, así como para mantenerme en forma. Así que el tiempo que dedicaba antes al deporte era para bailar. Ahora también dedico varias horas a la semana a bailar con las clases online, ensayando las coreos y bailando por mi cuenta, pero un día vi un anuncio de una app gratuita durante un tiempo limitado y decidí descargármela.

¡¡Y me está gustando!! Puedo seleccionar muchas cosas: el tipo de práctica, si quiero trabajar alguna zona de mi cuerpo en concreto, la duración... Sobre todo estoy trabajando la flexibilidad porque me noto muy estancada con algunos movimientos. Creo que una práctica continuada me puede llevar a mejorar bastante. Pero además está la sensación que tengo en el cuerpo al terminar: estoy físicamente cansada, pero a la vez mi cuerpo está más activo y menos bloqueado.

¡¡Espero que esto no se quede en un "hice yoga durante la cuarentena y luego nunca más"!!

No tengo planificada una tercera parte de este artículo, pero quién sabe, igual todavía da para más en un futuro próximo. Si es así, te mantendré informada 😉

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Varias cosas que he hecho por primera vez esta cuarentena (I)

Fotografía de la luna rosa del 8 de abril

Llevo 46 días en casa y debo confesar que no me parecen tantos. O quizás es que he encontrado bastante comodidad en esto de no tener que estar pendiente del reloj ni tener prisa para absolutamente nada. Por supuesto, ojalá no hubiera pasado esto, pero teniendo en cuenta que mi situación personal es afortunadamente buena, he intentado verle el lado positivo a tantos días en casa. Y, aunque he tenido, como todos, días en los que me habría quedado bajo el edredón de la cama queriendo despertarme de la pesadilla, ha habido muchos otros en los que he hecho cosas que nunca antes había hecho en mi vida. ¡Y me apetece compartirlos contigo! Allá van:

Me he permitido descansar

En otros momentos, cuando estoy cansada, o bien no puedo permitirme descansar porque tengo que atender a mis hijas, o bien no me lo permito yo misma porque pienso que debo hacer otras cosas, creo (erróneamente) que el descansar puede esperar. Sobre todo al principio de la cuarentena, al tener que lidiar con tantísimas emociones, además de estar resfriada, más el cansancio acumulado, dormí muchísimo: por la noche y las siestas. Y sí, tiraba de dibujos animados para poder dormir y descansar, y no me sentía mal por ello, porque yo de verdad lo necesitaba.

Después no he necesitado tanto dormir, pero sí me he permitido descansar mucho más haciendo nada muchísimos días esta cuarentena.

Mis pijamas han sido mis grandes amigos

Cuando yo estoy en casa, estoy en pijama. Hace tiempo que minimicé mi ropa y decidí que no necesitaba ropa de casa y ropa de dormir, que prefería tener ropa de dormir bonita y cómoda que me sirviera también para estar en casa. Y claro que he estado tiempo en pijama en casa, pero nunca había estado tantas horas seguidas ni tantos días seguidos con pijama.

Para mí, estar en pijama no significa estar apática, simplemente significa que me encuentro cómoda y preparada para cualquier cosa que quiera hacer en casa. Y claro, a veces me da por hacer limpieza profunda o por ponerme a bailar y tengo que cambiarme de pijama después de la ducha. Pero ya te digo que para mí, estar en pijama, es un gran placer y no me limita mi actividad.

He hecho deporte con Emma en casa

Dentro de las tareas del cole de Emma, nos sugirieron varios enlaces de youtube donde podíamos encontrar ejercicios para hacer en familia. Y casi todos los días nos poníamos a hacer deporte juntas. A veces incluso dos veces al día. ¡¡A mí me salieron agujetas!! Y la verdad es que me sentaba muy bien, me ayudaba mucho a mover la energía en mi cuerpo, a sentirme mejor conmigo misma y a divertirme con mi hija.

Supongo que a estas alturas ya tendrás un montón de recursos tú misma, pero te dejo aquí nuestros favoritos:

Yoga a través del cuento de Frozen: una mujer va contando el cuento de Frozen mientras va sugiriendo posturas de yoga. Es muy dinámico, dura media hora y Emma y Ana se lo saben de memoria.

– También del mismo estilo que el anterior, tenemos el cuento del pez Squish y el cuento de los Trolls.

– En este vídeo un papá, junto con su hija al final del vídeo, propone una serie de ejercicios.

– Y en este vídeo, dos muñecos con forma de niños van haciendo también una serie de ejercicios.

Hemos jugado al Dixit en familia

A mí me encantan los juegos de mesa y, desde que Emma era bien pequeña, empecé a buscar juegos que le pudieran gustar y con los que la pudiera ir iniciando en este mundillo. Ya tenemos varios, cooperativos, de cartas, competitivos… adaptados a sus edades y nos gusta mucho jugar a ellos.

Uno de los primeros días de la cuarentena, pensé en probar uno que recomiendan a partir de 8 años, pero que me parecía que podía ser interesante con ellas a pesar de tener 3 años y muchos meses y 6 años y medio. Y ese juego fue el Dixit, compuesto solo por cartas con imágenes (también tiene unas fichas de puntuación, pero nosotros no las usamos). Cada jugador recibe 6 cartas y, el que empieza, pone una carta en el centro boca abajo diciendo una palabra o frase o sonido que le haya sugerido la imagen de esa carta. Los demás jugadores deben buscar entre sus cartas alguna que se adecúe a esa palabra, frase o sonido que ha dicho el primer jugador. Luego se mezclan, se muestran a todos y cada uno elige cuál cree que es la carta que mejor ilustra la palabra, frase o sonido que dijo el primer jugador. El objetivo del jugador que ha dicho la palabra es que algún otro jugador se la adivine, pero que no sea tan evidente como para que se la adivinen todos. Y los demás jugadores tienen que intentar despistar con sus cartas y que se las elijan.

La primera vez que jugamos, debo reconocer que ambas fueron muy creativas y nos sorprendieron. Pero luego, los temas se han ido viciando y ha perdido bastante interés, así que hemos ido espaciando jugar al juego. Eso sí, conforme vayan creciendo, ¡el juego promete!

He cocinado arroz con verduras

Hace año y medio me di cuenta de que no me gusta cocinar. Me gusta preparar ensaladas o algo así especial esporádico, pero no me gusta tener la obligación de cocinar todos los días. Así que la solución para no pasar mucho tiempo en la cocina, ha sido simplificar al máximo las comidas. Y el arroz lo hacía blanco y cada uno se lo condimentaba como quería: Emma y Ana con caballa, atún, queso o pesto, nosotros a veces con ensalada, a veces con atún, a veces con aguacate, tomate y orégano… Pero me apetecía a mí probar a hacer arroz con verduras y me puse manos a la obra un día. Tenía pocas esperanzas porque cuando innovo algo en casa suelo obtener varios «no me gusta», sin embargo, fue un éxito total. Y yo no cabía en mí de gozo. Tomé la idea de esta receta de Rosa Ardá, pero la varié porque no tenía menestra de verduras, no me apetecía pelar los tomates y le eché cúrcuma y curry en lugar del caldo de pollo o pastilla de avecrem. Es lo bueno de llevar ya tiempo cocinando con la Thermomix, que ya soy capaz de adaptar recetas a lo que a mi familia le va mejor.

He desayunado en la terraza

Este ha sido uno de mis descubrimientos de la cuarentena: desayunar en la terraza al sol. Si ha llovido y el suelo está mojado, me calzo las deportivas y me voy a sentarme al palet. No sé cómo no lo hacía antes. Empezar el día así, con una recarga de sol es maravilloso. Hemos tenido muchísimos días de lluvia, muchos más de los que estamos habituados en Murcia (o que yo recuerde) y, en cuanto sale el sol, salgo a la terraza a que me dé. Cuando la temperatura lo permite, me quito prácticamente toda la ropa para absorber todo el sol posible en mi cuerpo. Ahora, a finales de abril que estamos, ya no puedo estar tanto al sol porque me achicharro. Pero mi desayuno en la terraza al sol sigue siendo un imprescindible.

Y ahora también he añadido algunos días una práctica que te cuento en otro artículo para no alargar este demasiado.

Ahora es tu turno, ¿me cuentas algo que hayas hecho por primera vez en tu vida esta cuarentena? ¡¡Me encantará leerte en comentarios o en mi correo!!

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Sara

El artículo de hoy no tiene que ver con fotografía, aunque podría haber tenido que ver. 

Va sobre la pérdida gestacional que tuve entre Emma y Ana, no pretendo entristecer a nadie, sino aportar luz e información a este tema que parece escondido pero la realidad es que nos pasa a muchas mamás.

Diciembre 2014, las dos rayitas

Todo empezó con un embarazo buscado y encontrado, con una gran felicidad al ver las dos rayitas en la prueba de embarazo y con una gran sorpresa al saber que la fecha probable de parto de la que iba a ser mi segunda hija coincidía con la fecha probable de parto de mi primera hija (aunque luego nació 13 días más tarde): 31 de julio.

Febrero 2015, todo normal

Fuimos a una ecografia privada y la ginecóloga nos dijo que todo iba bien, que venía una niña sana. Sí nos dijo en algún momento de la ecografía que le había parecido ver algo raro en un pie, pero terminó diciéndonos que no teníamos que preocuparnos. Y, aunque muchas vueltas no le dimos, sí esperábamos que la ecografía de la semana 20 nos confirmara que iba todo bien. 

Después de pensar en Nora, Vera o Sara, nos decantamos por este último nombre: Sara.

17 de marzo de 2015, la noticia

Es cierto que yo no notaba moverse a Sara como a Emma, pero suponía que cada bebé es distinto y que no tenía por qué ser igual de movida que Emma. 

Fuimos al hospital a la ecografía de la semana 20, aunque no sé por qué motivo ya me dieron cita el día que cumplía mi semana 21. La cita era por la tarde y la ginecóloga que nos atendió revisó todo el cuerpo de nuestra bebé. Al terminar nos dijo de un modo muy amable, con muchísimo tacto y sin ocultar la verdad que nuestra bebé no había movido las extremidades durante toda la ecografía, que tenía los pies cruzados y las manos en forma de garras; que eran síntomas de que algo no iba según lo esperado. Sé que hablamos más, pero lo siguiente que recuerdo es estar con Edu fuera de la consulta, en el pasillo junto a dos ventanales intentando asimilar lo que nos acababan de decir y tomando la decisión de que no queríamos seguir dando vida a un bebé vegetal, por amor a ella, a nosotros y a Emma. 

Entonces entendí por qué yo notaba los movimientos distintos a Emma, porque lo que notaba era el movimiento de un bloque entero (es decir, de su cuerpo entero) y no de las extremidades dando esas lindas pataditas. 

Volvimos a ver a la ginecóloga y le preguntamos que cómo debíamos iniciar los trámites para abortar, nos dijo que debíamos volver a la mañana siguiente para realizar una amniocentesis. 

El siguiente recuerdo que tengo después de estar con Edu junto a los ventanales es estar llorando en el sofá de mi casa mientras le daba la noticia a mi madre (que se había quedado con Emma).

La (eterna) espera

Al día siguiente llegamos al hospital muy confusos, me hicieron la amniocentesis (físicamente no me dolió nada) y nos dijeron que nos darían los resultados el lunes 23 porque el jueves 19 era festivo (S. José) y el viernes 20 puente. La amniocentesis era necesaria sobre todo para saber si la enfermedad era hereditaria. 

Nos fuimos del hospital con mucho miedo, porque yo ya no pensaba en Sara, sino en Emma. ¿Y si era enfermedad hereditaria y Emma, que tenía año y medio, desarrollaba alguna otra enfermedad más tarde? 

Por la tarde volvimos al hospital, queríamos saber si podíamos empezar los trámites de aborto antes de los resultados de la amniocentesis. Y nos dijeron que ya no era posible porque tenían que hablar con el hospital de Madrid al que nos derivarían para el aborto, y eso solo era posible por las mañanas. Además, al ser festivo en Murcia al día siguiente, el hospital de Murcia estaba con el personal mínimo, por lo que tenía que ser el lunes 23 cuando empezáramos a formalizar los trámites del aborto. 

Cuando mostramos nuestra preocupación porque sabíamos que por ley no se permitían abortos a partir de la semana 22 y que el lunes yo estaría de 21 + 5, nos tranquilizaron diciendo que la autorización era la que tenía que llegar antes de cumplir la semana 22. 

Salimos del hospital frustrados de nuevo, impotentes por no haber reaccionado por la mañana para solicitar ya el aborto y por no poder hacer nada más. Yo quería que todo terminara cuanto antes, necesitaba a Sara fuera de mí, la notaba, veía mi barriga embarazada y todo era dolor emocional y ansiedad. No sé qué hicimos esos cuatro días en casa, pero sí sé que tener a Emma nos mantuvo ocupados y cuerdos, aunque la sombra del miedo por si ella también pudiera tener algún problema estaba siempre en el fondo de mis pensamientos.

La culpa

¡Cómo no! La culpa asociada a la maternidad: ¿qué habré hecho yo para que Sara tenga una malformación? ¿habré comido algo que la haya provocado a pesar de todo el cuidado que tengo? La culpa me persiguió mucho tiempo, incluso después de abortar y en el siguiente embarazo que tuve rocé la obsesión con la alimentación, a pesar de que ya entonces sabía que las malformaciones surgen en aproximadamente un 5% de embarazos de manera espontánea.

La aprobación

El lunes 23 fuimos al hospital a solicitar el aborto antes de la hora citada para recibir los resultados de la amniocentesis. Nos pidieron que esperáramos. Más espera, más agonía, más ¿y si no firman, y si no da tiempo, y si no…?… Hasta que nos llamaron a consulta, donde otra vez tuvimos que esperar. Entonces llegó un doctor y por mi mente empezó a pasar de todo: “nos va a decir que no hay motivo para abortar”, “no nos lo van a permitir”… Pero nos enseñó un papel: aquí tenéis la autorización con las dos firmas necesarias para el aborto: la de la doctora que realizó la amniocentesis y la mía. 

Volví a llorar, esta vez de alivio, ya teníamos el papel.

 

Los resultados de la amniocentesis

Todo indicaba que la malformación había surgido de forma espontánea, que no había ninguna causa genética. Más alivio y más llorar. Yo empezaba a ver luz, aunque aún quedaba proceso.

Viaje a Madrid

Nos llamaron de la clínica de Madrid diciendo que nos esperaban el miércoles 25 para una ecografía y el 26 sería el día del aborto. 

Viajamos el martes 24, nos llevamos a Emma con nosotros y mis padres se ofrecieron a acompañarnos para apoyarnos y para quedarse con Emma mientras nosotros estábamos en la clínica.

Durante todo este proceso, Emma fue clave para mí, dedicar mi atención a ella me permitía descansar de la situación que estaba viviendo. Y, por supuesto, me hacía hasta reír, es lo maravilloso de los niños, que siempre saben sacarte una sonrisa. 

El miércoles 25 por la mañana acudieron otra vez los miedos a mi cabeza: ¿y si me hacían la ecografía y decían que no había motivos para abortar? ¿Y si me decían que necesitaba algún otro papel?… Ese día cumplía la semana 22. Pero mis miedos se disiparon muy pronto cuando fuimos a la clínica, hablamos con la ginecóloga de allí, me hicieron otra ecografía y, finalmente, me mandaron para el hotel con unas pastillas que debía tomarme para ir reblandeciendo el cuello del útero.

 

26 de marzo de 2015, la separación

El jueves 26 acudimos a la clínica y comenzó el proceso de aborto. En la semana 22 de embarazo, los bebés miden casi 30 cm de cabeza a nalgas y pesan casi medio kilo. Así que el proceso de aborto se parece mucho a un parto: hay que dilatar el cuello del útero y expulsar al bebé. Sin embargo, una dilatación de 4 ó 5 cm es suficiente para expulsar a un bebé de esas dimensiones. La dilatación la provocaron mediante más pastillas, también me pusieron la epidural y, sobre las 15:30 noté que mi bebé estaba preparado para salir. Entonces vinieron las que me estaban atendiendo, me pusieron una sábana sobre las piernas y recogieron a mi bebé en una sábana y se lo llevaron. 

Sobre las 21 h, una vez que habían comprobado que yo estaba bien físicamente, me dieron el alta y regresamos al hotel donde nos alojamos. 

El arrepentimiento

Desde el momento en el que Edu y yo decidimos abortar, yo solo deseaba que se acabara el proceso, que Sara estuviera fuera de mí, creo que lo que yo intentaba era olvidar y borrar toda huella que me indicara que había perdido a un bebé. Un mes después del aborto, mi barriga todavía mostraba que había habido un bebé ahí, e incluso me encontré con una persona que me daba la enhorabuena por el embarazo porque no se había enterado de que éste ya había terminado. 

Aunque soy una persona positiva y, en todo momento, no paré de repetir que me sentía muy agradecida por los avances médicos porque habían detectado la malformación y me habían permitido abortar, el dolor en mi corazón estaba, y el vacío en mi útero también. 

Entonces decidí apuntarme al gimnasio, empecé a bailar zumba, a hacer otros ejercicios y debo decir que, muy pronto, me volví a sentir feliz y con ganas de buscar otro bebé. 

Sin embargo, durante el embarazo de Ana (mi tercer embarazo, mi segunda hija viva) aprendí muchísimo sobre emociones, incluso leí historias de mujeres que habían perdido a sus bebés de muy poquitas semanas y los habían enterrado en sus jardines. 

Y entonces pensé que yo podría haber elegido finalizar mi embarazo de otra forma: habría podido elegir coger a Sara cuando salió de mí, habría podido acercarla a mi pecho como hice con Emma y Ana, habría podido verla, olerla y agradecerle que me hubiera escogido como mamá, habría podido elegir quedarme su cuerpo para incinerarlo y esparcir sus cenizas en un lugar bonito para nosotros, habría podido elegir hacerme alguna foto con ella. En definitiva, habría podido hacerle la despedida que ella merecía. 

Aunque aún siguen acudiendo lágrimas a mis ojos cuando escribo o hablo del tema, y aunque me siga doliendo no haber sabido gestionar la despedida de otra forma, ya no lo digo con culpa, Edu y yo hicimos lo que supimos con la información que teníamos en aquel momento. Sé que poco a poco las historias de pérdidas gestacionales se están hablando y se están normalizando, y que no se tratan como fracasos ni como experiencias a olvidar, sino que estamos aprendiendo a convivir con ellas porque cada vez somos más conscientes de que son historias que suceden. Por eso he querido aportar mi granito de arena y contar mi historia, para aportar luz y hacer ver que hay distintas opciones a la hora de gestionar una despedida como la que yo pasé. Y ojalá a ti no te pase, ni conozcas a nadie que le pase, pero si sí te pasa o si sí conoces a alguien, espero que mi historia te ayude a gestionar la tuya o a dar información a tu conocida. 

Gracias, Sara, por haber venido a mi vida de la forma en la que tenías que venir, por haberme elegido como mamá. Gracias a que tú viniste, sé que yo estoy aquí y ahora, escribiendo estas líneas, feliz y orgullosa por la vida que vivo y la familia que tengo. Perdón por no haberte sabido despedir de otro modo y gracias por traerme uno de los aprendizajes más valiosos de mi vida. Felices 5 años.

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¿Cuándo fue la última vez que guardaste tus fotos?

Todavía recuerdo la tristeza y el llanto que me entró cuando perdí las primeras fotos de nuestro viaje de novios a Tailandia. Mi intención era descargarlas de la cámara al iPad sin borrarlas de la tarjeta de memoria para tenerlas en dos sitios distintos. Sin embargo, al intentar hacerlo me salió un mensaje que contesté sin querer y que hizo que se borraran TODAS las fotos tanto del iPad como de la tarjeta. Como siempre me gusta ver el lado positivo de las cosas, solo se perdieron las fotos de nuestro primer día, porque esto me pasó en la primera noche. Pero desde luego que fue un gran aprendizaje para mí. 

Te voy a contar cómo lo hago yo por si te puede ayudar mi experiencia.

Las fotos de la cámara

Mi cámara réflex tiene dos ranuras para tarjetas SD. Y yo tengo dos tarjetas exactamente iguales metidas en función espejo, es decir, que lo que se graba en la tarjeta 1 se graba también en la tarjeta 2. 

¿Por qué hago esto y no aprovecho a tener más espacio disponible para fotos? Muy sencillo: las tarjetas que tengo habitualmente puestas son de 32 gb, que me permiten guardar más de 800 fotos en formato RAW. Y adicionalmente, tengo otras dos tarjetas de 16 gb de repuesto. Hasta ahora, no he necesitado nunca tanto espacio en un solo día. 

Al tener la función espejo, sé que se van a grabar dos copias simultáneas e instantáneas de cada foto que hago en dos soportes distintos. Es decir, que si una de las dos tarjetas se estropea por cualquier motivo, ¡tengo todavía la otra tarjeta con las fotos! 

Ya sé que no es habitual tener esta opción en la cámara, así que te sigo contando qué hago. 

En cuanto llego a casa y tengo el primer momento disponible, paso las fotos de la tarjeta al disco duro externo que tengo siempre conectado al ordenador. Y NO BORRO LAS FOTOS DE NINGUNA DE LAS TARJETAS.

 

Discos duros de seguridad

Tengo tres discos duros, uno en mi casa y dos fuera (uno de ellos en casa de mis padres). A menudo traigo a casa uno de los que tengo fuera y hago las copias de los archivos RAW, de todos los catálogos de Lightroom (para salvaguardar también todo el trabajo de edición) e incluso de los álbumes personales que hago. 

Una vez que este segundo disco duro vuelve a estar fuera de mi casa, entonces borro las fotos de las tarjetas de la cámara. 

El tercer disco duro, el de la casa de mis padres, es el que menos actualizo porque me suelo olvidar. Pero al menos sé que tengo muchas fotos ahí guardadas y no voy a perder todas las fotos de mi vida.

El móvil: fotos y vídeos

Reconozco que esta es mi debilidad. Han llegado a pasar hasta seis meses sin que copie los archivos del móvil al ordenador. También es cierto que las fotos que hago con el móvil son, para mí, menos “importantes” que las que hago con la cámara. Pero sí que hay algunas fotos de mi día a día con Emma y Ana que no quiero perder. Igual que los vídeos que les grabo de vez en cuando. 

Aquí hago la misma rutina que con la tarjeta de la cámara, solo que en lugar de cada vez que llego a casa es, “cuando me acuerdo” paso las fotos del móvil al disco duro externo del ordenador. Luego al disco de fuera y, cuando me acuerdo otra vez o cuando mi móvil empieza a colapsar, entonces hago limpieza de lo que ya tengo grabado.

La nube

Quizás muchos tendréis todo guardado en la nube (lo del móvil, ¿y lo de la cámara también?), pero yo todavía no me he actualizado en ese tema y lo tengo todo muy bien organizado por años dentro de los discos duros. Sé que llegará el momento de tener una copia en la nube, pero aún así, seguro que seguiré conservando una o dos copias en discos duros externos.

¿Y cuándo fue la última vez que imprimiste alguna foto?

Estamos en una época en la que fotos no nos faltan, siempre tenemos alguna cámara cerca e inmortalizamos cualquier cosa que nos llama la atención, nos hace reír o nos enfada. Por supuesto que tiene su parte positiva, pero la negativa es que acumulamos de más. Y luego nos da una pereza tremenda ponernos a bucear entre tantas fotos. 

Yo borro fotos por tandas, es decir, que de una tanda de 10 intento quedarme con las dos o tres mejores. A veces incluso termino por borrarlas todas porque si no terminan de gustarme, no me apetece ocupar espacio inútilmente. 

Y, aunque voy más lenta de lo que los años van pasando, también estoy imprimiendo álbumes de mis fotos personales. A Emma y Ana les encanta verlos, verse de más pequeñas y volver a recordar cosas que les pasaron. 

También estoy colgando muchas fotos en casa de nosotros y de paisajes. Incluso en la puerta de entrada, encima del timbre, he colocado alguna foto para hacer la espera más amena mientras vamos a abrir la puerta. 

Y, sinceramente, rodearme de fotos en papel que puedo tocar y observar detenidamente, me emociona y alegra el alma.

 

¡Gracias por leerme y hasta pronto!

Marta

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Un trabajo íntimo y personal

Desde hace 5 años, Victoria Peñafiel, fotógrafa de recién nacidos y familias en Barcelona, propone un reto al que llama Febrero sin edulcorantes y que se trata de subir una foto al día a Instagram sobre la vida real, sin edulcorar. Y recalca bien grande: «Sube una foto al día, sin pensar en el qué dirán. Suéltate. Sé tu mism@”. 

Y bueno, yo me hago autorretratos desde hace bastante tiempo, pero nunca me he atrevido a mostrarlos por miedo al qué dirán y porque hay mucho de mi alma en cada uno de ellos. Que ya sé que los demás no veis tanto como yo creo, o lo interpretáis según vuestra propia experiencia, pero no deja de ser, para mí, un ejercicio muy íntimo en el que muestro una faceta distinta sobre mí. Así que, venciendo miedos y, como dice Victoria, sin pensar en el qué dirán, me lancé.

Cada día, he recibido un email de Victoria con el tema que proponía para fotografiar (aunque podía ser libre). Yo quería seguir un hilo conductor, que siempre saliera yo en una de las habitaciones de mi casa que antes odiaba porque “no tenía luz” y ahora amo porque la forma en que entra la luz me flipa. Y no quería edulcorar, es decir, no he pensado en cambiarme de ropa o quitarme la goma del pelo de la muñeca para que la foto quede más bonita, he trabajado con lo que tenía en el momento en el que me ponía a hacer la foto. 

Y aquí tenéis el resultado. Os pongo foto, tema en mayúsculas y luego el comentario que iba añadiendo a cada fotografía en Instagram. 

DÍA 1. YO. ⁠

Yo, Marta. ⁠ ⁠

Yo, 36 años. ⁠ ⁠

Yo, que cuanto más me conozco, más sé que me queda por conocerme. ⁠ ⁠

Yo, cierro los ojos y me dejo llevar. ⁠ ⁠

Yo, siento con el alma. ⁠ ⁠

Yo, vibro con el corazón. ⁠ ⁠

Yo, aquí y ahora, escribo y fotografío por mí y para mí. ⁠ ⁠ ⁠

DÍA 2. HOGAR. ⁠

Hogar son muchas cosas. Pero lo que me vino a la mente al leer el tema fue mi desayuno de prácticamente todos los días que me encuentro en algún lugar al que puedo llamar hogar. Copos de avena, cúrcuma, canela, coco rallado y avellanas remojados en bebida de avena. Lo dejo toda una noche en la nevera, lo saco al levantarme por las mañanas y lo dejo que tome temperatura ambiente. Justo antes de tomarlo le añado unos nibs de cacao y entonces empieza mi momento del día: lo disfruto cucharada a cucharada, la suavidad de los copos con el crujir de los nibs de cacao y las avellanas, distintas texturas, distintos sabores, todo bien mezclado. A ser posible sin interrupciones, en silencio o escuchando a alguien que me inspire y me haga conectar conmigo misma. ⁠

Hogar dulce hogar. ⁠

DÍA 3. GRIS. ⁠
Ni blanco ni negro, gris: mi ombligo, mi barriga. ⁠
El ombligo que se me quedó así después del embarazo de Ana, ¿blanco antes y negro ahora? No, porque antes Ana no existía, y ahora sí existe. Y mi ombligo me recuerda que tenerla dentro fue maravilloso, así que gris, ombligo gris. ⁠
Mi barriga que a veces amo y a veces me gustaría que fuera distinta. Gris, barriga gris. ⁠

DÍA 4. SUEÑO.
Hace poco una mamá puérpera me hablaba sobre lo poco que dormía su bebé y, por consiguiente, ella. Y yo pensaba en que he tenido mucha suerte, sobre todo porque tengo el superpoder de dormirme dando teta y casi en cualquier sitio. Porque realmente lo peor para mí de la maternidad es el no dormir cuando lo necesito. Y ahí es donde viene el doble juego que he interpretado con el tema de hoy: por un lado están los minutos y la de veces que mis hijas me interrumpen el sueño, pero por otro lado está el móvil.
Anoche me quedé hasta la 1 para subir las tres fotos que tenía pendientes de este reto y, ya que estaba en el ordenador, haciendo alguna cosilla más. Y luego me metí en la cama y todavía estuve un ratito con el móvil. «Solo un ratito». Y cuando me voy a dar cuenta, igual llevo más de media hora pasando el rato, sin hacer nada de verdadero interés. Y claro, luego me falta tiempo de sueño. Entonces no son ellas las que me quitan el sueño, sino yo misma en un autoengaño por pensar que estoy en tiempo de autocuidado. Y no, con el móvil no siempre estoy autocuidándome, sino todo lo contrario. . .

DÍA 5. DEGUSTACIÓN
Hoy me lo he pasado genial haciéndome las fotos. Primero tenía una idea que no terminaba de funcionar, así que he terminado por abrir un paquete de nueces, buscar una entera e incluirla en la foto, porque lo mío con los frutos secos es degustación y amor puro. He pensado en coger una avellana, porque son mi fruto seco favorito, pero sabía que la textura de la nuez iba a quedar genial en la foto.
Y, lo creas o no, mientras escribo este texto, estoy comiendo nueces, que esta tarde haciendo la foto no me la comí porque ya me había lavado los dientes. . .

DÍA 6. SUCIEDAD
De toda la suciedad que hay que limpiar de mi casa, lo que más me gusta es poner lavadoras, tender, destender y doblar ropa.
Todo tiene su orden: primero buscar por casa si queda algo por lavar, hacer montones para lavadora de color o lavadora de blancos, tender las cosas de cada uno de nosotros cuatro en una parte del tendedero para que luego sea más fácil recogerlas. Al destender vuelvo a organizar por cada uno de nosotros y por tipo de prenda de ropa. Sé que para otras personas puede ser una tarea totalmente odiosa, pero para mí es puro placer. Y termino doblando mi ropa y la de mis niñas.
Es una tarea que me conecta conmigo misma y que disfruto. Incluso se me ocurren muchas buenas ideas mientras estoy tendiendo y doblando ropa. ¿Quién de aquí me ha leído horrorizada? 😁

DÍA 7. MOVIMIENTO
Movimiento para seguir andando.
Para eliminar mente, historias y ruido.
Para bajar la energía.
Para poder bailar y sacar, sentir, disfrutar y amar.
A todo mi cuerpo gracias por permitirme fluir con todo lo que me mueve, sea físico o emocional, por avisar cuando me bloqueo y por liberarse cuando avanzo. . .

DÍA 8. CABEZAS
Pretendía hacer este reto sola, quería regalármelo a mí, como un curso de autoconocimiento explorado a través de la fotografía donde pudiera retarme a mí misma con cada tema y sin edulcorarme, sacando y mostrando lo que llevo dentro. Pero Ana se puso mala el sábado y apenas nos hemos separado desde entonces (publico esto el jueves, pero lo escribí el lunes). Me molestan los pezones de tenerla tanto tiempo enganchada a las tetas y me duele la espalda de dormir con ella en la teta o con ella encima de mí. Y nuestras cabezas están bien juntas en la mayoría de desplazamientos por casa.
La foto tiene el foco en un sitio distinto al que yo pretendía, pero así hago más honor al objetivo de este reto, porque hay días que son así, fuera de foco, borrosos…

DÍA 9. RELAX
Relax es estar en casa. Quitarme las lentillas y ponerme las gafas. Disfrutar de un libro o de decorar una casa en Design Home. Sin interrupciones. Puede ser tumbada entre Emma y Ana cuando ya se han quedado dormidas o en algún momento del día cuando juegan juntas y compenetradas.
Relax también puede ser otras muchas cosas, pero últimamente los libros me enganchan.

DÍA 10. TRABAJO

Cual cebolla voy quitándome capas. La incomodidad no es desnudarme físicamente, sino emocionalmente. Soy una pura cebolla, descifro mi capa externa, mi patrón externo y me encuentro con una capa más profunda y otro patrón si cabe más doloroso que el anterior.

Abrazo cada emoción que viene, me abrazo a mí misma, me descubro y avanzo. Y no es fácil, pero sé que es parte de mi trabajo como persona y como profesional, pero lo disfruto y me gusta porque siento que con cada capa que me quito me voy librando de expectativas, de historias y me permito ser mucho más libre y escuchar más a mi corazón.

DÍA 11. MIRADA

Intento tener una mirada positiva, sacar el lado bueno de toda circunstancia (o quedarme con el «podría ser mucho peor»). Me gusta que mi mirada esté rodeada de esas arrugas, significa que río mucho. No sé si a veces doy la apariencia de ser más seria de lo que soy, pero lo cierto es que me encanta que me hagan reír. Y si es hasta que me duela la barriga sin poder detener las lágrimas, mejor.

DÍA 12. ALBOROTO
Cuando acabo de sentarme en el sofá, o acabo de ponerme a contestar un WhatsApp, o acabo de ponerme a doblar ropa (ya sabéis, disfrutando del proceso y queriendo terminarlo sin interrupciones, jaja), o acabo de sacar trípode y cámara porque me apetece llevar a cabo esa idea que tuve el otro día… Entonces llegan ellas y me alborotan, me hacen cambiar planes, necesitan un rato de juego y contacto conmigo. A veces con unas cuantas cosquillas, unos cuantos abrazos y unos cuantos besos se dan por satisfechas y continúan a lo suyo y yo a lo mío. Otras veces, las que más, el alboroto continúa con algún juego algo más pausado.

DÍA 13. AUTOCUIDADO

Bailar es mi autocuidado por excelencia, creo que ya os ha quedado claro si me seguís desde hace un tiempo. Hay días que me frustro por no seguir el ritmo de la clase y otros días que salgo muy orgullosa de lo que he avanzado y he conseguido. El miércoles pasado fue uno de los días buenos, me lo pasé genial en las dos clases y conseguí bailar las dos coreografías casi enteras. Eso sí, ayer tenía agujetas en las piernas y hoy tengo agujetas en espalda y brazos. Y eso que cuando salgo de las clases parece que no he hecho tanto!
Cuando algún paso en concreto no me sale, me descubro en casa en cualquier momento o situación haciéndolo una y otra vez, primero lento y luego más rápido a ver si consigo que me salga a la velocidad adecuada.

DÍA 14. CORAZÓN

Estoy bien recogidita tras una coraza. Dudo si asomarme o no. Seguir a mi corazón significa mostrarme, hablar, salir, sentirme vulnerable. Y aparece el miedo. Pero, ¿miedo a qué? ¿Miedo a la crítica, miedo a fallar, miedo a que algo no salga bien? ¿En serio? ¿Y qué si algo de esto pasa? Sabré ponerle solución, ¿no?

Y vuelvo a mirar la foto y me veo los pies, y pienso: jo, qué raros y feos se ven mis pies desde esta perspectiva. Total, que vuelvo a la lección número uno, a reparafrasear: mis pies, gracias por cumplir tan maravillosa función de sostenerme y ayudarme a avanzar. ¿Conseguiré algún día amarme sin más?

DÍA 15. JUEGO
Cada vez tengo el pelo más largo y, en situaciones donde me siento cómoda, a veces me pongo a jugar con mi pelo.
Me ha hecho gracia que saliera este tema y a mi me viniera a la mente este tipo de juego porque durante varios años después de ser madre, llevé el pelo corto. Y cuando veía algunos autorretratos de mujeres, me gustaba el juego que les daba el pelo. Ahora soy yo la que juega con su pelo en los autorretratos y me está gustando 😄
El fin de dejármelo largo ya no es estético, sino que pretendo donarlo cuando tenga los 35 cm necesarios (o 40 para cuando yo llegue, jeje).

DÍA 16. COMPAÑÍA
¿La mejor compañía? La mía.
Ya en 2006 cuando me fui con una beca Leonardo a Heidelberg, Alemania, aprendí que es necesario saber estar con una misma, que te hace salir de tu zona de confort y te permite conocerte mucho.
En mi caso, llegué a esa ciudad donde no conocía a nadie, donde en el piso en el que estaba no habían llegado mis compañeros y donde pasaban días en los que solo hablaba en mi trabajo. Cuando salía de la oficina me apetecía tener contacto con gente y un día me puse a observar a unos chicos jugar al volleyball a la orilla del río. Después de mucho debatirme conmigo misma, les pregunté si podía jugar con ellos. Y, desde entonces y hasta que me fui de Heidelberg, compartimos varios días de conversaciones y planes.

Aprender a estar conmigo misma me ayuda a estar más y mejor con los demás.

DÍA 17. SOMBRAS

Puedes no ver nunca tu sombra.

Puedes incluso no saber que existe.

Puedes quedarte atrapada en ella.

O puedes verla, sentirla, incomodarte, enfadarte y, al final, aceptarla.

Yo decidí hace tiempo que este último es mi camino. Porque entre tantas sombras y tanta incomodidad y tanto sentirme atrapada por algunos patrones y circunstancias, empiezo a ver la luz.

DÍA 18. DIGITAL

Las conversaciones, llamadas y audios por whatsapp

Encontrar información de manera inmediata

Acceder al significado de palabras con solo dos dedos

Hacer formación online

Aprovecharlo para exponer mis fotografías al mundo
Mi mundo digital al que estoy muy agradecida porque me facilita y, sobre todo, me alegra muchísimo mi vida.

DÍA 19. COLOR
Me descubro dándole color a mi vida. Ya no elijo el boli bic azul oscuro ni resalto lo que más me llama la atención con el boli bic rojo. Existen más colores, no solo los que usaba durante toda mi etapa de estudios. Y me apetece tener varios, para poder elegir.

Elijo ropa preferentemente de colores alegres: tonos amarillos y rojizos son mis favoritos.

Gracias a mis hijas me sumerjo de nuevo en el mundo de colorear y pintar, hasta creamos mandalas (o lo intentamos). A ellas les parece que el color marrón de su mesa es muy aburrido y han decidido decorarla.

Tras todos los colores, por muy mezclados que estén, siempre tengo un orden. Antes de pintar o escribir los coloco delante de mí, con las capuchas bien alineadas, uno al lado del otro. Puedo tenerlos desordenados, pero los disfruto más así todos juntos.

Y así, con mis colores y mi libreta, me conecto con mis Guardianas y mi viaje.

DÍA 20. PASEO
Sin ellos no sería posible.

Estando de pleno en mis días menos creativos del mes, no tengo más que aportar. ¡Buen viernes para todos! Y que os deis un buen paseo este finde 😃 yo voy a ver si me pierdo un rato entre melocotoneros en flor.

DÍA 21. REFLEJO
Nunca había intentado hacer este tipo de fotos con espejo. Ni siquiera sabía qué quería conseguir cuando me he puesto a disparar. Para más dificultad, Emma quería colaborar haciéndome las fotos, sujetando el espejo o haciéndose fotos ella misma. De todo lo que he disparado, me quedo con esta porque me dice algo, aunque aún no tengo claro qué. Y es muy posible que dentro de un tiempo, si sigo explorando en el mundo de los reflejos, me decida porque no es que no sepa qué me dice, sino que no me dice nada. En fin, que lo que ya os decía ayer, que quizás esto simplemente sea el reflejo de un día poco creativo.

DÍA 22. CUERPO
No sé si escribir para mí o escribir para mis vecinos, esos que se han mudado hace menos de un mes a la casa de enfrente y con los que apenas he cruzado tres palabras. Que no estoy desfilando por la habitación desnuda por mostrarme, ni mi pretensión es que me veáis, todo es culpa de la maravillosa luz que entra en esa habitación y de este reto de fotos. Y no, no puedo echar la cortina porque la luz dejaría de crear estos contornos con los que tanto estoy jugando en este reto de fotos. Así que bueno, si alguna vez me habéis visto, pensad que esto lo hago por amor a la fotografía y a mí misma, pero por nadie más.

DÍA 23. CREATIVIDAD
Ellas son las que manejan mi cámara, las que teclean en el ordenador y en el móvil, las que se abren y se cierran al compás de la música, las que hacen cosquillas, las que cocinan, las que sujetan el libro que leo, las que giran el volante y cambian las marchas, las que riegan las plantas y manejan la tierra, las que masajean mi cabeza mientras la lavan, las que colorean, las que escriben la lista de la compra, las que acarician.
Ellas, fuente de inagotable creatividad.

DÍA 24. BESO
El beso de buenas noches.
El beso de despedida.
El beso de todas las mañanas.
El beso que no di.
El primer beso en el portal.
El beso casto.
El beso fugaz.
El beso que rechacé.
El beso apasionado.
El beso interrumpido.
El beso en la mejilla.
El beso con lengua.
El beso que esquivé.
El beso equivocado.
El beso ansiado.
El beso en la frente.
Besos, como decía el canto del loco, eso es lo que quiero, besos.

DÍA 25. FAMILIA
Qué difícil me ha parecido encontrar algo con lo que representar este tema sin tirar de una foto de nosotros cuatro. Porque la familia es cambiante: hace 4 años mi familia estaba incompleta, hace 5 años yo esperaba que mi familia fuera otra, hace 7 aún éramos dos y una barriga creciendo, hace 8 aún no me había casado… Pero también hay más familia, claro, a la que pertenezco desde que nací. La que hablaba antes es la familia que yo he formado de adulta.
Y luego están los amigos que consideras familia. O amigos o conocidos que, por circunstancias y durante tiempo determinado (por ejemplo por vivir en el extranjero), se convierten en familia por unos días o semanas. ¿Y cómo represento yo todo esto que me vino a la cabeza al leer el tema? Al pasar junto a mi colección de álbumes de fotos lo tuve claro, porque gracias a mis fotos y los álbumes que voy haciendo, mi familia, sea cual sea en cada momento de mi vida, queda siempre plasmada en ellos.

DÍA 26. PEREZA
Cuando suena el despertador y me tengo que levantar.
Cuando me acabo de sentar a comer, me doy cuenta de que me falta un cuchillo y me tengo que volver a levantar.
Cuando creo que he terminado de recoger la cocina y veo que aún quedan dos platos encima de la mesa.
A veces, muy pocas, cuando me toca clase de baile.
Ir a echar gasolina al coche.
Pensar en el menú de la semana.
Y cocinar TODOS LOS SANTOS DÍAS. Pereza no, ¡perezón!
Salir de casa cuando Emma y Ana están en el cole.
Ponerme a trabajar a las 10 de la noche cuando Emma y Ana se acaban de dormir.
Levantarme del sofá a ayudar a resolver un conflicto justo cuando acababa de empezar a leer el libro.
Seleccionar las fotos para quedarme solo con las mejores.
Pasar las fotos del móvil al ordenador.
Empezar a leer la primera página de un libro.
Pensar algo más original o adecuado para el tema del día.

DÍA 27. VENTANA
Podría imaginar que, por esa ventana veo el mar. O una montaña nevada. O un bosque. O un prado bien verde donde poder tumbarme al sol. O una piscina con agua templada donde poder nadar. Muchas veces me imagino mucho más rodeada de verde y de naturaleza.
Seguro que pasará, que abriré la ventana e inmediatamente inhalaré ese aire puro y me empaparé de la belleza del paisaje, aunque solo sea desde la ventana del hotel de vacaciones. Porque en mi día a día y en mi circunstancia actual me encanta donde vivo.

DÍA 28. ILUSIÓN
Tenía ilusión por hacer otra foto, también de la espalda, pero en la que se resaltaran mucho las vértebras. No me satisfacía el resultado en cámara, así que busqué otras opciones y encontré esta.
A veces tenemos ilusión por algo y no sale como esperábamos. Esta vez me gusta también el resultado, pero seguiré buscando la foto que tengo en mente.

DÍA 29. EXTRAORDINARIO
Cada parte de nuestro cuerpo es extraordinaria y la mayor parte del tiempo no somos conscientes de ello.
Termino el reto con un sabor agridulce, ya que el catálogo donde estaba guardando todos los autorretratos se ha dañado y, aunque hago copias periódicas, sé que llevo entre una semana y 10 días sin hacerlo, así que he perdido algunas de las últimas selecciones y ediciones, por lo que tendré que volver a hacerlo. Menos mal que solo era este catálogo de autorretratos.
Por otro lado, me ha sorprendido llegar al último día del reto, lo he disfrutado más de lo que esperaba porque no me ha resultado difícil. Y estoy orgullosa por haber conseguido seguir el hilo conductor que quería

Hace más de 2 años escribí un artículo para ayudarte a hacerte tus propios autorretratos, puedes leerlo aquí.

Si prefieres seguir leyendo sobre cómo son mis sesiones de fotos, entonces ve aquí.

Y si no quieres depender de algoritmos ni redes sociales para mantenerte actualizada, puedes suscribirte aquí a mi blog.

¿Dónde puedo hacer una sesión de fotos en Murcia?

No es ningún secreto que me encanta rodearme de árboles y verde cuando voy a hacer una sesión de fotos. Quizás es porque tengo una madre asturiana y un padre cántabro, quizás es porque viví en Alemania más de dos años, quizás es simplemente porque yo me siento distinta, mejor y más conectada cuando estoy en la naturaleza, o quizás es por todo en conjunto. 

El caso es que quiero compartir contigo varios sitios de Murcia en los que he estado haciendo fotos por si algún día necesitas un escenario natural y no se te ocurre dónde.

Jardines del Malecón

Creo que todo murciano ha estado alguna vez paseando por estos jardines del Malecón (introduzco posición de google Maps por si me lee alguien de fuera). Y cuando en pleno verano a mediodía una chica que vivía cerca de ahí quiso hacerse una sesión de fotos tras una sesión de Bellypainting con Colorehadas, no dudamos en elegir este sitio.

Jardín de La Seda

Este jardín en el que encontramos varias zonas distintas: parques infantiles, zona de patinaje, sendero que rodea el parque para correr, cafetería y hasta un arroyo con patos; es un lugar con mucho encanto para realizar una sesión de fotos. Eso sí, si a los peques les atraen los toboganes, columpios y castillos, y no quieres que la sesión de fotos sea monotemática, quizás sea mejor elegir otro lugar 😉

Aquí tienes la ubicación del Jardín de la Seda.

Palmeral De Santiago y Zaraiche

Tal y como su nombre indica, el palmeral De Santiago y Zaraiche es un rincón que hay muy cerca de la rotonda de Los Cubos de Juan de Borbón lleno de palmeras, caminos entre ellas y bancos.

Contraparada de Alcantarilla

Está un poco retirada del centro de Murcia, se tardan unos 20 minutos en llegar, pero merece mucho la pena. En la Contraparada encontramos una presa colocada en el cauce del río Segura para frenar la velocidad con la que viene éste para poder aprovechar mejor sus aguas para el regadío. Lo que más me gustó de este sitio fue que es una zona amplia y plana, con mesas, bancos y muchísimos árboles para poder pasar el día de picnic y dando un paseo por los alrededores viendo el río y los trenes pasar. Y por supuesto que es una zona ideal para una sesión de fotos.

La descubrí gracias a una pareja que me llevó allí también después de haberse hecho un bellypainting con Colorehadas.

Cotocuadros

Ahora nos vamos a la zona norte de Murcia, también tardamos unos 20 minutos en llegar en coche, pero Cotocuadros es un entorno con muchas posibilidades. Es una zona de arbolado plana, con muchísimos caminos por donde perderse.

Campus de Espinardo

No voy a negar que es mi sitio favorito. Como he dicho al comienzo del artículo, al ser mi madre asturiana y mi padre cántabro, me he pasado muchos días de mi infancia y juventud caminando por los prados y rodeada de verde, por lo que aquí en Murcia lo echo bastante de menos. Pero en el campus de Espinardo hay una zona ¡con césped de verdad! donde además hay una puesta de sol preciosa entre árboles. Así que si me dais a elegir dónde quiero hacer una sesión de fotos, ten por seguro que te llevaré aquí. También un poco antes, al lado de la facultad de trabajo social, hay una zona de arbolado, con mesas y bancos donde resguardarte en caso de mucho sol y calor.

Los dibujos de las barrigas que aparecen pintadas son obra de Colorehadas.

¿Hay más sitios?

¡Claro que sí! A veces se necesitan solo dos o tres árboles debajo de casa para conseguir algunas fotos, todo depende del objetivo que tengas con la sesión de fotos y de a quién vayas a fotografiar. Y hay otros sitios como la zona del Valle, la Fuensanta, el jardín de la Fama, etc. que también dan mucho juego, pero o bien no he fotografiado allí o bien no tengo permiso de publicación de la gente a la que he fotografiado.

¿Sabes de algún sitio más? ¿Lo quieres compartir conmigo y cuando tenga varios más escribo otro artículo?

¡Que disfrutes de la fotografía!

Un abrazo,

Marta

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Por qué no uso atrezo ni poses en las sesiones de recién nacido

Si has visto el tipo de fotografía de recién nacido que hago, verás que no uso atrezo ni poses: solo están el bebé, su mamá, papá y hermanos si tiene. Aquí te cuento por qué prefiero enfocar estas sesiones de este modo. 

 

Los bebés son perfectos tal y como son

Despiertos o dormidos. Encima de mamá y papá, o en la cuna o cama. Sonriendo, serenos o llorando. Perfectos. Siempre. 

Es precioso ver cómo cada bebé se acurruca de una forma distinta, muy probablemente buscando la posición que les era más cómoda dentro de la barriga. Por eso intervengo lo menos posible, porque me gusta la belleza de lo simple y lo natural. 

Los bebés deben estar con su mamá y su papá el mayor tiempo posible

Un bebé recién nacido acaba de salir de la barriga de su mamá, donde ha estado 9 meses. Ha estado en tan estrecho contacto con ella, que no entiende la vida sin mamá (y papá, aunque con él tarde un poquito más en crearse el vínculo a veces), por eso me gusta capturar la conexión que hay entre ellos, ver cómo mamá y papá cogen y miran a su bebé, lo acarician, lo huelen y admiran la obra de arte que han creado entre los dos. 

Soy una extraña para el bebé

Desde que nació mi hija pequeña, no dejaba que la cogiera cualquiera, ella sabía que yo era su mamá y exigía estar conmigo. Por eso sé que los bebés extrañan, yo no he estado en la familia durante el embarazo, no soy una voz conocida ni un olor habitual. Así que toco al bebé en muy contadas ocasiones y siempre con mucha delicadeza y acompañada de uno de sus padres. 

También soy una extraña para la familia, por eso en hora y media aproximadamente he llegado, he hecho las fotos y me he ido. Lo único que quiero con mi presencia es honrar ese maravilloso, único y especial momento que es el de estar dando la bienvenida a un recién nacido, para que tengáis el recuerdo para toda la vida.

Cuando crezca, reconocerás a tu hijo en el bebé que fue

Yo trato de capturar el mayor número de expresiones que hacen los bebés durante la sesión de fotos. Porque son únicas y reflejan su personalidad. Y porque también sé, por experiencia propia, que cuando crecen todavía conservan algunas de esas mismas expresiones. Y es muy bonito reconocer en tu hijo mayor al bebé que fue.

Y por todos estos motivos sólo busco naturalidad y conexión sin ningún tipo de atrezo en las sesiones de recién nacido. Si te ha llegado lo que yo te cuento y quieres tener fotos cuando llegue tu bebé, ¡reserva tu sesión conmigo!

Aquí tienes toda la información sobre mis sesiones de recién nacido, tanto en casa como en el hospital.

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¿Cómo es una sesión de fotos conmigo?

En la imagen, barriga pintada por Colorehadas 

Igual llevas sin ponerte delante de una cámara profesional desde que te casaste. Y, si no te casaste, es posible que ¡toda la vida! O solo cuando eras pequeña y tienes un mal recuerdo de ello porque te pedían que no te movieras. 

Lo más normal será que estés insegura sobre si confiar en un fotógrafo para que os retrate como familia. Así que quiero contarte cómo es una sesión de fotos conmigo para que puedas terminar de confiar en mí y lanzarte a por tus fotos de familia. 

Soy una fotógrafa que busca conexión y emoción como parte de retratar un trocito de vuestra vida diaria y, para ello, solo tengo mi cámara y la luz natural que haya disponible en el momento, no uso flash ni ningún otro accesorio.

¿Qué pasa si estáis nerviosos?

Es completamente normal que te sientas /os sintáis nerviosos o raros delante de la cámara. Sin embargo, yo solo quiero fotografiaros mientras pasáis un tiempo en familia, por lo que os pediré que hagáis cosas que hacéis habitualmente en familia. 

¿Vais a tener que posar?

De algún modo, sí, pero seguro que se os da genial porque lo hacéis todos los días: estar de pie, estar sentados y estar tumbados. A partir de ahí, trabajaremos en la conexión: os pediré que os cojáis de la mano, que os abracéis, beséis o que os hagáis cosquillas.

También os pediré que caminéis juntos o saltéis, para ir alternando momentos más relajados con ratos de movimiento. 

Insistiré en que os miréis entre vosotros, que interactuéis. Porque mis sesiones van de capturar momentos reales que suceden en vuestra vida diaria. Solo alguna vez esporádica os pediré que miréis todos a cámara.

¿Qué pasa si los niños no colaboran?

A veces a los niños no les apetece soltarse de papá o mamá, o quieren correr todo el rato. Y todo estará bien, en el primer caso tendremos una sesión de fotos más íntima y relajada y, en el segundo, más movida; y en ambas habré captado la personalidad de vuestros hijos y la esencia de vuestra familia.

Espero que ya solo te quede una duda por resolver, que es ¿cuándo os pondréis delante de mi cámara? 🙂 ¡Reserva aquí tu sesión!

No voy a intentar convencerte de que te hagas fotos profesionales

Con todo el bombardeo de consumismo que tenemos actualmente, yo no quiero ser una más. No quiero añadir más ruido o más quehaceres a tu vida diaria. Y claro que me encantaría fotografiar a tu familia, pero no quiero que tomes la decisión desde la carencia de no tener fotos, sino desde el deseo de tenerlas.

Sólo tú puedes sentir si te apetece o no la experiencia

Las sesiones de fotos conmigo no van de posados, van de una experiencia: pasar tiempo en familia mientras yo os fotografío. Aún así, hay personas que no se sienten cómodas siendo fotografiadas, al fin y al cabo, cada fotografía toma un trozo de la intimidad de la familia. Y si tener una experiencia así no te apetece, será mejor que busques otra en la que sí vayáis a disfrutar en familia.

No soy la dueña de tu dinero ni de tu tiempo

Las experiencias cuestan dinero y tiempo, dos cosas muy apreciadas por todos. Yo sé con quién y en qué quiero emplear mi dinero y mi tiempo (y sí, un reportaje profesional familiar al año es una de mis prioridades). Pero no sé en qué lo quieres invertir tú, ni quiero tener ese poder evidentemente. Todos tenemos prioridades y , en base a ellas, elegimos en qué emplear nuestro dinero y tiempo. Así que si tener fotos de familia profesionales no es tu prioridad, yo no voy a intentar convencerte de lo contrario.

¿Valoras las fotografías profesionales?

Si no aprecias la diferencia entre una foto hecha por alguien que sepa darle al botón de la cámara y una foto hecha por un fotógrafo profesional, definitivamente esta experiencia no es para ti.

Si no sientes nada al ver mis fotografías, no soy tu fotógrafa ideal

Yo no fotografío por postureo, ni para que presumas de familia bonita en redes sociales, fotografío para ti, para tus hijos, para tu familia, para vuestros recuerdos. Fotografío desde el corazón, desde lo que me mueve y me emociona. Y como no a todos nos mueve lo mismo, si mis fotografías no te emocionan, te animo a que elijas invertir tu tiempo en seguir a otros fotógrafos u otros blogs que te lleguen al alma, en lugar de seguirme a mí.

Pero... ¿y si sí?

Sin embargo, si sí te apetece la experiencia de una sesión de fotos familiar, invertir tu dinero y vuestro tiempo en ella es una prioridad, valoras la calidad de un reportaje profesional y sientes algo al ver las fotografías que yo hago, entonces te dejo una frase que tengo colgada en mi pared: 

Don’t wait for the perfect moment, take the moment and make it perfect. 

(No esperes al momento perfecto, elige el momento y hazlo perfecto). 

Te espero aquí 😉

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